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AMELIA
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Un poco de fiesta nunca viene mal (Pasado ~ Libre)

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Mensaje por Sylvia Christel el Lun Sep 02, 2013 3:57 pm
Era de noche, pero no demasiado tarde. Había un clima perfecto, con un cielo totalmente despejado, y la ligera brisa de la noche apenas se notaba, ya que hacía suficiente fresco de por sí. Aquél sábado había una tremenda fiesta en cierta taberna, que yo no conocía ni me interesaba conocer, pero que al parecer celebraba su aniversario número veinte, y se las habían apañado para conseguir gran cantidad de bebida y comida. Pero la comida era lo que menos se consumía, ya que la especialidad de la casa era el Vino tostado de Miles, que contentaba con su dulce aroma a todo el mundo.

Al parecer, no solo destacaba la bebida. Pues sin que nadie se diese cuenta, un grupo de maleantes se habían infiltrado en aquella fiesta, a la que casi todo Loguetown estaba asistiendo. Comerciantes, más concretamente de plantas exóticas. Y para hacer propaganda, no se les ocurría mejor idea que ofrecer un poco de su nuevo producto a los más borrachos del lugar. Casi todos aceptaban consumir un poco de aquella joya, la Vid de león, bautizada así por no solo dar vigor y aumentar la resistencia al dolor, sino por también aumentar el apetito sexual enormemente.

¿Deberían pararles, no? Bueno, eso es lo que pasaría si el dueño se diese cuenta. Pero la verdad es que el jefazo del local estaba haciendo un buenísimo negocio con esta colorida distribución. Habían llamado también a algunas prostitutas, que estaban en una parte de la planta calle, un poco al margen de la fiesta, que ofrecían sus mejores servicios. Y claro, los borrachos que habían fumado de la nueva planta, tenían unas ganas tremendas de necesitarlos. Así que el tabernero no paraba de ganar dinero, de una forma u otra, atrayendo clientes.

No, yo no me había dado cuenta de todo lo que estaba sucediendo. Más que otra cosa, porque estaba fuera, disfrutando de una ronda gratis de aquél vino. Su alcohol subía muy rápido, pero su fragancia te hacía sentir como si estuvieses  tomando un refresco para críos. Yo no era una chica de fiestas, al menos no grandes, aunque lo cierto es que el jolgorio de dentro me atraía bastante. ¿Pero que haría allí dentro yo sola? Nada, sería mejor que me quedase aquí. Al fin y al cabo, no se estaba tan mal.

- Eh, preciosa. ¿Qué haces aquí fuera? - un chico bastante joven, de mi edad, se me acercaba con las manos en los bolsillos. No parecía llevar nada, y se sentó a mi lado. - La fiesta es genial, y te la estás perdiendo. ¿Te ocurre algo? - parecía demasiado amable conmigo. Sus palabras me hacían sentir muchísimo mejor, pero sospechaba algo.

- No conozco a nadie de aquí, y entrar supondría aburrirme. Ya sabes, con todos esos borrachos... - una risa clara del muchacho me fue parando las palabras que querían salir, mirándome con una gran sonrisa.

- Vamos, una chica tan guapa como tú no puede estar fuera de un evento como este. Mira, tengo algo que te animará. - dijo, pasándome un brazo por los hombros mientras se acercaba más a mí. Me sonroje, mientras rebuscaba en el bolsillo con su otra mano. - Si tomas un poco de esto, ni te enterarás del ambiente que te fastidia. Y seguramente en cuanto te quedes un poco la gente empezará a hablar contigo, ¿va? - el chaval estaba ya encendiendo aquél papel, que yo desconocía qué envolvía.

- E-espera... ¿qué lleva dentro? ¿Y quién eres? - el chico se detuvo, con otra risilla que me revolvía en lo más profundo de mí.

