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AMELIA
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Un dúo peligroso [Privado - Natsu]

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Mensaje por Killian Jones el Mar Sep 03, 2013 8:16 am
Surcando las olas de aquel vasto mar de agua azulada y salina, un bote no más grande que un velero de tamaño promedio viajaba bajo la guía del Sol, alzado en lo alto del cielo. Dicho transporte tenía un color cobrizo, tal vez un poco desaliñado, pero cumplía sus funciones de navegación a la perfección. No había tenido suficiente tiempo para labrarse un mejor plan de escape, y aquel bote con vela era lo mejor de lo que había podido disponer para ello.

Capitaneándolo, un joven de una altura considerada, vestido con ropajes tan oscuros como la noche, y un colgante de su familia en el cuello, oteaba el horizonte en busca de una nueva isla a la que llegar. ¿Quién iba a pensar que horas atrás se encontraría en una mansión de la nobleza? ¿Cómo habrán reaccionado los habitantes de Lvneel al saber que el joven hijo de la familia Jones asesinó a su padre biológico y se dio a la fuga? Eran preguntas a las cuáles no le importaba dar respuesta, puesto que una nueva etapa de su vida había comenzado. Libre, sin ataduras ni cadenas que le aferrasen a aquella vida que tan poco le gustaba. En sus pertenencias únicamente se podían contar el transporte marítimo, su colgante, la ropa que llevaba, y los pendientes, collar y anillos que siempre llevaba puestos, en recuerdo a lo que había sido en un pasado. Nunca estaba de más tener en cuenta que uno había sido uno de los altos personajes de una isla de North Blue. Pero ahora mismo, con las decisiones que había tomado, sería considerado como un criminal más: un pirata.

- Por fin, tierra a la vista - Dijo el joven pirata de pelo azabache, entrecerrando sus ojos para observar cómo en la lejanía, una vasta extensión de tierra se iba acercando cada vez más a ellos.

Fue entonces cuando izó la vela, de forma que el poco viento que les precedía pudiera chocar e impulsar contra la tela, dándoles más velocidad en aquella encrucijada del destino. Una sonrisa de satisfacción cruzaba su cara, sus dotes de navegación no estaban tan oxidadas en la vida real como él pensaba que estarían, ya que nunca las había puesto en práctica. Ciertamente, no era lo mismo el estudio que la realización, y muchas veces ambos conceptos discernían el uno del otro. Sin más preámbulos, el joven Killian mantenía su afán por las aventuras, y ya estaba deseando que el bote desembarcase en tierra para poder explorar aquella nueva isla que se alzaba imponente ante sus ojos. Orbes incoloros, una exquisitez de la que muy pocos podían disponer, y de la que él se sorprendía muy poco.

Quince minutos más tarde, aproximadamente, la expresión satisfactoria del joven tornó en una asqueada. Una gran bandera se izaba en lo alto de una de las torretas principales de la muralla de la isla. Una bandera que ya conocía muy bien, y que era considerada en todo el ancho mundo como los promovedores de la Paz y Justicia mundial: la Marina. Soldados cuyo objetivo era mantener el orden en las islas, bien fuera peleando contra los piratas y los revolucionarios, o bien implantando medidas de seguridad por cada esquina. Pero eso no frenaría a nuestro protagonista de alcanzar su objetivo. Iría hasta esa isla, y saldría con una recompensa por la cabeza. Al fin y al cabo, era una oportunidad que se le había presentado por azares del destino. Si no la aprovechaba y salía bien, podría darse con un canto en los dientes.

- Bien, vamos allá - Dijo el pirata pelinegro, a la vez que el extremo de su bote de transporte marítimo entrechocaba con la orilla de la playa de desembarque.

No tardó ni dos segundos en encallarlo para que no regresase a la mar, y fue en ese momento cuando se dio la vuelta y comenzó su viaje hacia el interior del Cuartel de la Marina, mientras que sus pisadas en la arena eran borradas por el agua del mar que cubría la orilla con el paso del tiempo. Así era el agua, rebelde y caprichosa.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Mar Sep 03, 2013 8:43 am
Era un día como cualquier otro, vestía un chaleco negro sin camisa debajo, un faldón negro y debajo un pantalón corto de color blanco que llega hasta las rodillas, su bufanda y unas sandalias negras. También llevaba una chupa de cuero, la cual estaba abierta también. Estaba junto a Night y Fenrir, mis lobos de color blanco, de los cuales nunca me separaba en Loguetown, no era que me gustará demasiado, pues en ella había un cuartel de la marina, y ahora siendo como era, me podrían capturar y ejecutarme, quizás.

El ambiente estaba demasiado calmado, eso quería decir que iba a pasar algo malo, quisiera o no quisiera y además, el cielo se estaba empezando a nublar, como si estuviese a punto de llover. -¿Que hacemos Night, Fenrir?- Les pregunté a mis lobos, aunque sabía que no me iban a contestar, así que seguí caminando por la orilla de la playa algo despistado mientras observaba el horizonte, ya que no tenía nada que hacer y aun ningún marine se dio cuenta de mi presencia.

Cansado de tanto andar, me senté en la orilla mientras Night y Fenrir se restregaban sus caras contra mis mejillas y yo les acariciaba con una pequeña sonrisa que me tapaba la bufanda. -Tendríamos que pensar la manera de sacaros de aquí, puesto que yo puedo salir en una barca, pero vosotros no...- Dije mientras se me ocurrió, la idea de robar un bote de la Armada sin que me pillasen para salir de aquí con Night y Fenrir, pero el problema era como ir y robarlo, además de que siempre me perdía.

-Vamos Night, Fenrir, nos marcharemos de aquí.- Dije mientras me levantaba y seguía caminando por la orilla, el cielo seguía nublado y el ambiente estaba igual de calmado, pero estaba tan despistado, que no me fije de que delante venía un chico y me choqué contra él, cayéndome al suelo, cuando me levanté observé bien al joven, era de una altura considerada, vestía con ropajes tan oscuros como la noche, tenía el pelo negro y no parecía ser de la marina. -Perdón, estaba distraído.- Dije observándole serio sin cambiar mi expresión en la cara.
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Mensaje por Killian Jones el Mar Sep 03, 2013 8:50 am
El viaje por aquella senda no había hecho nada más que comenzar. No hacía demasiado calor, el clima se estaba portando muy bien aquel día. Sin embargo, parecía una isla primaveral, se estaba bastante a gusto en ella. El joven pirata había escuchado de islas de todo tipo de tiempos, las cuáles solían aparecer en el Grand Line, más allá de la frontera de los cuatro mares cardinales. Allí, podía haber lugares tan calientes como un volcán, al igual que otros tan fríos como las más profundas catacumbas de hielo. Uno de los tantos sueños que mantenía vivos en su amueblada cabeza era el de visitar todas y cada una de las islas del mundo. Como navegante, aquello estaba muy relacionado con su profesión, y siempre le llamaría la atención. Dibujar un mapa con tinta sobre un papel nuevo, leer manuscritos de historietas sobre bitácoras de navegación, las descripciones de los libros sobre las diferentes corrientes acuáticas ... Era un mundo en el que le encantaba vivir, un mundo hecho para él. Y ahora mismo, estaba dando el primer paso de su sueño: visitar una isla ajena a la que nació. Cuando saliera de dicho lugar, si no era apresado por la Marina, podría hacer un mapa de la trayectoria que llevaba, y apoyarse en los viejos mapas que llevaba en los bolsillos interiores de su gabardina para trazar el siguiente viaje. Si tenía las herramientas necesarias para ello, no tendría ningún problema en viajar por las aguas de aquel Blue en el que se situaba, que si mal no recordaba, era el East Blue. Todavía no había dejado aquella parte del mundo, pero lo haría. Con el tiempo necesario, lo haría.

