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AMELIA
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Aventura en las Islas Conomi [Natsu Sakagami]

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Mensaje por Killian Jones el Miér Sep 04, 2013 9:07 pm
Dos semanas habían pasado desde su última gran aventura. Aunque recientemente, ambos habían peleado en un lugar que ninguno quería recordar. Solo pensar en la dura batalla que los dos piratas habían compartido en el Reino de Goa hacía que su corazón se helase por el frío invernal que llenaba sus recuerdos. "Ah, vaya manera de encontrarnos. Ni que el destino fuera caprichoso, quién lo diría...", dijo para sí mismo mientras movía con fuerza su cabeza para despejar aquellos malos momentos que se reproducían a la perfección en la cabeza: nieve teñida de sangre. Volviendo a la actualidad, el pelinegro se encontraba en una nueva isla, una nueva zona desconocida para él hasta ese momento: las islas Conomi. Quería conocer más acerca de dicha isla, quería averiguar más sobre su flora y fauna. Tomar fotografías mentales que poder recordar en un futuro, como botín de sus partidas. Todo aquello era algo importante para él, puesto que quería conocer todas las islas de todos los mares. Y la elegida de la semana había sido dicho lugar del East Blue, un reino dominado en su complejidad por dos razas: los gyojines y los humanos. Todos muy graciosos, sí.

- ¿Dónde estarás, Nii-san? - Dijo con su típica voz llena de matices misteriosos e intrigantes, de refilones sensuales y atrayentes. A pesar de que ninguno de los dos fueran hermanos de sangre, se llamaban con el mismo apodo cariñoso por el gran lazo de amistad que ambos compartían. Habían vivido muchas aventuras juntos, y Natsu era para él como su hermano pequeño. Le protegía de todo lo que pudiera, pero también le regañaba cuando veía algo que no le hiciera gracia por su parte. En aquel mismo momento, hubiera deseado encontrárselo para hablar con él y saber mucho más de su estado de salud actual, pues era algo que le preocupaba en exceso.

Iba vestido como siempre, aparentando ser la misma noche con ropajes tan oscuros como la tela de la capa de la propia Muerte. Debido al calor que poblaba a aquella zona de lo que parecía ser un clima tropical, llevaba únicamente la camisa negra remangada hasta los codos, mientras que el pantalón y los zapatos seguían estando atados por el cinturón. En la parte trasera de su cinturón, guardados meticulosamente en una bolsita de cuero marrón oscuro, su Dial reposaba esperando a ser usado. No había sido una mala adquisición, y le estaba  viniendo bastante bien, la verdad. Era un  artefacto gracioso y viable, y sus usos podían ser bastante variados. La vida le estaba tratando bien, en un período que esperaba que durase mucho. No por miedo al dolor o las complicaciones, sino por la serenidad que dicha época le aportaba.

- Bueno, bueno, bueno ... Espero que me lo pase muy bien en este día. Pero no debo retrasarme, no puedo dejar que las chicas se preocupen por mí. ¿Qué tipo de caballero sería si dichas preciosidades idolatrasen mi presencia? - Apretó los puños solo de pensar en una imagen que le revolvió completamente. Una bienvenida al barco donde dos chicas le esperaban con los brazos abiertos y sus pechos botando de felicidad. - Ayyy ... Qué feliz podría ser con tan poco ... - Dijo el pelinegro suspirando y bajando la cabeza, llevando una de sus manos al pelo para revolverlo debido a que le picaba un poco.

Su caminata continuó cuando se adentró en un bosque cercano a la playa de la periferia. Los árboles eran completamente verdáceos, y sus ramas eran tan grandes que los troncos se alzaban varios pares de metros por encima de su cabeza. Un lugar muy dado a la naturaleza, perfecto para la ocasión. Tiempo hacía que no divisaba una zona verde, y verla siempre era  agradable para sus ojos incoloros. Continuó caminando por el sendero que su mente había trazado. No sabía qué podía encontrarse, no sabía con quién podría cruzarse, pero eran motivos que poco le importaban. Él mismo era capaz de defenderse sin mayor complicación que el propio cansancio que le pudiera aportar. Poco a poco, la fuerza y el poder le iban llenando desde dentro, aunque quedaban muchas cosas por pulir. Así que desinteresándose un poco de su aventura actual, se dejó llevar por sus propios sentimientos y pensó: "¿Habrá mujeres guapas en Conomi? Vamos a descubrirlo". El brillo seductor había vuelto a sus ojos, y la media sonrisa tan sensual que le caracterizaba surcaba la mayoría de su cara. El casanova pirata volvía al ataque, y esta vez estaba solo en una isla en la que podría haber miles de mujeres por domar, un verdadero reto.

Anotación:
Se sigue el rumbo de navegación previsto por la Administración.
Loguetown <-- Islas Conomi --> Alta mar hacia el Grand Line u otro mar

Aunque la categoría de las Islas Conomi no aparezca, se hace el tema en las afueras y se podrá mover en el futuro.

