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AMELIA
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Noche de sexo y descontrol [+18][Priv. Killian]

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Mensaje por Natsu Sakagami el Mar Sep 03, 2013 9:07 pm
Habíamos conseguido escapar de los marines del Cuartel, y ahora nos dirigíamos de vuelta a la costa para encontrar un buen lugar donde pasar la noche. Llevaba un chaleco negro abierto, unos pantalones blancos, un pañuelo negro del cual me colgaban una espada y el látigo. Estaba en un pequeño camarote, el cual apenas era grande y solo había una cama, un armario y una mesita, las paredes eran marrones igual que todo el barco y mis mascotas estaban durmiendo cerca de la cama. Y ahora que me di cuenta, la ropa que llevaba estaba bastante desgastada y apenas me iba a servir de lo destrozada que estaba, aunque no me extrañaba.

-Killian dijo que en el armario había ropa y que me cambiara con ella si no quería ir con esta ropa...- Murmuré para mi mismo, y abrí el armario, mientras cogía unas prendas de ropa, una camisa negra, unos pantalones negros y una corbata roja, cosa que me puse mientras también me ponía un cinturón donde dejaba colgando mi látigo

Salí a cubierta y me tumbe en ella. -Que aburrimiento...- Murmuré mirando al cielo mientras acariciaba a Night con mi izquierda y a Fenrir con mi derecha, ambas mascotas eran muy cariñosas conmigo, al menos, cuando no estábamos peleando contra nadie. -¿¡Killian, adonde vamos!?- Le pregunté gritando, esperando que me oyera, ya que aun no sabía porque había dicho que sería mejor que me arreglara un poco, bueno, seguro lo descubriría cuando llegáramos a tierra firme.

El sol empezaba a ocultarse, lo que quería decir que pronto llegaría la noche y aun estaban en alta mar, mientras que no les atacasen, le iría bien, ya que no quería que les pasara nada a sus mascotas. -Killian, ¿cuanto falta para llegar a tierra firme?- Le pregunté mientras me levantaba del suelo y me sacudía el polvo y empezaba a divisar una isla, a la cual nos dirigíamos. -Al fin llegamos, tengo ganas de hacer algo.- Dije mientras me preparaba para tocar tierra cuanto antes, estaba impaciente, no era muy divertido viajar en barco a veces.

Después de un rato de haber divisado la tierra, llegamos al puerto, en el cual no había nadie, solamente algún barco y nada más, ya era de noche y no había mucha gente paseando por lo que podía ver, quizás algún que otro borracho. Salté del barco y toque con los pies el suelo del puerto, pero entonces nos vio un marine, el cual fue a dar un grito pidiendo ayuda, pero antes de que lo hiciera, desenvainé mi látigo y lo enrosqué en el cuello, causando su muerte antes de decir nada. -Ale, ahora no dirá nada, vayamos a un bar Killian, quiero tomarme alguna copa.- Le dije mientras lanzaba el cuerpo al mar con mi látigo y luego lo guardaba en su funda.

Seguíamos estando en la misma ciudad de esta mañana, Loguetown resultó ser. Empezamos a andar por esa calle, mis mascotas se quedaron haciendo guardia en el barco y solo yo y mi compañero salimos del barco. Las calles, estaban vacías y solo estaban los bares abiertos, era lo único que seguía abierto. Entré al primer bar que vi y me senté en una mesa vacía esperando a que Killian también se sentará. Esperé a que viniera la camarera a atendernos y cuando vi la camarera, con un traje de cuero apretado que le marcaba todos sus bultos, me quede con ganas de saber que era ese sitio.
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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 6:57 am
Una nueva aventura estaba por comenzar, en aquel atardecer en el que el cielo se encontraba anaranjado. Los últimos rayos de sol se agolpaban contra la superficie de la marea, mientras que un barco de madera negra surcaba las olas plácidamente, siendo su destino una de las tantas islas que pertenecían a la región del East Blue, en este caso Loguetown. Aquel navío no tenía unas dimensiones agigantadas, simplemente era un barquito en el que dos personas podían viajar a la perfección, sin sentirse agobiados por el poco espacio u otro motivo en especial. Si a eso le sumamos que aquellas dos personas que viajaban juntas eran dos piratas que se conocían desde hacía un tiempo, y que habían forjado fuertes lazos de amistad el uno con el otro, no hacía falta asegurar que era un viaje tranquilo. Unas pocas gaviotas surcaban los cielos, en una bandada de alas blanquecinas con alguna que otra pluma negra, todo concordante entre sus formas de ave. Y por supuesto, este transporte no se iba dirigiendo solo, sino que había una persona agarrando el timón para y girándolo hacia babor o estribor cuando la ocasión lo requería. Él era Killian Jones, parricida, ex-noble, pirata de vocación y, sobre todo,futuro Rey de los Piratas. Junto con él se encontraba Natsu Sakagami y sus mascotas, otro joven de características especiales, cuya mentalidad no conseguía distinguir su meta entre piratería y revolución. Pero a pesar de que no estuviera en el bando contrario del de su compañero, la férrea amistad que los unía a ambos no dejaría que todo lo que habían labrado se fuera al garete en cuestión de segundos.

Ataviado con sus típicos ropajes oscuros: pantalón, camisa, botas y cinturón; el pelinegro aficionado a la lucha se mostraba como el navegante de aquel navío, mientras que sus ojos incoloros estaban clavados en el horizonte, buscando aquel destino por el que habían estado viajando como locos durante mucho tiempo. De un giro de timón, el barco se situó sobre una corriente de agua un poco más rápida de lo normal, por lo que el barco tomó un poco más de celeridad que de costumbre. Allí abajo, saliendo a la cubierta tras un tiempo determinado, el compañero del pelinegro hacía gala de una increíble colección de traje junto con una corbata roja. Le quedaba bastante bien, y parecía muy exquisito en el trato de la moda. Killian sonrió, mientras que respondía a la pregunta que Natsu le había hecho:

- Nuestro objetivo es Loguetown, ciudad del Inicio y del Fin. Bajaremos para repostar nuestros alimentos y descansar, así como para pasar un buen rato entre amigos - Dijo el pelinegro, sin apartar la vista del mar. Desde que había entrado en la academia de navegación, siempre le habían dicho que tuviera demasiado cuidado con las mareas, puesto que el agua es siempre traicionera y uno no se puede fiar de ella.

El compañero parecía mostrarse aburrido, aunque cabía decir que, para alguien que no fuera un navegante, los viajes por el mar podían resultar muy cansinos si no se tenía algo con lo que entretenerse, lo cuál era su caso. Manteniéndose cerca de sus dos mascotas, Night y Fenrir, el compañero del señor Jones simplemente esperaba a que la diversión llegase a sus cuerpos. Minutos más tarde, la isla que habían escogido como destino aparecía delante de sus narices, preparada para que ellos desembarcasen en su puerto. Y eso es lo que hicieron, controlando el sistema de movimiento de su pequeño navío, haciendo que las corrientes de agua y la leve brisa marina los llevasen directamente hacia el muelle de Loguetown. La noche había esparcido su manto oscuro por el cielo durante el transcurso de aquella travesía, y unas cuantas estrellas a modo de pecas aparecían para avisar que era la hora de las jugarretas. El puerto se posó ante sus narices en menos tiempo que canta un gallo, y no tardaron demasiado en soltar el ancla para amarrar bien el barco a la superficie marina, con unas sogas de esparto bastante resistentes.

Mas algo imprevisto les estaba esperando en la pasarela de madera que conectaba el puerto con el muelle. Un marine, que intentaba dar la voz de alarma de su supuesta llegada. Corriendo hacia el borde del barco, intentó detenerle, pero alguien se le había adelantado con tiempo suficiente. Natsu ahogó al enemigo con su arma, consiguiendo que exhalase su último aliento antes de morir. Deshaciéndose posteriormente del cadáver, ambos piratas dejaron allí su transporte y comenzaron a pasear por las calles de la ciudad, mientras que Killian le comentaba a su amigo:

- Me preocupa porqué ese marine haya querido dar la voz de alarma. No es suficiente tarde como para que nuestra llegada sea inoportuna, y que yo sepa ninguno tiene recompensa por su cabeza todavía ... - Decía el chico, cruzando los brazos por debajo de su pecho, adquiriendo una posición pensativa. Lo que no sabía, es que ambos tenían una recompensa por su cabeza de 65.000.000 de berries, y que se habían vuelto famosos en el East Blue.

Con el paso del tiempo, llegaron a una especie de club nocturno, que también servía copas y hacía "espectáculos variados". Entrando en aquel lugar lúgubre, de luz oscurecida, la música de ambiente resultaba algo "excitante". Sentándose en una mesa, una camarera de ropajes apretados y marcando "cacha" llegó hacia su zona, pidiéndoles algo de beber. Fue el pelinegro el que habló por ambos, dirigiéndole una sonrisa a la camarera:

- Tráenos una jarra de cerveza a cada uno, que esté bien fresquita. Nos vendrá bien para empezar la noche - Sonrió, diciendo esas últimas palabras mientras miraba de reojo a Natsu.