Mientras dejaba de pensar en aquellas cosas que nublaban la cabeza, retomaba el control de su psicología para caminar por aquella orilla, encaminándose hacia la muralla principal que separaba el interior de la base de la Marina con el exterior. La piedra caliza de la que estaba formada se erigía en unos cuantos pies de altura, lo suficiente como para impedir que llegase hacia la parte de arriba de un simple salto. Una construcción muy bien elaborada, sin grietas ni fisuras en los recovecos entre ladrillos, que imposibilitaba a su vez el poder escalar a través de ella. Una reflexión que llevó a cabo el joven de pelo negro terminó por darle la única forma de entrada a aquel lugar:

- No quieren que se les cuele gente adentro, lo han hecho bien - Comentó de brazos cruzados, observando con sus incoloros iris la extensión de aquel lugar, buscando algo con lo que orientarse para llegar a la puerta de entrada. Era una ciudad bastante grande, pero lo que a él le interesaba en verdad era colarse dentro de aquel cuartel.

Si querían que fuera directo y consecuente, lo haría. No le importaba para nada mostrar su rostro en los momentos en que el silencio y sigilo eran mucho más prometedores que una entrada a lo bestia. Sin embargo, cuando fue a darse la vuelta para proseguir con su camino, sintió un golpe en el hombro izquierdo. Un contacto humano, que le había hecho retroceder. Anteponiendo una de sus piernas más atrás que de costumbre, evitó caer hacia el suelo arenoso. Devolviendo su mirada al frente, observó a un joven anonadado, acompañado por dos felinos en presencia. ¿Sería un domador? Disculpándose, el joven le dio a entender que no se había dado cuenta de él, y que habían chocado por confusión. Una tímida sonrisa nació en los labios de Killian, que le contestó de manera afable:

- Tranquilo, yo tampoco te he visto venir. No tienes aspecto de marine, ¿qué haces aquí? - Preguntó el chico de pelo oscuro, fijándose en que la persona con la que hablaba no iba uniformado como los demás personajes de la isla.

Tal vez fuera un joven que hubiera naufragado a aquel lugar, o simplemente había venido de viaje para disfrutar de la Justicia de la Marina. Pero el destino siempre es caprichoso, y tal vez aquel personaje pudiera ayudarle a cumplir el objetivo que tenía en mente: entrar al Cuartel. Rápidamente, agitó la cabeza y tendió su mano derecha en un fuerte apretón de hombres, mientras que decía con una voz confiada y convincente:

- Dónde están mis modales ... Soy Killian Jones, encantado de conocerte. ¿Tu nombre es? - Haciendo una pausa para tomar el aire y dejar que contestase, para luego añadir con una sonrisa. - ¿Me ayudarías a entrar ahí dentro? Pero sin hacer ruido, no quiero que nadie sepa que me he colado - Sonriendo todavía más, mostrando aquellos colmillos blanquecinos que combinaban con el color de sus ojos.

Si aquel chico y sus felino le ayudaban a entrar en el interior, su aventura sería mucho más fácil de lo normal. Solo tendría que conseguir una vestimenta apropiada y cambiarse de ropa, para pasar desapercibido. Pero antes de todo, no hay que vender la piel de jabalí sin cazarle anteriormente. El chico tenía que decidir: abrazar las manos de la Piratería, o continuar tranquilamente con su camino.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Mar Sep 03, 2013 8:53 am
Me quede sorprendido, en tan punto me estrechó las manos, mi expresión era la de alguien sorprendido, algo bien natural, puesto que no me esperaba que hiciera algo como eso. -Yo me llamo Natsu Sakagami, y mis compañeros se llaman Night y Fenrir.- Me presenté a mi y a mis lobos mientras observaba a Killian y al escuchar lo que me pidió, no pude evitar una pequeña sonrisa en mi rostro. -Te ayudaré... pero, con una condición.- Le dije mientras seguía sonriendo, cosa que no se dejaba ver por mi bufanda. -Soy un pirata, bueno, o eso dicen, aunque me veo mas como un revolucionario, mi condición para ayudarte, es la siguiente, pelea conmigo, si me ganas, te ayudo, si te gano, no solo te ayudo, tendrás que hacer lo que te pida, sea lo que sea.- Dije sin dejar de sonreír.

Hiciera lo que hiciera, le iba a ayudar igualmente, pero si podía usarlo para mis planes, ¿porque no intentarlo? El problema iba a ser como entrar sin que nos vieran, bueno, daba igual, además, tenía que explicarle claramente al chico el porque quería entrar yo también allí dentro. -Yo también necesito entrar para robar algún bote y salir de aquí con Night y Fenrir, ah, y también porque quiero fastidiar un poco al gobierno, así que básicamente, da igual si ganas o pierdes, pero prefiero que vayas serio desde el principio.- Dije mientras sacaba mi látigo y ya empezaba a prepararme junto a mis dos lobos.

-Bien, cuando tu quieras... empezamos...- Estaba ansioso por pelear, quería ver de lo que estaba hecho ese chico, y nadie me iba a quitar la oportunidad de conocer bien a alguien al cual podría usar para mis planes.
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Mensaje por Killian Jones el Mar Sep 03, 2013 9:35 am
Respondiendo al fuerte apretón de manos, el chico se presentó como Natsu, argumentando que sus acompañantes felinos recibían el nombre de Night y Fenrir. El joven pirata de pelos negros hizo una afirmación de cabeza para saludar a dicho animal, mas no dio ni un paso para acariciarle ni nada por el estilo. Simplemente, él y los animales no se llevaban muy bien, todo había que aclararlo. Ni ellos le soportaban, ni él podía soportar a ellos a veces. Pero bueno, eso era algo con lo que estaba viviendo desde que era pequeño. El mundo animal no era algo que le entusiasmase, pero si a Natsu le gustaba aquello, él no era quién para echárselo en cara.

Volviendo al tema inicial, el chico aceptó ayudar a Killian, mas con una propuesta que hizo que se le erizasen los cabellos del cuerpo directamente. Una pelea a capa y espada. Pero, ¿él estaba seguro de lo que pretendía hacer? No es que Killian fuera un ególatra, pero tenía bastante claro que era un luchador sobresaliente. Y tal vez, aquel chico no lo supiera hasta que fuera el momento exacto. Pero el chico domador de fieras no paraba de hablar, y no le dejaba responder a tal idea. Le explicó que quería entrar a aquel lugar para robar un bote y salir de ahí, y que se preparase rápidamente para comenzar. Vio cómo sacó un látigo de su funda y se posicionaba de una forma de combate un tanto peculiar, al igual que las fauces de sus animales salían a la luz. Mientras tanto, el pelinegro alzó su mano derecha para detener aquello, diciendo con una voz firme que daría a entender que eso no era tan fácil como le parecía al muchacho:

- Contrapropuesta: ayúdame a entrar al interior, hagamos lo que cada uno tengamos que hacer, y luego me lo pensaré - Haciendo una pausa, observándole, mientras que sus ojos incolores se clavaban en él.

Tenía los músculos tonificados, que podían notarse a través de sus vestimentas. Por viajar de aquella forma y acompañado de unos felinos de tales proporciones, tenía que ser una persona con grandes dotes para la supervivencia. Amaestrar a un animal de tales características solo podía haber sido fruto de un potencial increíble, y eso sin contar con la furia que desplegaba su posición inicial de combate. El joven de pelaje y ropas oscuras no dijo nada, ni siquiera adoptó una posición de batalla, simplemente siguió con la mano levantada y analizando cada mínima parte de aquel chico que tanto entusiasmo había puesto en la situación que se les presentaba a ambos. Tras un rato de meditación, habló:

- No creo que pelear sea lo mejor para nosotros ahora mismo. Ten en cuenta que ahí dentro habrá personas que quieran vernos encadenados, y tendremos que emplear nuestra energía en ello. No sé tú, pero prefiero ahorrarme la pasión para cuando las cosas se hayan calmado por nuestra parte, ¿qué te parece? - Hablando alto y claro, no quería desperdiciar energía por si en un futuro la necesitarían para sobrevivir.