- Nada malo, te lo aseguro. Vid de león, no daña los pulmones y te hace sentir muy bien - seguramente estuviese mintiendo sobre el primer dato, únicamente para conseguir más confianza. Yo estaba a punto de huir, y él debió de notarlo. - ¿Y, qué quién soy? Ni yo mismo lo sé, pero para ti puedo ser muchas cosas - me sonrió pícaramente mientras terminaba de acercarse a mi, para besarme. Fue algo que no me esperaba pero de lo que no me resistí demasiado. - Para que veas que no hace nada malo. - le dio una profunda calada, y cuando terminó me sonrió de nuevo, dándome un lametón en el cuello. - Vamos, pruébalo. - me lo hizo agarrar, me sentía como su marioneta.

¿Qué puede salir mal? Él no se ha muerto ni nada, así que allá vamos. Aspiré como pude de aquél grueso papel, tosiendo un poco porque lo había hecho mal. - Es normal, es tu primera vez. Prueba de nuevo. - él todavía me agarraba y estaba empezando a hacerme cosquillas en el costado, juguetón. Le obedecí, consiguiendo un poco más de profundidad en el segundo intento, expulsando poco después el humo. - Bien, bien, ¿te sientes mejor? - me lamió de nuevo, esta vez en los labios, por lo que pude notar una vez más el sabor de aquella sustancia. - Termínatelo si quieres, yo tengo cosas que hacer dentro. - se levantó, pero antes de irse, se agachó de nuevo y me dijo, muy cerca del oído. - Por cierto, si te sigues aburriendo y quieres un poco de diversión, pregúntale al  jefe por mí, Castiel. - y se despidió de mi con un ligero mordisco en el lóbulo, que me hizo estremecerme.

Pues no era tan terrible como pensaba, es más, me apetecía otra calada. Se la di, sin poder evitar una pequeña risa recordando lo sucedido, y por el estado mental que el porro creaba en mí. Con un par más, que di sin remordimientos, me terminé aquél pequeño regalo de la naturaleza. Empezaba a tener demasiado frío. ¡Venga, vamos dentro! Así entrare en calor. Me levanté y entre en aquella posada, un poco extrañada de aquél impulso mío por buscar la actividad. ¿Pero qué importaba? ¡Una noche es una noche, joder, y aquella era única! Me pedí otra copa bien fría del afamado vino, y me senté en lo que me parecía el sitio más cómodo de toda la taberna.

Pero como siempre mi suerte se alzaba, y luego caía en picado. En este bajón, me desoriente por el local, acabando en la zona burdel, pensando que era parte de la celebración. No prestaba demasiada atención a las mujeres ligeras de ropa, ni al par de hombres que estaban con ellas. La verdad es que yo también iba bastante ligerita, por lo que podía dar el pego e incluso cobrar por ello. Y para colmo, la bebida me acaloraba, por lo que me retiré el pelo y ajuste la chaqueta para estar más fresca. Era cuestión de tiempo de que alguien me confundiese con una puta barata, ahí sentada y completamente indefensa, y en mi situación mental incluso aprobaría la noche más loca con el menos adecuado.

HEY, LISTEN!:
Tengo pensado que este post tome un camino +18, o como mínimo, algo provocativo/amoroso/ como le queráis decir, es una noche de furor (YEAH!) así que agradecería que el pj que conteste sea un hombre, y aún más que siga las intenciones del rol ya escritas. Muchas gracias <3




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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 1:51 pm
Las calles de Loguetown estaban plagadas de carteles informativos basados en una fiesta de las inmediaciones de la calle de las tabernas. Claramente, buscaban tener nuevos clientes que pagasen por copas y servicios de las señoritas de vida alegre, para llenarse el bolsillo de dinero que emplearían para fines de subsistencia en aquella isla. Qué mejor para publicitar el establecimiento que dos productos que alterarían el razonamiento de cualquier persona normal y corriente: vino y tabaco. El primero decían que era tan suave que hasta resultaba un manjar de los Dioses, mientras que el segundo generaba un impulso del apetito sexual. Además, tanta fascinación emotiva resultaba de lo más divertido para cualquier persona que quisiera pasar un buen rato en una noche de fiesta. Y cómo no, nuestro querido pirata tendría que hacer acto de presencia, pues ese tipo de actos no se escapaban de su comprensión. Como ya estaba en Loguetown desde hacía unos días, no tenía ningún inconveniente en acercarse al local, aunque debería de ir con cuidado, puesto que llevaba sobre su cabeza una bonita recompensa de 65.000.000 de berries… Aunque él lo desconociera.