Cerca de ellos había un escenario, cuyas cortinas se destaparon, mostrando unas barras verticales sobre las que "jugaban" chicas ligeras de ropa. Habían llegado a un local de streptease, donde las señoritas que trabajaban íntegramente empleaban sus cuerpos como contenedores y recaudadores de dinero. Mucha gente era aficionada a ir a aquellos lares a pasar un buen rato, bien fuera a tomar una copa o a interaccionar con las chicas que movían sus cuerpos de una forma en que un hombre no podía pensar que fueran capaz. Apoyando una de sus blanquecinas manos en el hombro de su compañero, se alegró en cuanto vio las dos jarras de cerveza acercarse a lo lejos, hasta que fueron depositadas en la mesa. Entonces fue cuando dijo, tomando su bebida correspondiente:

- Brindemos Natsu, esta noche no la vamos a olvidar en mucho tiempo ...

Alzando su copa con la mano derecha, esperando a que el amigo hiciera lo mismo. Un brindis sería lo adecuado para abrir esa noche de pasión, lujuria y erotismo. Una noche en la que podrían descontrolarse y hacer algo diferente de a lo que estaban acostumbrados. Tanto pelear contra la Marina y el Gobierno, huir de ellos, esconderse, etc. Era algo que frustaba mucho, y un día relajante como el que pasarían en breves instantes no les vendría nada mal.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Miér Sep 04, 2013 9:51 am
Tras ver a la camarera y recapacitar un poco, el traje que llevaba era para prácticas sadomasoquistas y si yo fuera un perro, ahora estaría moviendo la cola como uno. Killian pidió por los dos, una jarra de cerveza para cada uno. Cuando ya tuvimos las jarras de cerveza en la mesa, él tomo la suya diciendo que hiciéramos un brindis. -Está bien.- Le dije mientras cogía la mía brindaba con la suya. Desde el día en que nos colamos en esa marina, que nos habíamos hecho grandes amigos.

Habían chicas ligeras de ropa que se movían en unas barras, de una forma que cualquiera, no podría hacerlo, seguro era uno de esos bares donde habían stripers, esas chicas que se ganaban la vida haciendo cosas como satisfacer el placer de los hombres. –Sé de alguien que se pondría celoso si me viera.- Dije riendo mientras tomaba un sorbo de la cerveza y miraba a Killian y de vez en cuando a las stripers. Pero me fijaba mas en las camareras, con esos trajes de sadomasoquismo que llevaban me llamaban la atención.

-Por un día de relajación no pasara nada, por cierto, sobre lo que has dicho antes en el puerto de que en teoría no teníamos recompensa por la cabeza, pues... He visto unos carteles en los que salimos tú y yo. 65 millones cada uno- Dije mientras le daba otro sorbo a mi jarra de cerveza y veía una puerta al fondo del lugar donde ponía "prácticas bdsm". Mi mirada no se podía apartar de esa puerta, tenía muchas ganas de entrar y ver que era lo que había allí dentro.

-Oye, ¿te parece si entramos a ese sitio? Podría estar bien...- Le dije a Killian mientras tomaba otro sorbo de mi jarra de cerveza. Luego, volví a tomar otro sorbo de mi jarra mientras, esperaba a que mi compañero dijera algo antes de ir yo a esa sala, aunque yo no escuche lo que decía, me terminé mi jarra de cerveza, me levanté de la mesa y empecé a encaminarme hasta la puerta, luego la abrí y observé la sala detenidamente, y no estaba nada mal que digamos.

La sala tenía las paredes, el suelo y el techo blanco, del techo colgaban cadenas y grilletes, en las paredes había para esposar a gente y luego en una alfombra roja que estaba en el techo habían látigos, fustas, velas y mas cosas típicas de eso. Habían mujeres con el traje de de cuero, también habían trajes de cuero apretados, tanto por hombres como para mujeres y ya había gente disfrutando del placer de sentir dolor. Era increíble, no se encontraba un lugar como ese todos los días.

Ahora mismo parecía un niño al que le llevaban por primera vez al parque de atracciones de lo emocionado que estaba. La pregunta era que probaba primero, quería probar toda y cada una de las cosas de esa sala, sin excepción.
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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 10:27 am
Tras aquel improvisado brindis, el pelinegro se llevó la jarra de cerveza a los labios, dejando caer en el interior de su garganta la cerveza que esta contenía. Aquel líquido le sentó de maravilla, puesto que hacía tiempo que no tomaba un trago, y la mar era algo que resecaba hasta la boca más húmeda. Su nuez del cuello subía y bajaba con cada trago que daba a aquella jarra que habían pedido ambos, mientras que Natsu se mostraba un poco preocupado, afirmando que una persona se pondría celoso si le veía en aquel lugar y con aquellas intenciones. Con una grata sonrisa en los labios, Killian dejó su copa encima de la mesa, mientras tomaba por el hombro a Natsu y le revolvía el pelo con la mano libre, atrayéndolo hacia él. Fue entonces cuando le dijo, clavando sus incoloros ojos en los del chico:

- No me habías dicho que tenías alguien especial, qué calladito te lo tenías - Comentó entre leves carcajadas, para luego relajarse un poco y volver a tomar aquella posición anterior. Se alegraba de que su amigo hubiera encontrado a alguien que quisiera de verdad, pero también se lo podía haber dicho antes de que llegasen a aquel club nocturno. A lo mejor él no tenía ganas, pero se mostraba ciertamente atraído por todo lo que había allí dentro. ¿Y quién no lo estaría? Era el paraíso, en cierto modo.

La conversación prosiguió, mientras que ambos bebían y debatían sobre distintos aspectos de sus conversaciones. Fue el compañero el que le comentó a Killian que, antes de ser revolucionario, había sido pirata. Tras un tiempo, llegó a pensar de una forma distinta, hasta que eligió su camino. "Puede que este pequeñajo tan agradable sorprenda al mundo en un futuro", pensó, mientras que hacía dar vueltas a su jarra encima de la mesa. Volviéndola a tomar con una única mano, dio otro sorbo mientras se fijaba en cómo una bailarina les guiñaba el ojo desde la barra de striptease, contorsionándose alrededor de esta y usándola para mostrar su cuerpo a los que estaban allí dentro. Él lo tomaría como un reto, como si ella estuviera deseando encontrarse con alguno de ellos y darles caña de la forma en que se dejaran. Y cuando menos se lo esperaba, la jarra de Natsu se encontró vacía en la mesa que ambos compartían. Decía de ir a una habitación en especial, no demasiado lejos de su posición. Con un asentimiento de cabeza, el pelinegro tomó con una sola mano su jarra y la alzó hacia su boca, vaciando el contenido en cuestión de unos cuantos segundos. Tenía una verdadera resistencia a la cerveza, pero no al whisky u otros productos más alcohólicos. Para él, aquella cerveza no era más que un vaso de agua un poco más agrio. Pero le encantaba su sabor.

Y cuando todo estuvo listo, los dos se levantaron y recorrieron la sala para adentrarse en aquella habitación que Natsu había señalado con anterioridad. En la puerta ponía mediante un letrero "BDSM", mas el pelinegro no conocía el significado de las siglas. Durante la caminata hasta la puerta, sus ojos se volvieron a encontrar con los de la misma bailarina de antes, que le miraba con ciertos matices tristes. ¿Acaso no quería que el pelinegro se alejase de ella? Era una clara ocasión para seducirla, eso estaba más que claro. O simplemente, ella lo que quería era sacarle el dinero en privado. De cualquier forma, Natsu ya había abierto la puerta y los ojos del pelinegro se redirigieron hacia allá, por simple curiosidad. En el interior, había tanto hombres como mujeres, vestidas de cuero negro y con ciertos utensilios extraños. Alguno que otro estaba atado con cuerdas, encima de una silla sin poder moverse, mientras que su "señor" o "señora" trabajaba encima de ellos, bien fuera por el método tradicional o uno más violento. Nada más verlo, Natsu parecía haber entrado en el cielo, haber encontrado el lugar de sus sueños. Por el contrario, Killian parecía un niño asustadizo con aquellas cosas, así que se acercó al oído de su compañero y le dijo, intentando escaquearse del marrón en el que se podía meter si daba un paso adelante:

- Ey Natsu, yo mejor te espero en la mesa. Me voy a ligar a una de las bailarinas. Tú vuelve cuando hayas terminado, y no les des muy fuerte... Creo que les gusta - Comentó con una sonrisa de medio lado el ex-noble, retrocediendo sobre sus pasos y volviendo hacia la zona de las mesas y las barras de striptease.

Pero no se sentó en la misma mesa que al principio, sino que mucho más cerca de las barras. Había una mesa libre, y volvió a pedir otra jarra de cerveza, para paliar el calentón que le estaba entrando con aquellos bailes tan sensuales. La chica con la que ya había cruzado miradas anteriormente volvió a sonreírle, mientras que se bajaba de aquel lugar e iba por las pequeñas escaleras hasta llegar a las mesas. Las otras muchachas que compartían escenario con ella hicieron lo mismo, recorriendo las mesas con cuidado y hablando con los clientes. Llegando con un guiño de ojos, la bailarina pasó los brazos detrás del cuello del pirata, sentándose con mucha gracia encima de sus rodillas.

- Pensé que te ibas a ir sin decirme nada, esa habitación no está hecha para ti. Yo sé que es lo que quieres - Le comentó la bailarina, aquellas últimas palabras como si de un susurro se tratase en su oído.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Miér Sep 04, 2013 10:57 am
Killian no parecía que le atrajese mucho esa sala, así que bueno, yo solo podía respetar sus gustos al igual que él los míos. Así que bueno, haría lo que quería , es que era tan tentador, que no podía resistirme, pero aun así, solo me iba a dejar atar y azotar, nada más. -Señor, ¿quiere que le hagamos una sesión?- Dijo una de las chicas que estaban allí con trajes de cuero, la cual tenía los ojos azules y el pelo rubio.