Además, si ambos salían bien parados de la aventura en la que querían adentrarse, ya habría tiempo para debatir todos aquellos pros y contras sobre la pelea que había planteado el chico llamado Natsu. Pero por el instante, un "no" a tiempo era la mejor respuesta que podía dar el señor Jones, que bajó la mano y comenzó a andar cerca de la muralla, buscando la entrada al interior del Cuartel de la Marina.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Mar Sep 03, 2013 1:59 pm
No entendía nada, el chico no quería pelear, prefería esperar a que salieran de aquí, así que bueno, al sentir lo que dijo, que lo hablaríamos luego, decidí ayudarle igualmente. -Déjamelo a mi si quieres entrar sin hacer ruido...- Dije mientras daba un silbido, haciendo que mis mascotas Fenrir y Night se agrupasen uno encima del otro, como si de una pequeña torre se tratara. El muro estaba alto, pero usándoles a ellos como apoyo, podría alcanzar la cornisa y subir. Una vez que se colocaron, salté encima de los animales y me impulsé en el lomo del superior, dando un salto más y aferrándome con los dedos a la cornisa. En cuanto trepé, adopté una posición sentada, alargando una mano hacia Killian para que se agarrase y pudiera entrar al interior del Cuartel. Finalizado dicho acto, me descolgué al interior, suspirando por el esfuerzo de tener que ayudar a mis compinches.

-Ya estamos dentro... ¿ahora donde vamos?- Dije mientras volvía a mi aspecto normal. No me fije en las instalaciones, simplemente, buscaba donde demonios estaba el puerto y o una de dos, o los marines estaban comiendo, o estaban de vacaciones o no estaban allí directamente, puesto que no había nadie por el momento. Los pasillos eran blancos y anchos, no parecía haber nada raro, lo único que después del sonido de los cristales rotos, nadie vino a ver que pasaba. -A ver si encontramos ya ese bote y por cierto... ¿porque querías entrar?- Le pregunté curioso.

-Si no quieres decírmelo, no tienes porque decirme... solo tengo curiosidad, nada mas.- Dije serio mientras seguía andando, pero volvimos a llegar a la zona de los cristales rotos, debido a mi pésimo sentido de la orientación. -Mejor que guíes tu y no yo...- Dije aun serio, aunque una persona normal hubiera estado avergonzada.
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Mensaje por Killian Jones el Mar Sep 03, 2013 2:20 pm
Aceptando de buen grado la negativa del pelinegro, Natsu cambió de tema para entrar de una vez por todas al Cuartel de la Marina. Ayudándose de sus dos mascotas, consiguió impulsarse lo suficiente como para alcanzar la cornisa del muro, donde quedó sentado y alargando una mano para ayudar a los demás. Con un poco de reticencia, Killian tomó a sus dos mascotas y las lanzó hacia arriba, de forma que pudiera cogerlos y pasarlos al otro lado. Tras ello, dio un salto y se aferró al antebrazo de Natsu, subiendo poco a poco gracias al apoyo físico de este chico anteriormente mencionado. Una vez que estuvo en lo alto, se dejó caer con una voltereta bastante sutil y bella, terminando con una pierna apoyada en el suelo, al igual que una mano. Levantándose, quitó un poco de polvo de sus ropajes, irguiendo la espalda y esperando una fogosa bienvenida del interior del Cuartel. El chico de pelos negros se levantaba y miraba con sus ojos incoloros a izquierda y derecha, cerciorándose de que no había nadie a su alrededor. Tal vez sus inquilinos se encontrasen en una hora de descanso, o simplemente aquel lugar estaba abandonado, lo cual sería bastante ilógico y difícil. Abriendo la boca y gesticulando para hablar, Killian le dijo a su ahora compañero de travesuras.

- Me sorprende más que no haya nadie por aquí, a que emplees a tus animales como camas elásticas para saltar más alto - Comentó con una serenidad que podría causar miedo.

Pero volviendo al tema principal, el equipo de cuatro integrantes se encontraba en un patio solitario. Killian recorrió el escenario hasta entrar en una caseta, cuyo interior era de una habitación de paredes blanquecinas, con un suelo de adoquines de color madera y todo perfectamente amueblado. Su mano derecha tensó con fuerza, por si había que emplearla con algún fin ofensivo. Tras titubear un poco, Natsu preguntó el porqué de la llegada a aquella isla de Killian, y también qué era lo que buscaba con tanto interés en su interior. Pasaron unos segundos hasta que el chico respondió, ya que había estado asegurando los ventanales de aquel lugar en el que se encontraban tapándolas con las cortinas y atrincherando la puerta con una mesa para que nadie pudiera entrar. Dándose la vuelta, dirigió su vista hacia la del chico, para empezar a relatar sus objetivos:

- Soy un navegante, y estoy seguro de que aquí dentro hay millones de mapas que pueda utilizar mejor que ellos para orientarme por las islas de este Blue. Cuanta más información pueda tener, mejor - Haciendo una pausa para tomar un respiro y proseguir. - Además, causar un pequeño revuelo en estos comienzos de mi vida pirata podría suponer que pusieran un precio por mi cabeza, cosa que no me desagrada. Si a eso le añadimos que pueda conseguir un transporte marítimo mejor que el que ya tengo, tienes todas las piezas del rompecabezas de por qué quería entrar a este lugar - Mostrando una sonrisa con ciertos toques felinos.

Tras eso, Natsu le dijo que prefería que guiase él por esos lares. Aceptó con una afirmación de cabeza, y rápidamente buscó un lugar por el que salir. No quería desatrancar la puerta, puesto que era el único lugar de entrada para los marines y no le gustaría encontrárselos de frente. Por eso, volvió a acercarse a la ventana, asomándose al exterior. Pudo observar un callejón oscuro por el que no debería pasar nadie, así que tras hacerle una señal a sus compañeros, se subió encima del bordillo y se dejó caer hacia abajo. La distancia al suelo no debería sobrepasar los tres metros, y sus piernas se doblaron amortiguando la caída, sintiendo unos adoquines de piedra bajo sus pies. Ahora que estaban allí abajo, sería cuestión de tiempo que se infiltrasen en los distintos lugares de los que querían robar objetos, siempre que se movieran con esmero y cautela.

Mientras se erguía, giraba la cabeza a los lados para asegurarse de que nadie les estaba siguiendo, ni que les habían visto bajar de la instalación anterior. Y empleando una habilidad un tanto hosca, olfateó el ambiente como si fuera un sabueso guía. Claramente, aquello no tenía ninguna utilidad, pero le había venido en gana hacerlo. Cabe mencionar que la disposición de aquel Cuartel estaba formada por un edificio gigantesco situado en el medio de la construcción, mientras que a su alrededor se congregaban un montón de casas pequeñas, como en la que habían anteriormente. Pero al menos, ya sabía adónde dirigirse: el edificio más grande. Volviendo con sus aliados, se lo comentó de buen grado:

- Los marines están reunidos en el interior de ese torreón, lo más probable es que sea la hora de la comida - Comentó, señalando con el dedo índice de su mano derecha la instalación en cuestión, comenzando a andar hacia él. - Supongo que siendo el lugar mejor defendido de este Cuartel, tiene que ser ahí donde tengan todas las pertenencias valiosas - Tranquilo y sin dejar que los nervios se apoderasen de él.

En cuanto una persona no era dueña de sus actos, el miedo salía al exterior y todo estaría perdido. Por eso, él siempre se mantenía en una firme actitud, sin importar lo que pudiera pasar, controlándose desde el primer instante. Así, el pelinegro de ojos incoloros se dirigió mediante rodeos hacia el edificio principal. No entrarían por la puerta primeriza, sino que tendrían que buscar otra entrada más "sigilosa" para lo que intentaban hacer, que no era nada más que un hurto silencioso. Si las cosas se ponían mal, entonces no habría problema con causar algún que otro alboroto.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Mar Sep 03, 2013 2:30 pm
Aquel chico era navegante y parecía hacer bien lo que hacía, además también era pirata, cosa que me sorprendió. Seguí a Killian, esperando salir ya de allí y poder pelear, pero lo primero era lo primero, encontrar las cosas que él necesitaba y el bote para salir de allí junto a Night y Fenrir. Cuando llegamos al edificio principal, nada parecía ir mal, nadie nos había visto ni dicho nada, eso era algo bueno, o quizás malo, no era nada normal que eso estuviese tan calmado.