Fue aquella misma noche cuando aconteció la fiesta, por lo que se preparó concienzudamente para ella. Pantalones oscuros, una camisa blanca con un chaleco negro por encima, cinturón grisáceo y botas oscuras. Para terminar, su preciosa gabardina del mismo color que la mayoría de sus prendas iba por encima, mientras que ataba su largo pelo en una gran coleta que caía por su espalda hasta casi el trasero. El colgante que lo catalogaba como un ex-noble de la familia Jones iba sujeto alrededor de su cuello, con aquella extraña moneda pirata zarandeándose con el movimiento. Tras agarrarla durante un instante, bajó su mano hasta la cadera, mientras que su figura se delineaba en lo alto de un edificio de la calle de las tabernas. El poco viento que hacía estaba moviendo sus pelos, bajo aquella luna que observaba a todos sus hijos terrestres como si de una madre se tratase. De un pequeño salto, el pirata aterrizó con elegancia en el suelo, irguiendo su espalda y continuando con una caminata que lo llevaría hasta la entrada de aquel establecimiento del cuál había visto publicidad anteriormente.

El ambiente era claramente motivador, puesto que había un sinfín de señoritas deseosas por quitarle la ropa y dejarle tal y como vino al mundo, además de camareros que servirían cualquier tipo de copa que pudieran imaginar. Al fin y al cabo, aquello era una cuna del placer, y eso era algo a lo que Killian no podía resistirse. Nada más poner un pie dentro de aquel lugar, una joven de pelo oscuro y labios rojizos se acercó contorneando su cuerpo como una bailarina, apoyando sus manos en sus hombros y dándose la vuelta para rozar su intimidad con su parte trasera.

- ¿Me invitas a una copa, guapo? No se ven chicos como tú por aquí, habrá que aprovecharte bien – Soltando una pequeña carcajada, un poco ruda para el gusto del pirata.

- Lo siento, pero hoy no es tu día de suerte – Comentó, apartándola de un empujón pélvico y metiendo sus manos en los bolsillos de su gabardina, obviando a la joven que se había acercado a él y continuando con su camino.

Puede que aquella acción y respuesta no gustase a la señorita, puesto que se marchó ofuscada y con cara de pocos amigos. Pero a él no le importaba, puesto que únicamente él era capaz de elegir a una persona con la que compartir su noche. Y aquella joven podía ser muy provocativa, pero no tenía la cualidad principal que el pelinegro buscaba en una chica. Por tanto, siguió caminando hasta llegar a una barra donde servían copas, para decirle al camarero mientras que apoyaba sus codos en la barra:

- Un whisky doble, sin hielo. Y rápido – Dijo, dando sus toquecitos con su dedo índice de la mano izquierda en la barra, de forma que expresase su impaciencia.

El camarero no tardó más de un minuto en preparárselo, y además le dio una especie de cigarro de extraño tabaco. Poniéndoselo en la boca, pidió al camarero un mechero con el que poder encenderlo, incendiando la mecha con facilidad. Pero tenía un sabor extraño, no era el tabaco normal y corriente que solía fumarse en pipas o cigarros… Este tenía un sabor muy especial.

Con cada calaba que daba, su pecho se movía con más rapidez, puesto que su ritmo cardíaco se volvía más inestable. Una tímida sonrisa hizo presencia en su expresión facial, aunque había sido inintencionada. ¿Sería aquello lo que catalogaban como Vid del León? Extraño y apasionante, para qué mentir. En aquel mismo instante, incluso se preguntaba los distintos componentes que pudiera llevar aquella cosa. ¿Ambrosía? Lo dudaba. Siguió y siguió pensando, paseando lentamente por la zona y regodeándose con las chicas que se acercaban a él. Los besos, lametones y caricias estaban a la orden del día, y parecía que todas estaban muy abiertas a cualquier posible relación que terminase en una cama. Pero él no aguantaba más de un minuto con cada una de ellas, ya que las veía materialistas y efímeras, como una estrella fugaz. Tenía que buscar a su presa, y no tardó mucho en encontrarla.