-No se si debería...- Le dije rascándome la cabeza, mientras está me miraba con una sonrisa, cosa que me daba muy mala espina. -Señor, ¿le gustan los gatos?- Me preguntó, a lo que asentí con la cabeza, entonces, la chica me cogió del brazo y me llevo a un vestidor mientras me daba unas ropas. -Ponte la ropa de gato, y luego procederemos a hacerle esas cosas.- Dijo con una sonrisa, y la verdad, la ropa, me encantaba, me saqué la ropa que tenía y me puse esos boxers que parecían como piel de un gato, que no estaba hecha con la piel de un gato, las orejas, que eran negras, y una cola negra, además de un collar y una correa.

Salí de la habitación, y la chica me tomó de la correa mientras me daba un azote con el látigo en el torso, cosa que me encantó. -Los gatos van a cuatro gatas y no hablan.- Me dijo mientras me ponía una mordaza en la boca y yo me ponía a cuatro gatas, luego me miró mientras me agarraba del mentón. -Ahora me llevarás con tu compañero, ¿vale?- Me dijo mientras abría la puerta y me hacía salir, haciendo que fuera hasta la mesa donde estaba ahora Killian, con una chica.

La chica me rasco la barbilla, como si fuera una verdadera mascota mientras hablaba con mi compañero. -Oye, ¿como es que estás con un revolucionario?- Le preguntó riendo mientras me seguía rascando la barbilla, y si la cosa se ponía fea, pues no era normal que supiera que era un revolucionario. La chica me quito la mordaza para que pudiese hablar, durante unos minutos, pues a veces, uno sentía la necesidad de hablar estando con otra gente.

-Killian, ¿tu que dirías si me fuera a entrenar dos años?- Le pregunté, para que después la chica me volviera a poner la mordaza y siguiese rascándome la barbilla, parecía un verdadero animal. Y entonces, la chica pidió el licor mas fuerte que tuvieran con una sonrisa. -Me preguntó como sería un revolucionario borracho, seguro que será para reírse.- Dijo mientras reía y esperaba a que trajeran, el licor para hacer que me lo bebiese, aunque quien sabía lo que era capaz de hacer borracho, siempre que me ponía borracho, me volvía agresivo y a veces cambiaba a ser muy cariñoso.

La chica me quito la mordaza tan punto ya estaba en la mesa el licor que había pedido y me lo hizo tragar de golpe, no me gustó nada el sabor de ese licor, pero de golpe, veía dos Killians y el mundo me daba vueltas. -¿Porque hay dos Killians?- Dije mientras me iba a la sala bdsm y me ponía la ropa que llevaba, pero sin quitarme las orejas y cola de gato, estaba completamente igual que antes de entrar, pero con la diferencia de que llevaba las orejas y la cola de gato. -¡Killian, peleemos!- Le grité mientras le señalaba con el dedo, la gente nos miraba, viéndome a mí borracho y al otro chaval.
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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 11:29 am
Su perfume era cálido, como los primeros días de verano, una fragancia tórrida que entraba por los orificios nasales del pelinegro y le abrumaban considerablemente, haciendo que tuviera leves escalofríos en su espalda. Por otra parte, la chica rozaba sensualmente su cuerpo con aquellos finos dedos de seda. Su cuello, sus hombros, no se cortaba para nada tocando la muy agraciada. Aunque bueno, él se dejaba hacer todas esas cosas porque estaba un poco ebrio, sin llegar a estarlo completamente. La cara de la joven que tenía sentada en encima de sus piernas era completamente dulce, ¿cómo una chica como ella podía trabajar en lugares como aquel? A lo mejor no tenía suficiente dinero para mantener su casa y se empleaba de aquella forma para salir adelante. Sería un gran detalle. Fue entonces cuando notó que su espalda se había arqueado y dejaba posados sus labios sobre uno de los oídos del pelinegro, mientras que su voz empezaba a hablar lentamente, como si tuviera al pelinegro en sus manos y pudiera hacer con él lo que quisiera, sin riesgo a perderlo:

- ¿Sabes qué es lo que podríamos hacer tú y yo, guapo? - Preguntó socarrona, buscando la guerra que el joven pudiera darle. Y con una sonrisa ciertamente sensual, abrazó al señor Jones, entrelazando sus manos detrás de su nuca, dando un fuerte beso en la mejilla izquierda y dejándole la marca del pintalabios. Este no hizo otra cosa que sonrojarse, mientras que la chica reía encima de él.

- Sorpréndeme, preciosa - Contestó el chico, moviendo sus manos para rozar las piernas de ella, subiéndolas lentamente hasta la parte final de su espalda, posicionándolas ahí y realizando ciertas caricias circulares. Notaba como su pantalón le apretaba, y su respiración se animaba un poco, pero tal vez aquel no fuera más que un juego por parte de la bailarina de striptease.

Los labios de la chica se cerraron en torno a su cuello, mordiéndolo lentamente mientras que se contorneaba encima de él. El pelinegro echó la cabeza hacia atrás, de forma que ella pudiera hacer mejor lo que quería hacer. Fue entonces cuando, durante un instante de respiro, la chica se acercó a su oído y le susurró algo que únicamente él escuchó. La sonrisa que esbozó dio a entender que había sido algo que le había "calentado", por así decirlo, y que tendrían que llevar a un lugar más íntimo. Y de repente, una imagen sacudió su libido e hizo que su "alegría" se bajase, retornando a un estado inicial. Al otro lado de la sala venía Natsu con unas orejas y cola de gato. "¡PERO QUÉ ...!", pensó el pelinegro, mordiéndose la lengua. No había cosa que más le fastidiase que le cortasen el rollo de esa forma. Lo único bueno que tenía todo aquello, era que Natsu venía con una tía impresionante, toda llena de cuero y deseando ser mala. Ambos se acercaron hacia su posición y se sentaron con ellos en la mesa, a pesar de que el chico seguía estando a cuatro patas y era tratado como a un gato. La bailarina siguió en las piernas de Killian, abrazada a su cuello, mientras que pedían unas copas para paliar su sed.

En cuanto la trajeron, todos empezaron a beber, incluso el Natsu-gato atado con correa a la mano de la chica de cueros. La chica le preguntó en primera instancia que qué hacía con un revolucionario por aquellos lares, mientras que su amigo le preguntaba qué pensaría de él si se fuera entrenar dos años intensamente. Por otra parte, la bailarina seguía llenándolo de besos, abrazos, mordiscos leves por todas las partes de su cuello, cara y hombros, además de masajearle el pecho con cuidado. Su voz salió rauda y varonil desde su boca, intentando sorprender y agasajar a las dos hembras que tenía cerca de él:

- ¿Qué hay de malo en que un pirata se junte con alguien que busca la paz, aun con una mentalidad diferente? Antes era como yo, y no hay nada de malo en que nos tomemos unas copas juntos. ¿O sí? - Dijo, tomando su copa y haciendo un asentimiento de cabeza hacia la chica, para luego girarse hacia Natsu y comentarle con una sonrisa pícara. - Si te vas a entrenar y no me escribes una mísera carta, te iré a buscar allá a donde hayas ido y te daré un pescozón - Mientras que aquella sonrisa picaron se iba transformando en una carcajada parcialmente reveladora.

Tal vez fuera el alcohol del momento, o tal vez el chico tuviera poca resistencia a los sorbos largos como el que había dado, pero la cosa se complicó un poco, comparado con la tranquilidad anterior. Natsu comenzó a ver doble, seguramente porque el alcohol había nublado su juicio. Ahora quería pelear, y se levantaba con las orejas y cola de gato señalando al pelinegro. La gente que había alrededor profería alguna que otra risa, mientras que la chica de la sala donde había entrado Natsu intentaba tirar de la correa, amaestrándole, sin ser capaz de ello. Con un suave movimiento de mano, el hijo de la familia Jones apartó el cuerpo de la bailarina, para que pudiera levantarse.

- Dame diez segundos - Le dijo con la faceta seria. Irguió su cuerpo, y la mirada que portaba consigo era totalmente intimidadora. Una persona normal tendría miedo solo de recibir tal expresión, y muy pocos estarían dispuestos a enfrentarla. Los orbes incoloros estaban fijos en el chico-gato, con el ceño fruncido. Básicamente, su expresión quería darle a entender que no estaba para bromas, que tenía una buena presa a la que atacar, pero que no sería él. Apretó los puños y los cruzó por delante de su cuerpo. Su sola presencia imponía, y el ambiente se congeló en aquel establecimiento. Killian no bromeaba cuando ponía esa cara, y más de uno ya se había arrepentido de afrontarla.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Miér Sep 04, 2013 11:56 am
Después de decir que quería pelear con Killian, este no tardó mucho en levantarse e imponer su presencia ante todos los que estaban allí. Daba miedo. Estaba ebrio y con ganas de pelear, aunque esas ganas las tenía siempre, así que, no era nada raro. Pero bueno, Killian parecía que me estaba subestimando, cosa que me puso furioso. –Ahora verás.- Dije, estaba cabreado solo por el simple hecho de que él no había ido a por mí con toda su fuerza.