Me puse atento y en posición de defensa por si acaso se tratase de una trampa para atraer a piratas. -Tanto silencio y calma no es normal, podría ser una trampa para piratas que se acercan aquí o intentan escapar...- Le susurré al oído, ya había encontrado marines otras veces, así que me conocía algunos trucos de ellos. Teníamos que entrar por algún sitio sin que nos vieran y entonces se me ocurrió entrar por la rejilla de un conducto de ventilación que vi. -Podríamos entrar por ahí, en vez de seguir dando vueltas, pero mis mascotas no caben.- Dije mientras pensaba otro modo de entrar allí.

Pero entonces pensé, que si entrábamos por la puerta principal y derrotábamos a todos los marines de allí dentro, tendríamos acción y yo podría pelear. -Entremos por la puerta principal y carguémonos a todos los de allí, será más rápido, ¿no crees?- Le pregunté por si acaso, no quería hacer algo que el otro chico no quisiera, al menos, no por ahora.

Lo que antes me había sorprendido fue ver que él también estaba predispuesto a una pelea, pues pude notar en el interior de la casa cómo endurecía sus músculos de los brazos, preparado para dar un golpe en caso de peligro.
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Mensaje por Killian Jones el Mar Sep 03, 2013 2:57 pm
Al avanzar por aquellas callejuelas del interior del recinto del Cuartel de la Marina, el joven pelinegro pensó que tal soledad solo podía ser producto de tres ideas que le llegaban a la mente en aquellos instantes: que fuera un tiempo de descanso para que los reclutas abandonasen su puesto y disfrutasen de una comida para reponer energías, que el lugar estuviera desolado y no hubiera nadie en el interior, o que todo fuera una estratagema para atraerlos al edificio central de la zona con el objetivo de apresarles más rápidamente. ¿Quién saben lo que encontrarían tras esas puertas? A lo mejor se abalanzaban sobre ellos como fieras, sin dejarles el más mínimo tiempo de reacción. En ese caso, sus días como pirata terminarían en lo más oscuro de una celda con barrotes metálicos, hasta que llegase el momento en el que perdiera su conciencia para dejarse abrazar por las manos de la locura. De las tres ideas que rondaban su mente, solo la tercera le parecía viable, ya que las otras dos sólo podían darse en casos extremos y, todo hay que decirlo, muy raros. Así que una vez que el joven había tomado su decisión, siguió junto con Natsu y sus mascotas buscando una entrada por la que colarse al interior del edificio central del Cuartel de la Marina. Algún lugar tenía que haber por el que pudieran pasar todos desde fuera a adentro, sin que los inquilinos de aquellas instalaciones se dieran cuenta de que unos polizones habían entrado de incógnito en su lugar de trabajo y residencia a tiempo total. El sigilo volvía a ser parte del trabajo en equipo.

También pasaron juntos momentos graciosos, pensando en cómo iban a pasar los felinos de Natsu al interior por unos huecos más pequeños que ellos. Ahora también había que buscar lugares que tuvieran un alto y un ancho más que determinado para que se pudiera tener un buen acceso. Si a eso le sumamos que llevaban bastante tiempo buscando, se podría decir que el edificio central del Cuartel estaba muy bien protegido contra emboscadas y contra polizones como los que se alzaban allá fuera, esperando que pasase algún milagro. Además, su compañero instó en entrar por la puerta principal, derrotar a todos los marines que encontráramos a nuestro paso y seguir con el plan lo más fácilmente que pudiéramos hacerlo. Los ojos incoloros de Killian se abrieron mucho tras ese comentario, acercándose a su compañero para decirle con una mirada recriminatoria.

- Hay que tener en cuenta que no todas las personas que haya en el interior del edificio son reclutas. Desde que entramos, estoy rezando para que no haya ningún Comandante o Vice-Almirante - Añadió un poco temeroso el chico de pelo negro, para luego añadir unos instantes después. - Tengo claro que mis habilidades no son nada del otro mundo, y no quiero verme envuelto en una vorágine como la que se podría desatar si desafiamos a todo un Cuartel de la Marina - Haciendo otra pausa, volviendo a mirar hacia la grande puerta metálica que les impedía el paso.

Mientras que daba más y más pasos, por su cabeza se ocurrían disparatadas ideas para entrar, como hacer algo malo en el exterior para que sonase una alarma y utilizar el desconcierto para colarse dentro de la instalación. De todo lo que tenía en la cabeza, era la mejor idea que se le había ocurrido con el tiempo, pero cómo llevarla a cabo era lo que de verdad le hacía darle vueltas al asunto. Era una persona que hasta que no lo tenía todo bien planeado no le gustaba seguir adelante con el plan, por miedo a las posibles controversias que pudiera sufrir por un plan de cabos mal atados. Sin embargo, si se esforzaban y actuaban como todo un equipo, serían capaces de lograr su objetivo. Retornando hacia el punto en el que su compañero se situaba, siguió hablando con él:

- Creo que la mejor opción que tenemos es llamar su atención para que salgan al exterior, y una vez que estén afuera, colarnos de incógnito dentro del Cuartel. ¿Qué tal si ponemos un cebo? Así será más fácil - Comentó el joven ex-noble de la familia Jones.

Una gran idea pasó por su mente. Sabía cómo podía llamar la atención de los marines que se encontrasen comiendo o descansando allí dentro. Así que hizo lo que debía. Empezó a andar hacia la puerta, con una mirada decidida y dura. Una vez que estuvo a medio metro de aquella barrera, estiró sus piernas adoptando una posición de pelea, dejando el brazo derecho atrasado. Con fuerza, lo lanzó hacia adelante, chocando su puño con la puerta y creando un sonoro golpe que retumbo en los alrededores. Además, había dejado grabado la forma del puño en la puerta de metal, por lo que la potencia del puñetazo había sido gratamente violenta. No había estado entrenando desde pequeño para nada, aunque todavía le quedaba mucho camino por recorrer en el mundo de la lucha. Los nudillos del pelinegro enrojecieron por el daño del metal contra su piel, para luego correr y esconderse tras unas cajas que había a escasos diez metros de allí, en su parte oeste. Hizo una señal para que Natsu y sus mascotas le siguieran. Suspiró y miró a su compañero, señalándole con la cabeza y un fino hilo de voz.

- En cuanto salgan a ver qué ha pasado, tenemos que colarnos por la puerta - Dijo, dando un salto con impulso para subirse a una cornisa, apoyándose en ella para volver a saltar hacia arriba y alcanzar el techo de aquella casa, con una agilidad bastante felina.

Minutos más tarde, el chirriar de la gran puerta de entrada sobrecogió todo lo que había en el exterior del Cuartel. Las placas de hierro que podían medir más de cinco metros se abrían lentamente, pudiendo observar cómo del otro lado de ellas surgía un gran regimiento de por lo menos treinta o cuarenta marines, todos armados con un fusil y una espada al cinto. A la cabeza les guiaba una persona con el mismo uniforme, pero además llevaba una capa blanca abotonada a un brazo. Alguien de rango superior seguro, pensó el joven. Y así, que tenían oportunidad para colarse en el edificio, saltó de tejado en tejado esperando que su compañero humano y su mascota felina le siguieran, rezando para que ningún ruido desbaratase aquella acción silenciosa que estaban llevando a cabo.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Mar Sep 03, 2013 3:13 pm
Killian dijo que mejor que hiciéramos otra cosa en vez de usar mi idea, aunque su idea no se diferenciaba tanto de la mía, ya que causar alboroto fuera o dentro, para mí era casi lo mismo. Vi como se acercaba a la puerta de hierro principal y lanzaba un golpe muy fuerte contra esta, llegando a dejar una marca en la puerta. Aquel chico era mucho más de lo que aparentaba, cada vez tenía más ganas de enfrentarme a él. Siguiendo sus indicaciones, agarré a Night y Fenrir con mis brazos, mientras me ponía en el techo de aquel edificio, esperando a que salieran los marines.