En la zona de las prostitutas, una joven de cabello de fuego llamó su atención. Rasgos delicados y afilados a la vez, que demostraban un salvaje interior que no le importaría investigar. Sus ojos eran como dos perlas marinas, e incluso notó cierto calor en su zona íntima al desnudarla mentalmente. Sí, ella era la elegida para aquella noche. Por tanto, empezó a andar y pasar de la marabunta de personas que había en la zona, para llegar a unos cuatro o cinco metros de la pelirroja. En cuanto sus ojos hicieron contacto, los unos con los otros, él le sonrió y le hizo una señal con la mano para que fuera hacia donde estaba él. A la vez, se mordió el labio inferior con los dientes, reprimiendo su instinto salvaje que había despertado recientemente. Se apoyó en una pared del local, y esperó con un brillo lascivo en sus ojos. ¿Se acercaría al depredador? ¿O tendría que insistir más para conseguirlo? Lo único que sabía en aquel instante, es que el efecto de la Vid del León había sido un perfecto éxito en su cuerpo.
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Mensaje por Sylvia Christel el Miér Sep 04, 2013 8:03 pm
Estaba terminando mi copa, cada vez más extrañada de los actos de las mujeres de mi alrededor. Todo el mundo parecía muy contento en ese rincón de la posada, y yo era incapaz de darme cuenta de dónde me había metido. Pero tanto amor ajeno en un sitio desconocido empezaba a incomodarme, y me hubiese marchado si mi vista no hubiese sido tan afortunada.

Aquél chico... ¿me estaba mirando? Iba algo colocada ya, pero se mostraba pícaro y encantador, allí en la lejana pared apoyado. Me llamaba, no solo su mano, sino todo él. Una mirada bastó para hacer temblar hasta el último palmo de mi ser. Lo normal para mí sería apartar la mirada, avergonzada sobre qué podría pensar al verme de aquella manera. Pero no podía. Sencillamente me había hechizado. Ignoraba si aquellas sustancias estaban contribuyendo a esta reacción, dejé mi copa en una mesilla cercana y me levanté, devolviéndole una tímida pero sincera sonrisa.

Cada paso que daba hacia él me permitía apreciar su figura mejor, pero a la vez me provocaba una enorme presión, estaba nerviosa. Nunca había sentido nada así por nadie, más bien no había querido sentirlo. Pero aquél muchacho, parecía tan perfecto, tan inalcanzable... Que necesitaba alcanzarlo. Era un instinto salvaje de superación, o quizás tan solo un gran deseo por estar con él. El caso es que no solía actuar así, y las voces de mi cabeza no paraban de preguntarle a mi cuerpo qué narices estaba haciendo.

Pero no tenía la claridad mental suficiente como para responderlas todas. Ya estaba enfrente del peli-negro, a una distancia de conversación. Pero no podía pararme ahí. Aún no había retirado la mirada de aquellos sensuales ojos sin color. Eran poco comunes, pero a la vez bonitos. Yo debía de tener la misma cara que un gato persiguiendo un brillo en la oscuridad. Y es que tampoco me diferenciaba mucho de un felino salvaje, al fin y al cabo, la fruta me había alterado hasta en lo más profundo. Era algo más alto que yo, pero reuní algo de valor entre todo aquél nerviosismo y obedecí a mi corazón.

Di el último paso, elevándome ligeramente en una especie de puntillas para darle un pequeño pico, y al bajar quedarme pegada a él. No sabía si podía, si debía... ¿Sería buena idea? Volví a mirarle. Imposible resistirse, me hundí más en él, apretándolo ligeramente con un abrazo por la cintura. Maldita planta, seguramente él me hubiese enamorado a primera vista de todas formas, pero aquél extraño cigarrillo adelantaba mis pensamientos a besarle profundamente, y a querer saber qué había debajo de su ropa.