-Venga, peleemos...- Le dije serio, algo menos ebrio ya mientras desenvainaba mi látigo. Sabía que él no era moco de pavo, pero podía enfrentarme a él en contra de su propia voluntad con la excusa de que estaba ebrio. Estaba a punto de atacarle con un latigazo, hasta que una chica de cabellos rubios me gritó. -¡ Tendréis que pagar los desperfectos si lucháis aquí!- A lo que, me calmé, y no hice nada, simplemente me senté en la falda de la rubia.

No tenía mucho dinero, y si luchaba allí, a saber el destrozo que causaría, además, de que, era un día para relajarnos, no para hacer destrozos. Seguía sentado en la falda de la rubia mientras esta me tenía bien cogido de la correa, parecía que lo peor había pasado, pero eso solo era el comienzo. Mientras yo pedía un vaso de agua a una de las camareras para calmarme un poco, con las orejas y la cola, era el centro de atención de mucha gente, tratándome de lindo, cosa que hizo que mis mejillas se sonrojaran levemente mientras me tomaba el vaso de agua.

Pude escuchar que la gente decía no se que sobre que venía la marina, y estaban en lo cierto, un grupo de marines abrieron las puertas de ese sitio con los rifles preparados para disparar a alguien. -Estamos buscando a Natsu Sakagami y Killian Jones, sabemos que se encuentran aquí, no les ocultéis y no os pasará nada malo.- Dijo un recluta de la armada, hasta que me vio, con esas orejas de gato y cola de gato, cosa que no pudo evitar una risa y que me enfadará con aquel chico, mientras volvía a desenfundar mi arma y utilizarla, y lo último que vió ese recluta antes de empotrarse contra una pared fue mi látigo.

-Con que, ¿os parece divertido reíros de los gustos ajenos de los demás, eh?- Dije mientras volvía a preparar mi arma y me protegía con ella de la espada de otro recluta, para luego darle una patada y clavar su cabeza al techo. -¿Queréis más, o habéis tenido suficiente?- Les pregunté cabreado mientras les miraba fijamente a sus ojos. Si se atrevían a interrumpir en un lugar como ese y a las prácticas bdsm que a tantos nos gustaban, no se merecían una muerte placentera, si no, una dolorosa y cruel.
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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 12:39 pm
El ambiente se caldeaba por momentos, y era el chico-gato el que quería fiesta para su cuerpo. Los ojos incoloros del señor Jones relampaguearon al observar el estado en el que se encontraba su amigo. Tal vez el beber rápidamente no le hacía ningún bien, y tal como se presentaba la ocasión incluso podrían llegar a las manos. Chasqueando la lengua y reflejando en su faz una expresión de desasosiego, el chico de pelo negro dio unos pasos hasta que quedó enfrentado a su compañero. Sus pasos resonaron por la habitación, que se había quedado completamente en silencio y observando todos los allí sentados a los participantes de lo que sería una batalla en toda regla por los efectos del alcohol. El silencio fue cortado al crujir los huesos de sus nudillos, a la par que sus ojos se clavaban en Natsu y le decía, como si fuera más un aviso que un consejo de amigo:

- No te voy a dejar beber nunca más, señorito. Que luego al que le cae el muerto es a mí – Remangó las mangas de su camisa, de forma que quedaron al descubierto sus fuertes y fibrados antebrazos. Sus músculos estaban apretados, y podía notarse una ligera presión que hacía temblar los puños cerrados del navegante. Un buen golpe a tiempo estaría bien, pero no quería llegar a esos extremos. Aun así, Natsu había sido el que había empezado con todo el embrollo. Y Killian nunca se echa para atrás, nunca.

Los ojos incoloros del ex-noble se clavaban como si fueran colmillos de un tigre en el cuerpo de su amigo. Echando la mano derecha hacia atrás, se predispuso a ser el que tomara la iniciativa del combate, mas una voz les cortó, reafirmando que tendrían que pagar todo lo que destrozasen. Por si fuera poco, todos los allí presentes estaban flipando con las fuertes presencias que imponían su rango y poder, que habían mostrado, como si fuera una película de ciencia ficción. Una de las dependientas del bar se había mostrado para plantarles cara a ambos, mientras que un resignado Natsu enfundaba su arma. La furia contenida en el puño de Killian se relajó, hasta que volvió a dejarlo a un lado de su costado, tapando sus antebrazos con las mangas de la gabardina. Intentando regresar a su asiento, soplando con fuerza para calmar su tempranero enfado, el pelinegro movía la lengua por el interior de su boca, pasándola por las encías mientras que apretaba su mandíbula con fuerza, intentando relajarse. Su puño estaba totalmente duro, y su cuello agarrotado de la tensión. Sus labios se abrieron unos instantes, para luego comentarle de una forma un poco severa:

- Luego nos moveremos a una isla desierta, y ahí pelearemos todo lo que quieras. Pero contente para la próxima, sabes que podemos armar un buen escándalo si nos dejamos llevar. Y somos enemigos de la Marina y el Gobierno, así que no nos conviene - Apoyando su trasero en el filo de la mesa de madera donde estaba su bailarina coqueta y la chica rubia "dueña" de Natsu. Nadie hablaba por el momento, mas fue el mismo pelinegro el que intentó hacerlo.

Sin embargo, una vez que sus labios estaban preparados para romper el hielo, una bandada de reclutas de la Marina entraron con las armas en alto, alegando que iban buscando a Natsu y él mismo. El joven se levantó muy rápido, empotrando a dos marines rápidamente en las inmediaciones del club nocturno. El pelinegro se levantó rápidamente, haciendo señas con las manos a los que se encontraban tomando copas y las bailarinas, para que se retirasen de la zona y corrieran a las habitaciones. Una vez que la sala estuvo despejada, más marines comenzaron a entrar, mientras que el ex-noble remangaba de nuevo sus gabardinas y, tras ello, giraba para dar una patada de recorrido completo en la boca de un marine, cubriendo el suelo de sangre. Su mirada era más que oscura, a pesar de no tener pigmentación en sus ojos. Con la mano derecha, remató al enemigo que acababa de golpear, con un estruendoso puñetazo en la espalda, aprovechando que había caído. Sonó como si su columna vertebral se hubiera roto, y entonces el marine no volvió a hablar. Con una voz ruda, comentó:

- Vamos a jugar, Natsu.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Miér Sep 04, 2013 1:05 pm
Killian se unió a la pelea, pero esta acabaría pronto, quería seguir bebiendo, aunque Killianme hubiera prohibido el seguir bebiendo. Lo que me seguía enfadando, era que esa gente hubiese entrado justo cuando estábamos disfrutando de una noche de lujuria y esas cosas, así que sin pensármelo dos veces, me lancé hacía los marines, los cuales eran acribillados por los puñetazos y patadas de Killian y derribó a uno. Fueron los diez minutos más largos de mi vida, pero hubo tanta acción que hasta los clientes aullaron de pasión. Volaban golpes, los cuerpos se empotraban contra el suelo y los bienes materiales, hasta que todo terminó. Unos cuántos cuerpos estaban en el suelo, vestidos de blanco y azul, e inconscientes.

-Ale, ya se acabo todo... menos mal...- Dije mientras era tironeado de la correa por aquella rubia mientras me daba con una fusta en el culo, cosa que hizo que mis pantalones se apretaran mas de lo que estaban. -¿Te gusta, minino?- Dijo mientras seguía azotándome y la gente ya volvía a sus asientos y las stripers a hacer su trabajo. Pero aun así, aun quedaba un marine con vida, el cual venía hacia mí después de que nadie se diese cuenta, pero le di una patada con mi pierna e hice que se cargará parte del techo, además de un jarrón que parecía muy caro de la trayectoria que tomo el marine.

-Algo me dice que la acabo de liar...- Dije mientras me soltaba de la rubia y me iba silenciosamente hacía la puerta, pero aquella tía me cogió del cuello de mi camisa mientras me lanzaba al cuarto del bdsm y decía que ayudara en todo lo que pudiera. Sin duda, me había metido en un lío, uno de los gordos, y uno de los que menos me esperaba tener. Me acerqué a una de las chicas de allí con esos trajes de cuero apretado mientras le miraba a los ojos sin mostrar expresión alguna. -Me han enviado aquí para ayudar, por culpa de romper un jarrón.- Le dije mientras daba un suspiro, aunque observando esos trajes de cuero.

-De acuerdo, ponte un traje de esos de cuero y pasea alguno de los clientes, como si fueran mascotas, cualquier problema dímelo, ¿vale?- Me contestó bien amable la chica mientras me ayudaba a ponerme uno de esos trajes de cuero, pues no estaba acostumbrado a llevar uno, aunque me gustaba llevarlo en ese instante. Cogí a la primera chica que vi, tenía el pelo negro y largo, además de unos ojos negros, iba ligera de ropa y le puse las orejas y cola de gato que antes llevaba yo, a la vez que el collar y la correa y me la llevaba a la mesa donde estábamos, a la vez que le colocaba una mordaza, no sin antes, darle un beso en sus labios, saboreando cada parte de los mismos.
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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 1:36 pm
Una vez que derrotó al primer enemigo con aquella combinación de golpes, decidió que los demás tendrían que ser las presas de Natsu, por lo que se apoyó en una mesa y simplemente esperó a que el chico terminase. Aunque tuvo que esquivar una o dos veces, y terminó por retorcer el brazo de un enemigo que quedó chillando en el suelo. Mucho de hablar, pero luego a la hora de verdad eran unos soldados que no valían para nada. "Como la Marina solo tenga soldados de este tipo, la vida del pirata se va a tornar muy aburrida", pensó con una mueca de decepción el pelinegro, bajando las cejas en una expresión de pesar. Cierto era que la diversión de una persona dependía de algún modo de los obstáculos que se le pusieran por el camino. Por ejemplo, el pelinegro siempre estaba buscando alguien mejor que él para poder superarse, pero viendo que aquellos marines caían como si de un soplo de aire se tratase, no podía hacer otra cosa que bostezar.