Tan punto vi como salían los marines, el que iba delante de todos parecía muy fuerte y me daban ganas de luchar contra él, pero no podía dejar que mis ganas de luchar me controlaran, y hiciera una locura. Empecé a seguir al navegante, sin saber muy bien a donde iba, mis mascotas nos seguían también de cerca. No podía distraerme ni un momento, ya que a saber que mas habría por ese cuartel de la marina, y teníamos que ir con cuidado, de no ser vistos por nadie y ser sigilosos, por ello intenté no hacer ruido cuando pisara las baldosas del tejado en el que estaba situado mientras Night y Fenrir me seguían. Pero, al pisar uno de los techos de los edificios, me caí junto a una parte de ese techo en una habitación.

La habitación era polvorienta y estaba llena de estanterías con libros y una mesa, quizás también habrían mapas, pero lo que me importaba ahora era ver los libros, ya que habían algunos que parecían estar escritos por autores muy famosos. Iba a coger uno de los libros de allí, pero en eso fue cuando Night cayó encima mio aplastándome, a la par que Fenrir aterrizaba a un lado con elegancia. –N-Night, sal de encima mio...- Dije esperando a que Night se saliera de encima mio y me dejará coger el libro, cosa que tardó un minuto en hacerlo.

Me levanté y cogí el libro, era de esos típicos libros de terror, y trataba de una isla maldita en el cual, unos piratas se perdían y empezaban a tener alucinaciones que les conducían a su muerte, de una forma cruel y terrorífica. -Este me lo quedo...- Dije mientras lo cogía con la mano y esperaba a ver como encontrar el maldito barco ya.
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Mensaje por Killian Jones el Mar Sep 03, 2013 4:42 pm
Saltando por los tejados, las mascotas felinas de Natsu, el propio domador y el pelinegro avanzaban hacia la puerta de entrada al Cuartel, aprovechando que algunos reclutas y otros rangos mayores de la Marina habían salido al exterior advertidos por la llamada producida por el puñetazo de Killian. Podían saborear cómo sus pasos les llevaban hacia el final de aquella aventura, pero un improvisto surgió de repente. Natsu cayó por un techado en mal estado, hacia el interior de una habitación de una casa. Instantes más tarde, sus animales de compañía también lo hicieron, mientras que el pirata de ropajes oscuros se daba la vuelta y se acercaba sigilosamente hacia el extremo del agujero abierto en el techo. Asomando su cabeza, vio que el chico estaba cogiendo libros, así que se descolgó con rapidez. Donde hay libros, hay mapas. Era la hora de saquear.

Una vez que estuvo junto a sus compañeros en el interior de aquella casa, pasó a echar un ojo a las estanterías cercanas. La mayoría eran libros sobre historietas, descriptivos, y poco más. Sin embargo, encontró uno que se llamaba "Los grandes mares del mundo", el cuál cogió con ambas manos y echó una hojeada, para luego guardárselo en el interior de su gabardina. Era de un tamaño pequeño, por lo que llevarlo consigo no sería demasiado difícil.

Además, siguió buscando en las partes finales de la estantería, las que estaban más cerca de la pared. Encontró dibujos, más bien garabatos, sobre geometría, planimetría y altimetría de zonas, mas eso no le interesaba para nada. Buscando y buscando fue a parar a un rincón en el que había una pequeña caja con rollos de pergamino, los cuáles desplegó. Algunos eran de despieces de barcos, otros de islas. ¡Por fin! A pesar de que no era un botín para nada inquietante, un mapa del East Blue y el West Blue fue lo único que consiguió en esos momentos. Un libro y dos mapas, se daba con un canto en los dientes. Suficiente para él. Observando los mapas, vio con todo grado de detalle cómo las rutas marítimas estaban muy bien trazadas y pintadas, no eran mapas ordinarios. Sonriendo, guardó lo que tenía dentro de su gabardina oscura, justo como había hecho antes con el libro de los mares del mundo. Entonces se giró hacia Natsu, para hacerle una señal con la mano y dar un salto hacia arriba, saliendo de aquel agujero. Casi susurrando, le dijo a su compañero:

- Por suerte no han oído nuestra caída, y las puertas siguen abiertas. Tenemos que llegar al interior y bajar hasta la zona más baja, que supongo que será donde estén los canales. Un barco no puede estar sin agua debajo de él, así que los tienen que tener en habitaciones que den a parar a la mar. ¡Vamos! - Comentó el pirata oscuro, reanudando la marcha saltando de tejado en tejado.

Minutos más tarde ya había llegado a la entrada del edificio principal de la Marina, cuya puerta seguía abierta de par en par. Oteando el horizonte, vio que los marines que habían acudido a la llamada de Killian estaban suficientemente lejos, inspeccionando cada rincón para dar con aquello que buscaban. Podrían bajar con tranquilidad y meterse en el interior. Entonces, solo tendrían que escabullirse hasta seguir por su camino hacia las escaleras principales. Una vez que llegasen allá, solo tendrían que buscar la parte más baja, donde estuvieran los canales que daban al mar. Allí sería donde tuvieran los barcos, o al menos, era lo que esperaba.

Acercándose a la cornisa del tejado en el que se encontraba, miró hacia atrás para decirle a Natsu que aquello era el comienzo. Tras devolver su vista al frente, se dejó caer hasta tocar el suelo, doblando las rodillas y amortiguando el impacto de la caída con sus cuádriceps. Apoyó una de sus manos en el suelo, para no tambalearse hacia adelante, e irguió su espalda una vez que se recuperó de aquella situación. Y así, moviéndose rápidamente e intentando no hacer ningún ruido, pasó a través de las grandes puertas de entrada del edificio principal del Cuartel de la Marina. ¡Ya estaban dentro!

Mas nadie los recibió al principio, parecía que la mayoría de los marines se habían salido afuera para inspeccionar. Eso era un punto a su favor, les resultaría mucho más fácil. Entonces continuó con su marcha, pasando a través de rígidos pasillos rectangulares de tiza grisácea. Había algún que otro cuadro de personalidades importantes de la Marina colgados de las paredes, y conforme avanzaban, los suelos de piedra pasaron a ser de adoquines azulados. Típico de la Marina, colores blancos y azules. El joven Jones llevaba su mano derecha en tensión, de forma que si apareciera algún enemigo, lo reprimiera rápidamente para que no informase de que algunos piratas se habían colado en su interior. Aquel plan estaba funcionando bastante bien, demasiado bien.

Miró hacia atrás para observar que su compañero no se hubiera despistado y fuera a pelear directamente contra los marines. Desde que rechazó el reto contra él, le vio con ansiedad por pelear, por enfrentarse cara a cara con toda la gente a la que pudiera derrotar y sentirse mejor con ello. Sonrió. Una vez que terminara todo lo que se estaba llevando a cabo aquel día, aceptaría el combate que le había propuesto nada más conocerse a las afueras de dicho establecimiento.

Cruzó entonces por lo que parecía una especie de hall de recibimiento, donde salvo las cortinas y los muebles, también estaba desierto. Sin embargo, su oído agudizado detectaba que alguien estaba muy cerca de su posición, tal vez en la habitación siguiente. Quedando rezagado, le explicó en voz baja a Natsu:

- Creo que hay alguien por aquí cerca. Nuestro objetivo no es hacer ruido, sino noquearle para que no pueda dar la voz de alarma. No estaría mal esconderlos para que no dejásemos huellas de nuestro plan. ¡Venga, las escaleras no tienen que estar muy lejos! - Volviendo hacia adelante.

Una vez que llegaron al final del hall, Killian ya estaba atento a cualquier movimiento que pudiera llamarle la atención. Pegó su espalda a la pared, para que nadie que pasase por el conducto adjunto pudiera verles. Entonces, unos pasos comenzaron a escucharse desde el otro lado, y al cabo de un tiempo un marine con una escoba pasó por donde ellos estaban. Rápidamente, el pirata de pelos oscuros se abalanzó sobre él, golpeándole con el canto de la mano derecha en la parte trasera de las rodillas, de forma que se arrodillase ante él. Tras eso, mientras todavía cogía aire por el susto, le asestó un golpe seco en la nuca, dejándole inconsciente.