Pero yo era demasiado tímida, al menos en estos temas. Siempre me había escondido y ocultado, pensando que un deseo traería también problemas. Jamás nadie me había interesado tanto en tan poco tiempo, pero era tan novata... No quería asustarle, quería congelar el tiempo para poder descubrir todo lo que me pudiese ofrecer, pero de momento tenía que confiar en que él tuviese el mismo deseo.




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Mensaje por Killian Jones el Jue Sep 05, 2013 2:50 pm
En la lejanía, los incoloros ojos del pirata se cruzaron con los orbes turquesa de la señorita. Durante un instante, el tiempo se paró a su alrededor, como si no existiera nada más que aquellos dos seres que se miraban mutuamente. La respiración del chico se hizo más entrecortada, mientras que seguía pensando en todas las cosas que podría hacerle a la pelirroja si esta aceptada lo que se proponía. Alzando un poco el mentón, observó con detenimiento cómo se levantaba para desplazarse hasta la pared donde estaba apoyado el pelinegro. Fue entonces cuando se subió las mangas de su camisa hasta la articulación de los codos, de forma que sus antebrazos fueran visibles para todo aquel que quisiera fijarse en sus músculos fibrosos. Además, desabrochó dos botones de su camisa, en la parte superior. Así, parte de sus pectorales quedaron a la vista de todo el mundo, mientras seguía relamiéndose con la forma de caminar de aquella dulce presa.

En cuanto estuvo a su lado, acercó su propio cuerpo y dejó que ambos labios se fundieran en un corto beso, el cual no le hubiera importado prolongar… Al menos por su parte. El sabor del interior de la boca de la joven le recordó a la Vid de León, por lo que cierta parte de sus pantalones comenzó a endurecerse aún más, entrando en aquel exótico y excitante estado que confería el tabaco fumado. Entonces, ambos se fundieron en un abrazo, en el que el joven pirata pudo sentir con su propio cuerpo las curvas de la señorita sobre él. Su corazón se aceleraba, y su mirada bajó para entablar un contacto visual con los de ella. Aquellos ojos incoloros se clavaron como los de una persona que busca un objetivo con todo su afán, para luego entrelazar sus manos por la cintura de ella.

Pensé que no ibas a venir, preciosa – Le comentó, mientras que subía su mano derecha acariciando la cintura, hasta posarla en su barbilla. La alzó, de forma que su cara quedase más cerca de la de él. Lentamente, comenzó a pasar su lengua finamente sobre las comisuras de los labios de la chica, hasta terminar bajando por la mandíbula hasta la parte superior del cuello. Aquello podía considerarse como el saludo por su parte, al igual que el beso que la chica había otorgado al joven Killian nada más estar a su lado. – ¿Cómo te llamas? Si me lo dices... Tal vez te revele mi nombre... – Añadió, mientras que subía la mano de su mentón hasta la zona del cuello que había lamido lentamente, mientras apretaba el cuerpo de la chica con la otra mano.

Hacer lo que había hecho podía considerarse como una represión de sus instintos animales, que le instaban a arrancarle toda la ropa que llevase y tomarla en el callejón oscuro más cercano, donde disfrutarían de un buen encuentro pasional. Pero como la galantería y seducción siempre habían sido sus puntos fuertes, no quería obtener su premio tan pronto, sino que quería probarlo para ver hasta dónde sería capaz de llegar. Para ello, comenzó a bajar la mano que tenía en su cadera hasta la parte más baja de su espalda, donde apretó lentamente y con suavidad. Tragó saliva y se acercó hasta que quedó su boca a unos centímetros del oído derecho de la chica, momento en el cual terminó por decir:

¿Te gustaría ir a un lugar más íntimo? – Mostrando una pícara y sensual sonrisa de medio lado, para luego acariciar la parte trasera de su oreja derecha con sensualidad, estableciendo circunferencias a la par que se contenía para no tomarla allí mismo.
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