Saludos
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Mensaje por Natsu Sakagami el Jue Sep 05, 2013 8:15 am
Tras haber pasado unos días vagueando por el east blue, ahora me encontraba en las islas Conomi de ese mismo mar. Iba vestido simplemente con una camiseta negra sin mangas de cuello alto, unos pantalones vaqueros, llevaba el látigo colgado de una correa a mi espalda y definitivamente, tenía mucha calor; a parte llevaba conmigo a mis dos mascotas animales, llamadas Night y Fenrir.

No había mucha gente, al menos no conocida y tampoco tenía muchas ganas de encontrarme con nadie. Fue en un momento de esos, cuando suspiraba y me dirigía a irme a otro lugar que lo vi; un chico alto, de pelo negro, ojos incoloros, camisa negra y mas cosas que no tenga ganas de describir.

Sin duda se trataba de Killian, mi amigo, que tenía una jugosa recompensa... Todavía recordaba aquella pelea que habíamos tenido en el reino de Goa, en la isla Dawn. No quería volver a hablar de ello nunca, cosa que suponía compartiría con él. Sin embargo, quería mirar a ver si podría luchar contra él de igual a igual o no, ya que las segundas partes siempre pueden ser buenas.

Pero, siempre hay un pero, y este era, el que si aquel chico me veía atacándole era capaz de hacerme algo y entonces recibiría una paliza doble por su parte. Me acerqué hacia el sujeto y me colgué de su cuello. –Killian-san, ¿me estás siguiendo? Hace un buen tiempo que no te veía- Dije con una sonrisa mientras observaba al chaval... si veía que intentaba algo raro... lo primero que vería, sería una mordida de mis mascotas, de poco grosor pero alargada considerable, clavada en su cuello.
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Mensaje por Killian Jones el Jue Sep 05, 2013 8:52 am
Los pájaros graznaban por encima de su cabeza, sobrevolando las copas de los distintos árboles de la zona. Ciertamente, era un paisaje precioso el de las islas Conomi, siempre prevaleciendo la naturaleza al lado de cualquier construcción extra. Las islas completamente naturales y primitivas podían ser las más peligrosas por la fauna o habitantes que escondiera entre su extensión, pero había que decir también que eran las más vistosas cuando uno había pasado demasiado tiempo en una ciudad de calles adoquinadas y casas empedradas. Por salir y ver algo diferente no se iba a morir, es más, hasta lo iba a disfrutar como un niño pequeño. Sus manos descansaban dentro de los bolsillos de su pantalón, mientras que su incolora mirada se perdía entre los distintos matorrales del lugar. Estaba deseando toparse con la civilización que habitase Conomi, para conocer costumbres, religiones y demás apartados que siempre eran importantes en una ciudad. La sola idea de que podría ampliar sus conocimientos como navegante sobre dicha isla le sacaba una sonrisa. Dentro de poco, cuando visitase un par de islas más, estaría suficientemente preparado como para embarcarse a través de la Red Line, con el objetivo de surcar los devastadores mares del Grand Line. ¡Oh! Era el sueño de cualquier navegante que se preciara, un sueño por cumplir para alcanzar la gloria. Detrás de esa gran montaña que separaba los cuatro mares cardinales del verdadero camino del pirata, solo quedarían nuevas aventuras por vivir, retos distintos cada día, y la alegría de ser uno de los pocos que tenían la valentía suficiente para enfrentarse a tal terror marino.

- ¿Te encontraré en el Grand Line, querida dama? - Dijo en voz alta, refiriéndose a una chica que tenía en mente desde hacía bastante tiempo. La mujer de sus sueños, aquella persona que con solo verla abriría su corazón para entregárselo en bandeja. Aquella a la que amaría día y noche, y sería el único mundo sobre el cuál giraría su propio cuerpo. Pero para eso, todavía quedaba mucho, y muchas nuevas historias que contar. – Tengo que quitarme esos pensamientos de la cabeza, soy demasiado joven para aferrarme a una sola mujer - Soltando una mínima carcajada con sus palabras, mientras que algo extraño ocurría por detrás de él.

Notó cómo un peso muerto se aferró a su cuello, tirando de él hacia abajo. Tuvo que hincar con fuerza el pie en la tierra para no caer hacia delante, y aun así se bamboleó hacia un lado debido al aumento de peso en su cuerpo. Una voz alegre le recibió por su nombre, siendo Natsu Sakagami, gran amigo del pelinegro. Killian se quedó con una cara en plan ¿Qué coño haces aquí?, levantando su ceja izquierda y abriendo la boca, con una expresión receptiva y sorpresiva. Hábilmente, se deshizo del agarre que el chico le había hecho, quedando frente a frente. Ladeó un poco la cabeza hacia la izquierda, mientras que miraba de arriba a abajo a aquella persona que se había acercado con tantas buenas maneras hacia él. Tenía colgado a la espalda un buen látigo, mientras que parecía ser más ágil y rápido. Igual, sus dos mascotas iban consigo. Levantando su mano izquierda, señaló con el dedo índice hacia el chico, mientras que le decía con una voz palpitante y extrañada:

- ¿Me estás siguiendo tú a mí, maldito acosador? Tenía pensado no encontrarme contigo en mucho tiempo, pero míranos - Le dijo al joven, haciéndole hablar para que le dijera todo lo que sabía sobre cualquier otro pirata que tuviera una recompensa sobre su cabeza.