Pero no era el único que estaba por allí. Temeroso y asustado, un segundo marine que se había quedado un poco más atrás de su compañero, observaba todo lo acontecido y cómo los piratas habían entrado al Cuartel. Se dio la vuelta y comenzó a correr hacia el interior, mas una mirada del pelinegro hacia su compañero bastó para que entendiera que tenía que cazarle. No podían dejar que los capturasen, o si no todos los pasos de su plan estarían rotos, para pasar a un encarcelamiento que ninguno de los dos querría.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Mar Sep 03, 2013 5:00 pm
Killian encontró algunos mapas en esa habitación por lo que pude ver y por suerte nadie nos había oído, así que siguiendo las instrucciones de mi compañero, volví a subir arriba y empecé a seguir al navegante junto a mis mascotas, hasta que llegamos al edificio principal. Seguimos avanzando hacia delante y cuando vimos que habían dos marines, Killian noqueó al primero y el otro parecía tener miedo, mi compañero me dijo que hiciera lo mismo que había hecho él con el otro. -Se me ha ocurrido una idea mejor...- Dije mientras me abalanzaba sobre el marine y lo derribaba, cogiéndole luego y acercando mi látigo a su cuello.

-Dinos ahora mismo, sin chillar ni nada, donde están los barcos y te perdonaré la vida.- Dije totalmente serio, el marine estaba asustado, congelado y mudo de miedo, pues ningún marine pensaría que dos simples piratas podrían entrar en uno de los cuarteles generales de la marina tan fácilmente. El chico asustado señalo el pasillo de delante nuestro, así que fuimos por allí y luego nos señalo hacia la derecha en el cruce de caminos de esos amplios pasillos blancos, así que seguí ese camino, así seguro que no me perdía, pero también podría mandarnos a una trampa.

-Oye, mas te vale que no sea una trampa... ya que si no...- Dije mientras acercaba mas mi látigo al cuello del joven marine. -Tendría que manchar mi espada con tu sangre... muchacho...- Dije mientras esperaba que eso no fuese una trampa y que el chico nos conduciera hasta los barcos de allí.
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Mensaje por Killian Jones el Mar Sep 03, 2013 5:35 pm
Una vez que Killian dio la voz de alarma sobre aquel segundo marine que estaba en alzas de escapar, su compañero se lanzó hacia él como un león hambriento. El golpe que le dio lo llevó a la pared, sin dejarle escapar poniéndole el filo de su látigo contra el cuello. Al menos así no podría irse, era algo que tranquilizaba al pelinegro, el cual había comenzado a andar y continuaba hacia el atrapado. Y cuando estuvo cerca de él, escuchó la conversación que tenía con Natsu. Él le había preguntado acerca de dónde estaban los barcos, para poder irse de allí cuanto más temprano mejor. Incluso el mismo pelinegro ya no aguantaba mucho, y ya estaba deseando salir de allí lo antes posible. Como veía que el marine se resistía mucho a hablar, fue directo a él y le dijo con una expresión sombría:

- Dinos donde están los barcos, ya - Infundiéndole miedo con su propia mirada, haciéndole sudar simplemente clavando sus ojos incoloros en él.

Y para que lo dijera sin rechistar y no les mintiera, el joven tapó la boca del marine con una de sus manos, mientras que con la otra tomaba el pezón izquierdo de su pectoral y lo retorcía con fuerza. Al tener la mano puesta en la boca, los chillidos se ahogaban en su propia mano, no eran audibles salvo para alguien que tuviera un oído muy fino. El marine en verdad estaba sufriendo, pero no era algo que preocupase a Killian en demasía. Él lo único que quería en aquellos momentos era saber dónde estaban sus medios de escape. E instantes después, siendo incapaz de resistirse ante aquel dolor inhumano, el recluta alzó una mano y les señaló en la dirección adecuada. Destapándole la boca, pero manteniendo todavía la mano en su pezón, Killian le indicó seriamente. No quería perder el tiempo:

- Si es mentira, mi amigo y yo vendremos otra vez a por ti, y te arrancaré lo que he estado retorciendo instantes atrás. Mis dientes tienen muchas ansias de probar la sangre humana, y qué mejor para ella que un mentiroso - Agarrándolo ahora por la perchera de la camisa y lanzándolo adelante del pasillo adonde señaló.

Ante ellos siempre había que mostrarse duro e impasible, porque si no se crecerían y pensarían que podrían con uno mismo. Pero ahí estaba equivocado, si intentaban algo, no dudaría en arrancarle la cabeza de cuajo. El recluta comenzó a andar, haciéndoles de guía por los distintos senderos que atravesaban el edificio principal del Cuartel de la Marina del North Blue. Mientras que él iba delante, Rayder iba atrás, muy cerca de Natsu y su compañero animal, todavía con la vista clavada en la espalda del marine que les guiaba, por si acaso se volvía rebelde y había que enseñarle una "lección". Además, seguían hablando:

- Puedes estar tranquilo, Natsu. Si se le ocurre hacer algo que no nos guste, le romperé la cabeza de un puñetazo - Diciéndolo en una voz suficientemente alta como para que el recluta los escuchase.

Ambos seguían andando por aquellos lugares, hasta que encontraron unas escaleras en forma de caracol, que descendían hacia el interior del Cuartel. Dándole un pequeño empujón con una patada no muy fuerte, el pelinegro instó a su guía a que fuera el primero en bajar al sótano al que los estaba conduciendo. En caso de que hubiera una trampa para ellos, sería él el que la recibiera, y no los piratas. El paseo por las escaleras de caracol no fue demasiado largo, tal vez unos minutos, y cuando bajaron abajo, el pirata era capaz de olfatear la sal del agua marina. Tenían que estar muy cerca de los canales, y parecía que el marine no les estaba mintiendo. Así que la caminata prosiguió, por pasillos oscuros que únicamente estaban iluminados por unas pocas antorchas colgadas en las paredes de aquel sendero. Y al final se detuvieron ante lo que era una gran puerta metálica, que el guía abrió con una llave que había escondida en un surco debajo de tierra, aportándoles el paso al interior de aquel lugar. Ciertamente, ahora sí habían llegado a su destino, pero no en la situación que él hubiera querido.

Ante sus ojos se podían vislumbrar unos cuantos canales que estaban en contacto con el mar. La oscuridad que había inundado el pasillo ahora se había disuelto por las aberturas del sótano al exterior del mar. Podía sentirse perfectamente el oleaje de aquella zona, pero también había algo malo que no le gustaba nada. Nada más abrir la puerta, un grupo de unos siete u ocho marines rasos, que supuso que serían los que se encargaban de mantener en perfecto estado a los barcos, les vieron directamente. Desenfundando sus armas, espadas, rifles y lanzas, se prepararon para luchar.

- No dijiste que hubiera refuerzos - Comentó enfadado el pelinegro ante su guía marine.

- No lo preguntó - Con cierto sarcasmo respondió, y una sonrisa en sus labios.

Ante tal respuesta, una fuerte patada en su cuello fue regalada por Killian, dejándole K.O. al instante. Su cuerpo cayó al suelo, con los ojos en blanco, siendo una molestia más en el camino. Solo podían hacer una cosa: derrotar a todos aquellos marines y escoger una de esas barcazas para escapar. Viendo el percal de los transportes que había en el interior de esa gruta, el pelinegro se decantó por un pequeño velero más grande que el bote en el que había llegado a la isla. Parecía tener algún que otro camarote donde dormir en una cama, y de seguro tendría alguna trampilla donde guardar la comida. Y estaba cien por cien seguro que esos barcos irían cargados de comida. Hasta el tope. Sin más, no había porqué esperar. Así que miró a Natsu y sus mascotas, y dijo seriamente:

- Vamos a demostrarles que los piratas tomamos lo que queremos, y luego vayámonos de aquí - Remangándose las mangas de su gabardina y camisa, mientras su expresión facial se volvía dura e incompasible.