Una vez que cayeron todos, revisó hacia los lados para ver que no hubiera ninguno escondido, dando el aviso de que todo había terminado. Pronto, todos los que se habían escondido regresaron a sus puestos de trabajo y a las mesas de observación, reanudando el espectáculo mientras que los guardaespaldas de la puerta apilaban los cadáveres en un cuarto que conectaba con el basurero. Mientras tanto, el pelinegro se acercó a la bailarina, tomándola de una de sus manos para clavar los ojos incoloros en su rostro, momento en el cuál sus labios se abrieron para empezar a hablar:

- Acabamos de matar a un grupo de marines, y todo sigue como si no hubiera nada. ¿Qué estáis ocultando? ¿O es que el asesinato es tan común para vosotros que ya no os conmueve? - Preguntó Killian, al cual le había chocado un poco no ver ninguna reacción sentimental por parte de aquellas personas, que habían aceptado con buena cara que Natsu y él hubieran terminado con la vida de un importante grupo de reclutas.

- Este club está mal visto por la Marina. Como nos negamos a pagar los duros impuestos que nos obligan a dar, nos tienen entre ceja y ceja siempre. Es más, ya ha habido peleas otras veces, solo que fuera del establecimiento. Y la mayoría de los trabajadores del club nos hemos criado en una infancia bastante mala, por lo que un asesinato no es gran cosa para nosotros – Respondió la chica, pasando los brazos por el cuello del pelinegro y quedándose abrazada a él, pegando su cuerpo al suyo. Como estaban sentados en la silla, ella se colocó otra vez sobre sus piernas, mientras que los brazos del señor Jones la rodeaban para que no cayera.

Tras aquello, un nuevo marine salió de un lugar inesperado, lanzándose a por Natsu para matarle. Todo fue muy repentino, y el pelinegro ni siquiera tuvo suficiente tiempo para reaccionar. Sin embargo, su compañero le destrozó de un buen golpe, mandándolo a volar y rompiendo algunas pertenencias del club nocturno que parecían ser valiosas. Llevándose una mano a la cara, el ex-noble movió la cabeza negativamente, como si lo que hubiera hecho su compañero hubiera estado mal. Hubiera preferido que lo noqueara directamente, pero no que lo mandase a volar de aquella forma. "Como esa rubia le diga de devolverle un favor, temo lo que le pueda pasar al chico", pensó el pelinegro con una posible sonrisa. Se imaginaba a su compañero haciendo lo que ella decía, y era ciertamente gracioso.

Como si hubiera sido una previsualización de lo que pasaría, la chica rubia se llevó a Natsu a la habitación de donde la habían sacado. Seguramente iría a darle un buen castigo, un azote en el culete, o algo más "inimaginable". Conociendo la imaginación que tenían aquellas personas, no podía dudar de que pudieran hacer cosas muy raras para enmendar el error que había cometido Natsu, el cuál seguía a su doncella con presteza y ganas de hacer lo que tuviera que hacer. El derecho le llamaba, y era imposible que escapase de él, ya que algo roto debe compensarse con una acción a favor. Devolviendo su mirada hacia la chica, sonrió y le dijo con una voz masculina propia de él, únicamente hablando en cada espiración, para que la voz se tornara más grave y seductora:

- Bueno, preciosa, ¿por dónde íbamos tú y yo? Creo que me estabas diciendo algo al oído que me gustaría mucho llevarlo a cabo - Comentó, mientras que sus incoloros ojos regalaban un guiño a la señorita que tenía sentada encima suya. Sus manos se deslizaban por sus caderas hasta rozar sus glúteos, dando unas pequeñas palmadas y apretando un poco con sus manos. La respiración aumentaba por momentos, y ambos sabían cómo iban a acabar aquella noche. No hacía faltar ser un genio para pensar que lo harían.

Calentando un poco el ambiente, y pensando únicamente en ellos dos, la chica tomó a Killian por su mano derecha, levantándose y tirando de él para ir hacia un lugar en especial. Pasando por distintos corredores, llegaron a una habitación en la que se podía leer en la puerta Sweet Room, abriéndola para pasar a su interior. Cerrando la puerta, ambos personajes se dejaron llevar por sus sentimientos, mientras que de camino a la cama, el pelinegro comenzó a retirar la ropa de la chica entre tímidas risas que ambos aportaban a la situación.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Miér Sep 04, 2013 3:09 pm
Cuando llegué a la mesa donde antes estábamos, vi que Killian no estaba, así que debía de estar en pleno acto entonces. -Oye, gata, llévame hasta una sala donde poder hacer aquellas cosas sin que nadie interrumpa.- Le dije mientras le tironeaba de la correa, y esta, de cuatro gatas, iba pasando por unos cuantos pasillos, hasta llegar a una sala que decía Sweet Room. Por el camino, ya había ido quitando parte de la ropa a la chica, dejándola solo en ropa interior y haciendo que el traje que llevaba yo, me apretara mas en cierta zona.

Abrí la puerta de la sala y entre dentro, observando a mi amigo y a la chica con la que estaba, en pleno acto, cosa que hizo que tanto yo como mi "mascota" nos ruborizáramos. No sabía si ruborizarme por como iba vestido yo, o por haberle visto haciendo eso. Le quite la mordaza a la chica para que me dijera que hacer, la cual solo me dijo que lo hiciera en ese mismo sitio, al haber siempre tantos problemas con esa habitación, no había ningún problema en que hubieran dos parejas, fueran del tipo que fueran.

Señalo incluso una cama que había al lado de en la que estaban Killian y su pareja, cosa que no sabía que decir, así que solamente, tiré a la chica a la cama y me puse encima de ella, mientras le besaba con pasión en sus labios, quizás, lo hacía por que estaba ebrio, o quizás, porque quería hacerlo simplemente. Seguía besando a la chica mientras que con mis manos le acariciaba algunas partes de su cuerpo. Ahora esperaba que no le incomodase a Killian que hiciera esas cosas en la misma habitación.

Espose las manos de la chica a unos barrotes de la cama, con unas esposas que llevaba colgando de una de las correas de mi traje de cuero que llevaba, para luego proceder a lamer su cuerpo, por todas partes, como degustando cada sabor de su cuerpo haciendo que los dos nos excitáramos más de lo que estábamos ya.
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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 4:00 pm
El ambiente se caldeaba por momentos, y la pareja de exóticos personajes deseaban en cuerpo y alma poseerse mutuamente. Encerrados en aquella habitación, ambos disfrutaban de una buena relación. La ropa estaba tirada por los suelos, mientras que sus cuerpos se ocultaban bajo las sábanas de aquella cama, dejándolo todo a la imaginación de sus movimientos. Entre susurros, el joven decía al oído de la chica algunas frases, mientras que esta última arañaba la superficie de la espalda de Killian con sus uñas perfiladas. Ambos disfrutaban, resumiendo, de aquel movimiento que era tan característico cuando la pasión se hacía visible. El sudor comenzaba a hacer acto de presencia, las bocas se abrían jadeando más de lo normal, los párpados caían por el notable cansancio. Pero ninguno de ellos quería parar, y no lo harían de ninguna forma. Justo cuando ambos estaban a punto de llegar al clímax, la puerta se abrió de golpe, entrando Natsu y la chica rubia como si estuvieran paseando por su propia casa. Una vez en el interior, se metieron en una cama e hicieron lo mismo que los otros dos. Sin embargo, hay que mencionar que Killian es muy tímido para esas cosas, y que prefiere no tener a nadie a su lado cuando está en ello. El carácter del pirata salió a flote en ese mismo instante, parando de moverse encima de la chica mientras lanzaba una dura mirada de ojos incoloros a su compañero, para decirle casi enfadado:

- Natsu ... ¿No teníais más habitaciones para hacerlo que esta? Me estás cortando el rollo, joder - Claramente, no podía satisfacer a su dama si tenía a su amigo al lado. ¿Y si le había visto "todo"? ¿Qué pensaría de él? De sinceridad propia, el chico se lo comentó. - ¿Y qué pasa con tu supuesto amante, eh? ¿Crees que se merece que le hagas esto? – No conocía su nombre por lo que él le había contado sobre dicha persona.

Dijo, terminando su relación con la joven bailarina, que tampoco era capaz de concentrarse con el mal rollo que se había levantado de un momento a otro. Las venas del cuello y de los brazos del señor Jones se encontraban en tensión, mientras que su boca realizaba un gesto de menosprecio. No le había gustado nada que lo interrumpieran de aquella forma, aunque el chico no tenía la culpa de no saber dónde estaba su amigo. Sin más, dándole la espalda a Natsu, para que no viera sus partes "íntimas", se vistió junto a su pareja y salieron de la habitación. Con el ceño fruncido, el pelinegro paró unos instantes en el marco de la puerta de la Sweet Room, apoyando uno de sus brazos en él y suspirando largo y tendido, mientras que le volvía a comentar, esta vez con un tono un poco más agradable:

- Te espero en las mesas, termina lo que tengas que acabar ... Y que sea la última vez que te metes en una habitación conmigo mientras estoy con una chica - Comentó, pasando por debajo del marco y agarrando el pomo de la puerta, cerrándola y dejando a aquellos dos individuos dentro. Por su parte, la bailarina le volvió a tomar de la mano, llevándoselo del lugar rápidamente. Ambos habían quedado un poco insatisfechos, pero no podrían haber hecho nada para adivinar que esa posible situación acabaría ocurriendo.

Volviendo a atravesar los mismos corredores por los que habían llegado a la habitación, retornaron hacia la sala de las mesas y las barras de striptease. Allí, la diversión seguía por todo lo alto, mientras que las copas iban y venían en cuestión de segundos. Fueron a sentarse a la misma mesa en la que habían estado antes, que por suerte seguía vacía. Pidieron unas copas, y bebieron juntos durante un buen rato. Conforme el espectáculo seguía, los clientes eran cada vez más exigentes, llegando incluso a pedir que las chicas se quitaran la parte superior de sus prendas íntimas. La mayoría negaba, y ellos abucheaban entre risotadas de borrachos. El momento culmen llegó cuando un imbécil se encaró hacia Killian, diciéndole con una voz asqueada y más que prepotente, cosa que detestaba el pelinegro:

- Deja de acaparar a la chica, mariconazo. Que suba ahí arriba y trabaje un poco, que para lo que pagamos ya debería estar enseñando las tetas - Comentó el hombre, haciendo aspavientos con sus manos y señalando a la joven bailarina que estaba sentada en el regazo del ex-noble. Esta inclinó la cabeza, e hizo ademán de ir a levantarse en unos segundos, pero fue el pelinegro el que la retuvo, haciendo que se volviera a sentar en la silla mientras él iba hacia el hombre que había hablado.

Una vez que estuvo a su altura, los dos personajes se enfrentaron cara a cara, mas el pelinegro fue el más rápido de los dos. Extendiendo su mano derecha, se acercó todavía más a aquel detestable ser humano, apresando al hombre por el cuello y alzándolo unos pies del suelo. El hombre pataleaba, pero no podía hacer nada para desasirse del poder de Killian. Instantes más tarde, el chico aflojó su poder para que el hombre cayera al suelo, volviendo con su preciosa compañera mientras que le decía de reojo, con unos orbes completamente llenos de ira:

- Una sola interrupción más, y desearás no haber nacido.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Miér Sep 04, 2013 4:27 pm
Killian se cabreó y me miro, casi enfadado, mientras me soltaba un sermón, me sentía arrepentido por mi comportamiento. Y además, por culpa de que estaba algo ebrio, casi me olvidó de mi amante, en ese instante, quería que la tierra me tragase. Desaté a la chica sin haber acabado de hacer nada, mientras la cogía del collar. -Lo siento, pero solo soy de una persona.- Le dije mientras abandonaba la habitación y a la chica en ella, lo primero que hice cuando salí de allí, fue darme un golpe en la cabeza contra el pasillo, haciéndome una herida en la cabeza.

Volví a golpearme esta vez aun mas fuerte, aun no me creía que hubiera estado a punto de ponerle los cuernos a mi amante. La sangre seguía surgiendo de mi cabeza, eso hizo que una de las empleadas del lugar, me parara y me llevará a una habitación para curarme las heridas que me hice, los pasillos eran todos iguales, además de que la sala donde estaba, había una cama blanca, una estantería con varios utensilios de medicina y las paredes eran blancas. Me vendaron la herida con unas vendas y entonces salí de la sala, acompañado de la empleada, la cual me guió hasta la sala principal.

Me senté en la mesa donde estaba Killian, algo mareado, pues la empleada tardó bastante rato en encontrarme y cuando lo hizo, ya había perdido bastante sangre. -Yo solo beberé agua ahora...- Dije mientras me sentaba y veía como un borracho se acercaba a Killian, discriminando a la chica que estaba acompañando a Killian, desde mi punto de vista, y fui el primero en hablar con ese tipo. -Oye, como te atrevas a decir otra gilipollez más, sentirás el filo de mi arma en tus carnes.- Mi mirada daba miedo en ese instante, nadie se hubiera imaginado que fuera capaz de decir algo como eso, y aun menos de hablar de esa manera.

El chico ni se asusto, así que ni siquiera esperé a que viniera alguien a calmar la situación, le até con el látigo que llevaba colgando del traje y después lo lancé hacia el techo, para luego dar un salto y pegarle con mi rodilla en su cara, rompiéndole su nariz, esta vez, me aseguré de que no había nada de valor cerca que pudiera destrozar. -La próxima vez, te mataré, y da las gracias, que no tuviera una espada a mano en este momento.- Le dije mientras le pisaba la cara con fuerza, rompiendo aun mas su nariz.

Volví a mi asiento y esperé a que viniera una de las camareras, a la cual le pedí un poco de agua, aun seguía algo malo por culpa de los golpes de la pared, pero antes de que Killian dijera nada dije yo mismo. -Creo que algún día me teñiré el pelo de otro color, que combinaría mejor con mis ojos.- Dije mientras esperaba a que viniera la camarera, la cual vino al cabo de poco rato y me dio el vaso de agua, del cual bebí un poco. -Si se que llega a pasar eso, no me hubiera emborrachado...- Dije mientras bebía agua arrepentido de mis anteriores actos.
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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 5:03 pm
De vuelta en su mesa, tras haber intimidado al hombre que discriminó injustamente a su pareja de aquella noche, todo pareció volver a la normalidad. Las copas iban y venían; los bailes, a los cuáles él no prestaba atención, seguían su curso en las barras verticales; y el ambiente mejoraba poquito a poco. La chica, con la cual Killian había establecido una estrecha relación en aquel club, pasó de sentarse en las piernas de este, tal vez un poco reticente por su último comportamiento primitivo y violento con el hombre que le había encendido los cables, tomando una silla y colocándose a su lado. O simplemente, tal vez se hubiera cansado de estar encima de él, para no cansarle. Preguntas cuya respuesta no sabría nunca, pues si las preguntase no podría dar fe de si lo que decía su chica sería verdad o mentira. Sin embargo, ambos seguían allí, y ella no había mostrado intenciones de irse de su lado. Con una pequeña sonrisa en sus labios, ambos pasaron las manos por encima de la barra, hasta que estas se encontraron en un punto medio de ella. Sus dedos se entrelazaron con cuidado, y los ojos de los dos eran sinceros y cristalinos. El contacto visual no solía desaparecer, y si lo hacía, era simplemente para que el otro pudiera fijarse en otra cualidad de su pareja: su pelo, su piel, sus rasgos faciales. El silencio se sumía en el ambiente, únicamente cortado por la música de fondo que daba algo de ritmo a las chicas que trabajaban, recibiendo los pervertidos piropos de los que allí se encontraban. Fue entonces cuando ambos empezaron a hablar:

- Todavía no me has dicho tu nombre ... - Comentó el pelinegro, acariciando suavemente las manos de su pareja, entornando un poco la cabeza hacia el lado derecho, como si estuviera esperando a que ella le diera la respuesta. "Debe ser un nombre precioso", se guardó para sí mismo, pensándolo interiormente.

- Nunca he dicho que te lo fuera a revelar - Misteriosa, críptica y con una gran sonrisa en su expresión. No pudo hacer otra cosa que soltar una nimia carcajada, llevándose una mano a la boca, como toda señorita que era. Guardaba mucho para sí, pero había decidido acompañar a Killian a la Sweet Room incluso antes de decirle su nombre, cosa que le chocaba. ¿Escondería algo?

Él no era quién para solicitar el nombre de la chica si ella misma no quería decírselo. Por propias experiencias, el tiempo le había dado a entender que a ellas no les gustaba ser presionadas, solo las agobiaba más. Por tanto, como todo buen caballero, el joven de lacio pelo oscuro simplemente lo dejó estar, sin preocuparse. Con el tiempo, ella misma sería la que se lo dijese, sin que hiciera falta preguntárselo primero. Y volviendo a la realidad, antes de poder abrir su boca para hablar otra vez, era Natsu el que entraba a escena, con la cabeza vendada. ¿Se habría hecho alguna herida o simplemente la llevaba por moda? De todas formas, eso sí que lo averiguaría pronto. Una vez que se sentó a su lado, y tras pedir un poco de agua, fue el pelinegro el que le dijo:

- ¿La mujer era demasiado dura? ¿O el arrepentimiento te carcome la conciencia? - Preguntó seriamente el ex-noble, sin la más mínima intención de dañarle psicológicamente, solo quería saber cómo se encontraba. Tal vez lo hubiera pasado tan mal que habría llegado al extremo de auto-lesionarse para paliar el dolor de su corazón. Puso una mano en su hombro, acariciándole tranquilamente mientras le sonreía. - Sé que habrás hecho lo correcto, Natsu - Dedicándole una de sus miradas más puras, para que no se sintiera incomprendido.