Estaba preparado para pelear. No tendría el mayor reparo en hacer una pequeña carnicería con aquel octeto de marines, y mucho menos dejarles todas las heridas que quisieran tener. Así pues, se impulsó con sus piernas hacia delante, comenzando a cargar en contra de los promovedores de la paz y la justicia, al igual que ellos empezaban a movilizarse. La batalla final estaba por empezar, y ninguno de los dos bandos sabría quién sería el ganador. Por su parte, el pirata lo único que sabía era que no se contendría para nada.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Mar Sep 03, 2013 5:56 pm
Seguimos al marine, esperando que no hubiese nadie mas, pero cuando llegamos al destino, habían ocho marines que alzaron sus armas contra nosotros. Killian noqueo al que nos había guiado de la rabia por lo que pude observar, aunque yo estaba contento, quería pelear y mira, al final podría pelear, así que una pequeña sonrisa se me dibujo en mi rostro, pero no se veía por la bufanda que llevaba. Con mi espada, me acerqué a uno de los primeros que fue a dispararme y antes de que me disparara le golpeé en la tráquea con el reverso de mi látigo, dejándolo K.O.

-Uno menos, faltan siete... Killian, déjame encargarme yo solo de estos tíos, no son nada contra mí.- Le dije mientras esquivaba echándose hacia la derecha un golpe de espada por parte de un marine y luego, con mi arma le golpeé el mentón para luego darle una patada en la boca del esternón, dejándolo fuera de combate a ese también y solo faltaban seis. Uno de los marines, intentó darme con la espada por detrás, pero cuando Night y Fenrir lo vieron, estos embistieron al marine con toda su fuerza haciendo que este cayera al suelo fuera de combate también.

-Chicos, gracias... pero será mejor que os quedéis al lado de Killian.- Les dije mientras esquivaba a otro de los marines que me fue a golpear con la espada y luego con un movimiento de giro, me puse detrás de él y le ahogué enroscando el látigo alrededor de su cuello, ahora solo quedaban cuatro marines, con los cuales iba a acabar rápidamente. El marine que estaba mas alejado de todos, fue a dispararme pero cogí el cuerpo de uno de los marines que había noqueado y puse el filo de mi arma en su cuello. -Dispara, y será la última vez que le veas con vida...- Le dije serio, puesto que no me gustaban nada gente como esa que dejaba que el resto hiciera todo el trabajo para luego rematar él el trabajo.

Ahora solo hice lo siguiente subí al barco con el cuerpo del marine esperando a que Killian subiera también y zarpáramos, cuando estuviéramos a la mar y lejos de allí, soltaría a ese marine al agua para no tener mas complicaciones de las que ya teníamos. Night y Fenrir subieron también junto a mi, a ese barco el cual parecía que iba a coger Killian y esperamos a ver que haría él mientras empezábamos a prepararlo todo para zarpar y salir de allí.
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Mensaje por Killian Jones el Mar Sep 03, 2013 6:25 pm
El combate había empezado, en un ocho contra uno. Ese uno era Natsu, pero él mismo decía que se bastaba para darles caña a todos los marines que estaban en posición de combate enfrente de las narices de ambos piratas. Mientras tanto, el pelinegro comenzaba a andar hacia los barcos. No se fiaba de que le dejaran caminar a sus anchas por aquellos canales, y hacía bastante bien desconfiando de sus enemigos. De reojo, además de con su oído, se fijaba en que el domador estaba muy ducho para la batalla. Ciertamente, empleando ese látigo que portaba, era un enemigo poderoso. Sonrió y continuó con su caminata.

- Venga, Natsu, hazles saber de qué pasta están hechos los piratas de la nueva generación - Animándole a que ganase esa batalla en la que se había visto inmiscuido, intentando levantar su ego.

Por su parte, él seguía caminando hacia el velero que anteriormente habían visto sus ojos, con el objetivo de tomarlo como su nuevo barco. ¿En qué se diferenciaba del bote en el que había llegado a la isla del East Blue? Tenía una vela mayor más grande, cubículos donde poder dormir, era más grande y tenía unos huecos laterales para los remos y, por último, tendría escotillas para la guarnición y manutención de sus pasajeros. Todavía recordaba cómo había tenido que sentarse en su bote sobre los toneles de manzana, debido a la escasa cantidad de espacio libre que tenía su bote primerizo.

Pero volvió a la realidad cuando escuchó un disparo, volviendo la cabeza hacia atrás por puro instinto. Consideraba a los artilleros como lo peor que podía haber en el mundo: se escondían a metros y metros de distancia y eran capaz de acabar contigo de un mísero golpe si tenían una precisión por encima de la media. No era un combate justo, lo cual no podía decir de Natsu, que empleaba un látigo. De seguro, una vez que ambos salieran de aquel Cuartel de la Marina, aceptaría de buen grado el combate que anteriormente le había negado para no perder fuerzas de cara a la intrusión que hubieran realizado más adelante. Tal vez si hubieran peleado desde un principio, ahora no hubieran podido defenderse todo lo bien que habrían querido, y los estarían encadenando y llevando a una de las más profundas celdas que pudiera haber en aquel lugar dejado de la mano de Dios. Mas el disparo no alcanzó a Natsu, el cuál volvía andando hacia su posición para entrar al barco al que se había dirigido, tomando un rehén semi-inconsciente para que le dejasen en paz. Alrededor de él había unos cuatro marines inconscientes, por lo que dedujo que había igualado bastante el combate. Era un chico habilidoso, para que mentir.

Continuó caminando hacia el barco que quería tomar, y cuando estaba a punto de alcanzarlo pudo observar cómo un grupo de dos marines se adelantaban y se colocaban al principio de la escalerilla de entrada, tapándoles el acceso al interior con sus caras rudas y sus armas deseando probar la sangre de ambos. Su mirada fue dura e inexpresiva, sus ojos incoloros tenían un brillo amenazador que infundió miedo a ambos señores. Pero como no se quitaban de su posición, no le quedaba más remedio que quitarlos de su camino. Con un ágil y felino movimiento, Killian se desplazó hasta quedar en el medio de ambos marines, para luego golpear a ambos en las costillas con el reverso de sus manos, haciendo que ambos se hundieran hacia adentro. Posteriormente, tomó las dos cabezas de los enemigos y las chocó con toda su fuerza, soltando un poco de sangre cada uno por la boca y cayendo al suelo inconscientes. Los gritos de dolor fueron impactantes, mientras que sus cuerpos caían adelante por no poder sostener su propio peso. Cuando estaban a cuatro patas, el pelinegro se alzaba con una mirada oscura, golpeando con su pierna derecha en el cuello a uno de los marines, dejándolo inconsciente al igual que hizo con el guía que los trajo allá. Con respecto al segundo enemigo, simplemente le empujó hacia el borde del canal, haciéndole caer al agua. Era gracioso ver cómo se revolvía allí abajo, agarrándose a una vieja cuerda atada a un poste.

- Nadie se interpone en el camino de un hombre libre - Dijo con una voz temperamental, avanzando y subiendo por la escalerilla hasta la cubierta del gran velero que tomarían aquel día.

Sin más dilación, esperando que los otros dos marines que seguían vivitos y coleando no les hicieran la huida más pesada, comenzó a preparar el barco. Desanudando la cuerda que mantenía la vela plegada contra el mástil, hizo que se desplegara, mostrando una bandera blanca sin el símbolo de la Marina en ella. Además de ello, continuó corriendo hacia los laterales, buscando el ancla para elevarla y colocarla en el suelo de la cubierta. Su compañero y sus animales tendrían que subir pronto, puesto que el transporte ya estaba dispuesto para salir en línea recta, solo faltaba darle un pequeño empujón. Colocándose en el timón, dio vueltas hasta que lo desbloqueó y lo dejó en su punto muerto, agarrándolo con firmeza. Tras eso, miró a Natsu y le dijo:

- Nos vamos, Natsu. Que le den por saco a estos tíos, tenemos lo que queríamos - Mostrando una gran sonrisa en su rostro.