Todos los hombres tenían su época de desfallecimiento amoroso, o tal vez el mismo alcohol fuera el que produjera aquel comportamiento en el chico. De todas formas, él sabía que era un chico fiel, y que asimilaría lo que había hecho mal para compensárselo con creces a su amado. Instantes más tarde, el recién vendado pegaba un brutal rodillazo al hombre que había discriminado a la bailarina de Killian, con un perfecto combo de sus habilidades. Él no dijo nada, pero claramente era algo que podría haberse obviado, pues él mismo se había encargado de callar la boca del asqueroso hombre. Cuando volvió a la mesa su compañero, le dijo que tal vez se tiñera el pelo de otro color, ante lo que el señor Jones no pudo hacer otra cosa que soltar una tremenda carcajada, la cual duró un minuto, y durante la cual unas lágrimas de alegría cayeron por los resquicios de sus orbes. Entonces, cuando se hubo tranquilizado un poco, le dijo a su amigo:

- No querrás parecerte más a mí, ¿no? Ten en cuenta que el negro no es algo que se pueda tener así como así, el negro es un estilo de vida - Dijo con una voz agradable, señalándose con uno de sus blanquecinos dedos el pelo que caía en mechones oscuros desde lo alto de su cabeza. Imaginándose el rostro de Natsu con el pelo negro, dedujo que no le quedaría nada mal, pues los colores oscuros siempre hacían relucir las facciones de la cara. Pasando las manos detrás de su espalda, respiró de forma honda hasta que se serenó completamente. Fue entonces cuando, con un tono un poco más triste de lo normal, le comentó. - Natsu, creo que ya es hora de irnos de aquí - Observando la mirada triste de la chica con la que había pasado la noche, pero no podían hacer otra cosa. Un pirata no se ataba en vida a algo o alguien, a no ser que compartiera su oficio. La vida dura del mar, esa era la vida que habían elegido ambos.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Miér Sep 04, 2013 5:29 pm
Estaba avergonzado por mis actos, y no estaba demasiado tranquilo, al menos, hasta que Killian, me toco el hombro acariciándome la cabeza. Luego, cuando le dije lo de teñirme el pelo me soltó con no se que chorrada y simplemente le miré. -No te he entendido bien, pero bueno, da igual.- Dije mientras escuchaba a mi compañero querer irse ya, así que me acabe de beber el vaso de agua mientras le decía. -Si, será mejor irnos ya, no quiero dejar mas tiempo solos a Fenrir y a Night...- Dicho esto, me levanté de la mesa, con intenciones de ser el primero en irme, pero, unos cuantos tipos, que eran muy parecidos al que golpeé pero con ropa distinta, me miraron.

-¿¡Como te atreves a pegar a nuestro hermano!?- Dijo uno de ellos mientras me miraban y sacaban todos una espada, a lo cual suspiré. -Parecéis idiotas, si me atacais con un arma de filo y con intenciones de matar, entonces no os podréis quejar si morís.- Dije después de soltar aquel suspiro y sacaba mi látigo, y por lo que podía observar eran cinco, así que no tardaría demasiado en matarlos y luego irnos al barco. Miré a Killian mientras le decía. -Yo me ocupo de ellos, no intervengas...- Lo que menos soportaba era que si peleaba hubieran intervenciones.

El primero fue a hacerme un corte horizontal sin despistarme ni nada, pensaba que no iba a poder esquivarlo, grave error, pues salté y apoyé mis pies en su cabeza, para luego, atarle el cuello con el látigo, apretándolo y haciendo que su cara se fuera volviendo azul, para luego, soltarlo, atar su mano donde estaba su espada y le metí una patada en la cara, arrancando su mano y a la vez, obteniendo una espada, la cual usé para decapitar al chico.

-¡Ma-maldito, pagarás por esto!- Dijo el primero que habló para lanzarse a por mí con intenciones de cortarme en vertical, así que simplemente, puse látigo en horizontal por encima de mi cabeza para bloquear su ataque y luego, empuje al chico con mi pie para por último, chasquar con el látigo la mano con la que manejaba su espada. -Que asco de sangre, he probado mejores...- Dije mientras dejaba de lamer esa sangre y decapitaba al chico sin que este opusiera resistencia, ahora solo quedaban tres, no sería difícil matarlos.

-¡Es... es un monstruo!- Dijo uno de ellos mientras se lanzaba con su espada en alto y a la desesperada hacia mi, aun no habían visto suficiente como para dejarlo, aunque bueno, hicieran lo que hicieran me los iba a cargar a todos. Até el cuello del chico con el látigo para luego traerlo hacia mí y partirle la cara de un rodillazo, haciendo que me escupiera sangre en mi cara.

Solo quedaban dos, que me miraban con sus ojos llorosos, llenos de un gran miedo que les había influenciado mis acciones. -Después del numero que habéis montado, ¿no querréis escapar ahora, ¿cierto?- Dije mientras los ataba a los dos con mi látigo y luego me acercaba hacia ellos y les golpeaba con fuerza, manchándome aun mas de sangre y dejando ver lo que habían comido esos dos chicos. -Ahora si que podemos irnos, espero que eso sirva de lección luego para que no se vuelvan a enfrentarme a mí si no están preparados para morir.- Dije mientras salía de ese lugar y esperaba a que Killian también saliera, pues, tenía un mal sentido de la orientación y necesitaba algún guía.
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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 6:00 pm
Natsu no pareció comprender la sátira que había hecho su compañero con respecto a su cambio de color de pelo, pero no importaba nada de eso. Era la hora de marcharse de aquel club nocturno, y encaminar sus pasos hacia el muelle de la ciudad. Estando en alerta por la matanza de marines que se había llevado a cabo en el salón, no podían dejar que su tranquilidad les tomase por tontos. La sensatez debía ser su pilar característico, pero se estaban abandonando en aquella especie de lupanar, el cual les retenía con sus lujurias, ambrosías y placeres. Un lugar difícil de abandonar, y más si eras una persona como el pelinegro, que amaba separarse de una mujer de las propiedades físicas de la bailarina con la que tan buenos ratos había pasado, aunque no hubieran podido llegar al quid de su situación. Siendo Natsu el que se levantó primero de su silla para encaminarse hacia la salida, Killian intentó seguirle, despidiéndose de la chica con una dulce sonrisa. Esta lanzó rápidamente una mano hacia la del ex-noble, que no intentó soltarse de ella. Devolviendo aquellos ojos incoloros hacia su posición para mantener un contacto visual, el joven comenzó a decir, con una media sonrisa de matices llenos de tristeza, o tal vez de mentiras:

- No puedo quedarme más, querida. Pero prefiero que pienses que esto no es un "adiós", sino un "nos veremos". El noble siempre vuelve, no lo olvides - Acariciando su mano, mientras que el agarre que ella había efectuado sobre él se iba haciendo cada vez más débil, hasta que llegó un momento en que se deshizo, separándoles. Su mano se cerró sobre sí misma, metiéndola en el bolsillo, a la vez que giraba su cara y miraba hacia la salida, donde un nuevo inconveniente había salido a flote, con respecto a su amigo.

Un grupo de "personajes", pues no había otra forma de catalogarlos, se habían plantado de cara a su amigo. Armados con ciertas pertenencias afiladas y puntiagudas, le dijeron que le harían pagar todo el daño que le había hecho a su hermano. Seguramente se referirían al imbécil al que ambos habían dado una lección por hablar tan mal de la bailarina de Killian, con el cual ambos piratas se habían desfogado tanto intentando ahorcarle como destrozarle los huesos del cuerpo. "Oh no, otra vez no ...", pensó en su atolondrada cabeza. El efecto de las copas de más que se había tomado con anterioridad seguía nublando mínimamente sus sentidos, pero si era necesario pelear, podría dar la mayoría de su potencial. Sin embargo, su compañero le dijo que él mismo se haría cargo de darles una brutal paliza a todos aquellos indeseables, por lo que las manos del pelinegro regresaron al interior de sus bolsillos. Dándose la vuelta para irse del lugar, el señor Jones comenzó a andar hacia la salida de emergencia, mientras que le decía a su amigo levantando una mano:

- Te espero fuera, no tardes mucho. Y esta vez intenta no manchar mucho el suelo, ni romper jarrones valiosos. Ya hemos tenido suficiente fiesta por hoy - Siguiendo con su caminata, sin prestar mayor atención que a los sonidos que se podían escuchar a su espalda. Sables entrechocaban entre sí, con aquella "voz" metálica que las caracterizaba. Incluso la gente llegó a gritar alguna que otra vez, de asco y miedo, mas él no se dio la vuelta ni una sola vez, ya que había depositado sus confianzas en las plenas habilidades de Natsu.

Acercándose a la puerta de salida, el pelinegro la abrió con su mano derecha, saliendo al exterior. Allí pudo ver cómo todos los cadáveres de los marines muertos recientemente habían sido apilados en un cubo de basura de tamaño grande, como si no fueran nada más que basura. La tapa estaba abierta, y podía verse perfectamente qué era lo que había en el interior. Con su mano derecha, dio un golpe con su canto hacia el trozo de metal que mantenía entreabierto aquel cubil, haciendo que este se torciera y la tapa cayera bruscamente. A pesar de que el sonido fue bastante fuerte y resonó en sus oídos lo suficiente como para desagradarle, ahora la escena era mucho mejor. Ningún cadáver a la vista de los ojos, a no ser que una persona quisiera tirar sus excrementos allí dentro. Salió por el callejón al que había ido a parar tras abandonar el club nocturno.

La calle estaba a oscuras, y tan solitaria como era normal a aquellas horas de la noche. Pocas personas paseaban por la acera, y los que lo hacían preferían intentarlo en parejas que en soledad. Eso podría indicar que los índices de vandalismo en aquel lugar se mantenían por encima de una franja normal, y que la población se mostraría un tanto "receptiva" a pasear a aquellas intempestivas horas. Caminando hasta llegar a la esquina de un edificio, desde donde podía ver la entrada al lupanar del que había salido, y en el que su amigo estaría peleando, se apoyó en la pared de este. Dejando caer sus manos dentro de los bolsillos, simplemente esperaría a que Natsu terminara lo que tuviera que hacer, sin llegar a pasarse, y largarse de aquella isla durante un buen tiempo. Con una mirada un tanto perdida, y fija en el cielo, el chico de ojos incoloros empezó a hablar en susurros:

- Cuanto más oscura es la noche, más pesadillas alberga - Recitando una de sus tantas frases crípticas, que solo él y pocas personas de agudizado ingenio conseguían descifrar. Sin más, esperó, mientras la Luna aparecía llena por encima de su cabeza, a miles de leguas de su posición.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Miér Sep 04, 2013 8:25 pm
Salí del lugar y vi a Killian, me rasqué un poco la cabeza mientras le miraba. -Perdón, no fui capaz de evitar manchar el suelo, además, yo también me manché, jeje.- Le dije mientras empezaba a andar, aunque algo cansado, pues, había abusado de una técnica la cual, aun no había aprendido a usar correctamente, y me dolía la cabeza aun. Tenía un mal presentimiento de estar demasiado tiempo en el East Blue, pero aun no sabía porque, pero la cuestión era que no quería quedarme mucho mas tiempo allí.

-Killian, vayámonos ya de aquí, no me gusta mucho quedarme demasiado en el East Blue.- Le dije mientras veía el puerto y iba caminando hacia este, donde ya estaban mis mascotas esperándonos, no tarde mucho en acariciarles mientras subía al barco y entraba rápidamente a un camarote donde me tumbaba en la cama y mis mascotas se tumbaban en esta también. No tardé mucho en cerrar los ojos, y seguramente, fuera un sueño, pero, por un momento, estuve en un charco grande de sangre, apenas se podía ver donde acababa este.

En el medio del charco, con unas agujas rojas clavadas, yacía en él, una mujer de pelos negros, la cual se levantó y me miró con unos ojos derretidos con un niño de pelo rosado en brazos, el cual no tenía ojos, pero el resto si lo tenía. "¿Por que, por que tuviste que nacer?" Me decía constantemente la mujer, llorando sangre por esos ojos que apenas se veían al estar derretidos. No entendía nada, ¿quien demonios era la mujer y porque llevaba a un niño que se parecía a mi en brazos?

El niño sin ojos me miró mientras que su brazo se deshacía y de este salían como unas cuatro patas de araña de una medida de un metro mas o menos, su otro brazo también se deshacía, convirtiéndose en sangre que caía en el charco y donde antes había un brazo, salía una pata de araña que acababa con una especie de filo, como si fuera una guadaña y me observó, sus piernas se deshicieron en sangre y esta cayó al charco también, y le salió una cola de serpiente. Cada vez entendía menos lo que estaba pasando.

Esa mujer y esa cosa extraña, me miraban y la mujer decía lo mismo una y otra vez "¿Por que, por que tuviste que nacer?" Mientras que aquella cosa me miraba con una sonrisa mientras que su lengua estaba formada por gusanos y me decía "Tú, tú la mataste, mataste a tu propia madre, a la mujer que te dio vida, a la mujer, la cual, fue violada por tu padre" La cosa aquella fue a golpearme con la guadaña, entonces, intenté huir, pero, de la sangre, crecieron raíces rojas y sólidas, con pinchos que me hacían daño.

Cuando estuvo a punto de decapitarme con esa especie de guadaña, cerré los ojos esperando a que fuera una pesadilla y logrará despertar. Abrí los ojos de golpe con un grito de terror, jamás había tenido un sueño como aquel y todo parecía muy real, mis mascotas se despertaron y me gruñeron por despertarlas, pero, luego se calmaron y se volvieron a dormir. -Ese sueño, parecía muy real...- Dije mientras me volvía a dormir, sin pensar en que Killian se hubiese asustado por el grito que pegué, ahora esperaba no volver a soñar de nuevo con esa cosa y esa mujer.
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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 8:54 pm
Su amigo no tardó demasiado en reunirse con él a las afueras del club, tal vez unos diez minutos, o incluso menos. Manchado de sangre hasta la médula, el señorito Sakagami volvía triunfante tras la batalla que había requerido de su presencia en aquel lugar. Ambos hicieron el ademán de marcharse de aquella isla, la cual, a parte de traerle problemas, les había divertido con suma gracia. En un futuro se acordaría de cómo el revolucionario había interrumpido el momento especial que estaba disfrutando con la bailarina, pero en vez de enfadarse por ello, se reiría de los viejos tiempos, donde nada más preocupaba que seguir adelante. Despegando su espalda de la pared y sacando las manos de los bolsillos, el pelinegro comenzó a andar con Natsu hacia el muelle de la ciudad, en pos de tomar su barco y navegar por las aguas del East Blue hacia un destino que todavía no tenía en mente y que, conforme lo fuera pensando, lo trazaría en sus mapas. Sus habilidades de navegante mejoraban con el tiempo, al igual que su fuerza por manejar el timón. Las calles estaban oscuras, y poca luz podía divisarse para aclarar el camino de vuelta, mas eso era algo que no importaba en absoluto. Con paciencia, ambos espadachines recorrieron Loguetown en dirección al puerto, mientras que hablaban sobre lo que había pasado anteriormente en el interior del salón donde habían estado. La curiosidad por el destino de los enemigos de Natsu era una de las principales razones de que iniciara la conversación, en la cual se prestó para decir con una voz simpática y para nada seca:

- Espero que no te hayas pasado con los ignorantes del club. Últimamente estás muy sádico, Natsu. Aunque bueno, no habría pasado nada porque les hubieras cortado una mano o un pie, así sabrían que no hay que meterse donde no se les llama - Comentó el pelinegro, mientras que iban bajando una ladera poco empinada. Una fría brisa se había levantado aquella noche, por lo que supondría que tendrían un viaje bastante movidito si empleaban las velas de su barco-bote. Sonrió, aquella nueva historia había acabado, y otra nueva estaría a punto de comenzar en cuanto pusieran sus pies en la orilla de la nueva isla a la que viajarían.

Tras un buen rato paseando, ambos piratas llegaron a su destino: el muelle de Loguetown. Allí, no había nadie que pudiera pedirles un peaje por haber anclado su barco sin permiso, aunque igual no lo pagaría si lo hicieran. Un pirata es un hijo del mar, una persona libre, y no tiene por qué pagarle a nadie algo que no está estipulado en sus normas de vida. Subiendo sus manos hasta la altura de la cabeza, entrelazó sus dedos en la nuca, mientras andaba hacia adelante por aquel establecimiento vacío, sin gente que les pudiera ver. Atravesaron las tejas de madera que comunicaban la tierra con las cubiertas de las embarcaciones, a la vez que Natsu le comentaba que no quería quedarse durante más tiempo en el East Blue. Cierto era que todas las aventuras que habían tenido, la mayoría habían sido en aquel lugar. Y debido a que ese mar era conocido como el más débil de todos, no incitaba demasiado a encontrar personajes fuertes con lo que intentar superarse. Tal vez su amigo hubiera llegado al límite de motivación al que siempre intentaba alcanzar, o simplemente quería buscarse nuevos retos que pudieran suponerle un verdadero esfuerzo. Con su voz mediática y sincera, el pelinegro también comentó algo acerca de la idea que acababa de dar su amigo:

- Este es el mejor mar para el comienzo de un pirata, compañero. Los obstáculos no son difíciles de superar, y puedes tomar idea de lo que será el futuro de un pirata. Pero si lo que quieres son aventuras más fuertes, nuestro navío nos llevará sin duda hacia ellas - Afirmó Killian, que había llegado hasta la tabla y comenzaba a subir por ella hacia la cubierta del barco, preparado para salir de aquel lugar de una vez por todas y poner rumbo desconocido hacia una nueva isla.

Tomando con sus fibrosos brazos el ancla que mantenía estancado al navío en el puerto, lo levantó con algo de dificultad hasta que estuvo totalmente recogida, para luego desplegar las velas con sumo cuidado y situarse en el timón, moviéndolo para desatrancar la dirección del barco y que este comenzara a navegar por las olas. La Luna estaba presente en lo alto del cielo, vigilando y cuidando de ellos en su nueva travesía. Tanto Natsu como sus dos mascotas se quedaron dormidos enseguida, suspirando con cada bocanada de aire que tomaban, mientras que el pelinegro sonreía y les guiaba, empleando sus habilidades de navegación y cartografía. Un mapa del East Blue estaba desplegado en un pequeño altar de madera delante del timón, que le permitía revisar su ruta mientras lo manejaba. Y de repente, el domador se despertó entre gritos, seguramente asustado por una pesadilla que se hubiera agarrado a sus sueños durante aquella noche de estrellas. Los ojos incoloros de Killian se clavaron en él, mientras que la voz comenzaba a salir en breves susurros desde su boca, intentando tranquilizarle:

- Tranquilo, tienes tres buenos guardianes en este barco que te protegerán de todo lo que pueda pasar. Cierra los ojos y duérmete, el viaje es largo y hoy ha sido un día duro - Comentó, mientras que seguía dirigiendo su navío. Este recorrió la superficie del mar hasta desaparecer por el horizonte, terminando aquella historia, pero dando inicio a una que todavía estaba por ocurrir. La vida de un pirata nunca es aburrida, y menos si dicha persona busca aventuras como lo hacían aquellos dos.
FIN DEL TEMA

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