Mas su sonrisa se borró de pronto en cuanto vio entrar por la puerta principal de aquella estancia a un grupo inimaginable de marines, con una especie de Capitán o Teniente al mando. Tal vez fueran los que se habían despistado y habían salido al exterior del edificio cuando Killian quiso llamar su atención de un puñetazo ensordecedor. Habrían escuchado las voces de los combatientes, o simplemente habrían encontrado a uno de los marines que hubieran derrotado por el camino. Con una voz ruda, instó a su compañero imperativamente:

- ¡NATSU, SUBID AL BARCO YA! - Con un poco de miedo en su voz, había pasado de la euforia a casi una sensación de terror en su cuerpo.

Comenzaba a girar el timón, y el barco se dejaba llevar por las corrientes poco a poco para abandonar el canal. De todas formas, si no salían lo suficientemente rápido, los marines podrían saltar a su embarcación y atracarles. Por ello, debían huir de allí cuanto antes, darse a la mar, y vivir una nueva aventura lejos de las manos de la Marina.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Mar Sep 03, 2013 7:03 pm
Subí al barco al oír el grito de Killian, parecía asustado ante ese grupo de marines, pero poco importaba, yo y mis mascotas subimos al barco. Pero los marines no se iban a rendir y vi como unos empezaban a subirse a uno de los barcos con las intenciones de perseguirnos, así que me metí en el interior del gabinete del barco, buscando un pedernal y yesca para poder incendiar algo. -Que pesados... a ver como salen de esta...- Dije riendo mientras sacaba mi látigo extensible y empezaba a chocar el pedernal con la yesca, creando una pequeña “piedra” de fuego. Entonces con el látigo, lo lancé a las velas y estas empezaron a arder, haciendo que los barcos empezaran a arder. Aproveché todas las provisiones que había en el interior del barco, hasta que los barcos enemigos dejaron de seguirnos, ya que nuestro barco viajaba más rápido por la vela intacta.

Luego de eso, volví al barco de mi compañero y enfundé el látigo mientras acariciaba a Night y Fenrir. -Diría de luchar aquí... pero si uno de los dos cae al agua, estaríamos en problemas, tenemos a los marines pisándonos el trasero- Le dije aun ansioso por pelear mientras seguía acariciando a mis mascotas.

-Mejor esperemos a llegar a alguna isla para empezar a pelear...- Dije mientras me sentaba y empezaba a leerme uno de los libros que había cogido, que de hecho era solo uno, y a ver si se me ocurría algo para hacer una historia. Esa historia me gustaba mucho y ni me daba cuenta al leerla que me empezaba a rugir el estómago como nunca.
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Mensaje por Killian Jones el Mar Sep 03, 2013 7:25 pm
El gran velero que manejaba el pelinegro empezaba a abandonar los canales en los que había estado parado tiempo atrás. La pasarela que comunicaba con el suelo cayó al agua una vez que no hubo sustento que pudiera sujetarla entre ambas superficies, perdiendo la manera de entrar desde abajo en el transporte marítimo. Los gritos de los marines hacían eco en aquella especie de caverna que daba a la mar, los cuáles decían cosas como "Subid a los barcos" o "No dejéis que escapen", todo en voces de los altos rangos que se habían congregado allí abajo, mandando a los de rango menor, generalmente reclutas de la Marina, soldados rasos.

Ante dicha exhortación, los súbditos no podían hacer otra cosa que obedecer. Unos intrusos habían entrado en sus instalaciones, habían saqueado, tomado rehenes, habían dejado inconscientes a varios marines, y ahora pretendían salirse con la suya en uno de los barcos que eran propiedad de ellos. Si uno fuera marine, no le gustaría nada que entrasen en su casa e hicieran lo que quisieran, como era el caso. Así que la mayoría de los que estaban allí abajo empezaron a subir a los otros barcos y veleros que había en las cercanías de los canales, con el objetivo de darles caza a aquellos piratas que tanto arrojo habían tenido a la hora de inmiscuirse en un Cuartel de la Marina. Daba igual que no fueran conocidos, daba igual que no tuvieran una recompensa por su cabeza, serían tratados como traidores a la paz mundial y serían apresados como los perros que la mayoría de la gente creían que eran.

- Hora de irse, señores - Dijo el pelinegro, comenzando a apremiar al velero que manejaba para salir de aquella caverna, de una vez por todas. Nada les ataba a ese lugar.

El barco ya había dejado el canal, y se disponía a entrar en alta mar. Los transportes de los enemigos estaban dando alcance gracias a la cantidad de remeros que tenían cada uno. Pero los piratas tenían una baza que jugarían en aquel instante y sería decisiva en su escapada del lugar. Natsu, aprovechando las yescas y pedernales que había en el gabinete para mantener la temperatura de los usuarios y las calderas (si es que tenía dicho barco) y portando un látigo demasiado extraño para pertenecer al mundo real, causaba un gran ardor que hacía que la mayoría de los barcos enemigos dejasen de remar, debido a que su vela mayor era incendiada e inservible. ¿Pero por qué dejaban de remar? Podrían alcanzarles de todas las formas posibles, teniendo unos remos que emplear.

En las clases de navegación y cartografía que el joven había recibido durante su etapa en el Reino de Lvneel, una de las frases más importantes que le habían enseñado había sido: "No importa cuánto remes con un barco sin vela si persigues a otro que la tenga, con el tiempo tus remeros se cansarán, mientras que los del otro barco se dejarán llevar por el viento". Una frase que indicaba que los del otro barco no se cansarían siempre que hubiera viento de por medio, por lo que atraparles sería una cuestión tan difícil como encontrar una aguja en un pajar de finos componentes.

- Por un momento pensé que nos atraparían, pero parece ser que la victoria es de la piratería - Comentó con una gran sonrisa el pelinegro, mirando hacia atrás y observando cómo los barcos de sus enemigos se quedaban rezagados.

Las velas de la mayoría de los barcos se habían quemado, quedando inservibles. Además, en algunos el fuego se había extendido en demasía, hasta acabar quedando incendiados por completo. Mientras tanto, Natsu seguía lanzando bolas incendiadas. Había sembrado el terror allá, y lo había demostrado con creces. Muchos de los marines que navegaban en los barcos gritaban de miedo, tal vez por temor a quedarse en dichos transportes por el resto de sus vidas, hundidos en las profundidades del mar hasta que no quedasen nada más que huesos de lo que una vez fueron.

Instantes más tarde, el compañero dejó de usar aquellos objetos ardientes y fue a la cubierta del barco controlado por el pelinegro. Sus mascotas y él se pusieron a descansar inmediatamente, leyendo libros o bien retozando contra la madera que hacía de suelo. Una sonrisa había nacido en los labios de Killian, el cuál miraba hacia el horizonte una vez que se había percatado de que los barcos de la Marina habían dejado de perseguirlos.

- ¿Sabes qué, Natsu? En cuanto desembarquemos en la siguiente isla quiero pelear contigo, pero antes será mejor que tomemos un refrigerio y pasemos la noche en caliente. No te preocupes, siempre cumplo mis promesas - Todavía sonriendo, moviendo de vez en cuando el timón para llevarlo por las corrientes de agua.

La vela desplegada del velero se dejaba llevar por el viento, que la azuzaba con presteza de vez en cuando. En lo alto, el cielo se mostraba con pocas nubes, y las únicas que había eran tan blancas como los incoloros iris del ex-noble. El sol brillaba con fuerza, el clima primaveral era algo que le gustaría siempre. Ni mucho calor, ni poco, sino el exacto. Y así, el barco se iba perdiendo cada vez más en la lejanía, buscando un nuevo camino por el que navegar para encontrar otra isla en la que vivir aventuras, previamente dando esquinazo a los marines. Y como no, había encontrado un gran compañero y amigo en sus andanzas, cosa que también era una especie de "recompensa" para él. Su vida pirata daba comienzo con el remover de las olas del mar ... Rebeldes, intranquilas ... Pero libres.
FIN DEL TEMA

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