La mente de Killian barajaba varias posibles conclusiones a la pregunta que había trazado, pero esperaba que el chico respondiera de buena manera a su cuestión. Mientras tanto, él se decía: "A lo mejor es que se siente sobreprotegido cuando está conmigo, y por eso busca mi compañía a todas horas. Pero debe comprender que tenemos caminos muy distintos, y que no siempre podremos estar juntos, hasta como hemos estado haciendo ahora. Tiene que madurar, pero todavía es un niño". Todo parecía bastante sereno, pero fue en ese momento cuando algo aún más extraño ocurrió. Una jovencita que no tendría más de cuatro años salió corriendo de los matorrales, gritando y llorando a la vez.

- ¡Aaaaaaaaaah! ¡Ayudadme, hombe nego, nino pequeno! - Gritó la jovencita, que iba vestida con pieles de aves y tenía el pelo rubio platino. Tenía el miedo grabado en el interior de su corazón, y podía verse desde sus ojos. Poniéndose detrás de Killian, se agarró a su pierna intentando protegerse, mientras que señalaba a los matorrales de los que había venido.

Algo malo iba a pasar, así que el pelinegro se puso en posición de alerta y preparó sus puños, mientras miraba a Natsu y sus mascotas para darle a entender que estuviera atento. La chiquitita que estaba detrás de él apretaba su pierna con fuerza, mas era muy graciosa como para no defenderla. Le había llamado "Hombre negro", pero con aquel acento tan joven en sus labios, hacía que el momento hubiera sido incluso gracioso. Tenía que ayudarla de todo mal que la persiguiera, y no pediría nada a cambio por ello.


Última edición por Killian Jones el Jue Sep 05, 2013 9:27 am, editado 1 vez
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Mensaje por Natsu Sakagami el Jue Sep 05, 2013 9:25 am
Aquel chico se deshizo de mi agarre y me miró con una cara de sorpresa, cosa normal. Me reí bien fuerte mientras lo miraba con una sonrisa pícara. –Supongo que el destino no quería que estuviéramos mucho tiempo separados, Killian-san- Le dije mientras paraba de reír.

Me sonrojé al darme cuenta de lo que había hecho en presencia de él, pero bueno, suspiré mientras me intentaba colgar de su cuello de nuevo. -Tienes una piel agradable...- Dije mientras me agarraba fuerte a su cuello y veía salir a una niña diciendo no se que de que la ayudaran, me descolgué del cuello de Killian y fui a darle una hostia a la niña por llamarme niño pequeño.

Sin embargo, esta dijo no se que de que la ayudásemos y se podía ver unas bestias que salían de los matorrales, digamos que eran unos insectos grandes, debían de ser unos cinco o seis. Cualquier persona normal hubiese huido al verlos, pero yo no, me encantaban los animales y fui directo a subirme encima de uno de ellos mientras acariciaba su cabeza.

-¡Que... que... que monada de animales!- Dije chillando de la emoción mientras notaba como los demás animales me miraban con ganas de comerme, aunque al irlo hacer, salté y me volví a agarrar del cuello de Killian tras dar unas acrobacias. –Espero que Night y Fenrir no se sientan ofendidos por haber acariciado a estos bichos- Dije algo desilusionado mientras seguía agarrado del cuello de Killian, pero los insectos se fueron asustados y corriendo, así que debía ser otra cosa lo que se ocultaba tras los matorrales.
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Mensaje por Killian Jones el Jue Sep 05, 2013 10:06 am
El niño era, por decirlo de alguna forma, un poco pesado e infantil. No hacía más que intentar colgarse de su blanquecino cuello, y dicha acción podía resultar para Killian un poco agobiante, mostrándose semi-arisco y esquivo con el chico que tenía delante de sus propias narices. Se le veía juguetón, puesto que le instaba a preguntarse por qué no le había matado cuando había tenido la ocasión. Ante aquello, el pelinegro mostró una de sus perfectas sonrisas, acompañada de un brillo fulgurante en sus ojos incoloros. "Y dale con colgarse de mi cuello…", se dijo a sí mismo, en un pensamiento que solo él pudo escuchar. Esquivándole fácilmente, el pelinegro se mantuvo a un metro escaso de aquel personaje, mientras que le miraba fijamente y le señalaba con uno de sus blanquecinos dedos. Era la hora de tantear el terreno y dejar claro que él no jugaba con chicos, que él era de otra pasta y de otras costumbres:

- Sé que mi piel es agradable, siempre tengo que mantenerme perfecto por si conozco a mi bella dama de luz y estrellas - Comentó el ex-noble con una media sonrisa, para que luego esta mueca fuera tornando en una un poco más autoritaria y exhortativa, llenando su voz de matices característicos. Su tono de voz no resultó muy agradable, puesto que quería darle a entender al chico que no estaba para juegos, y que no era conveniente enfadarle. - Cuélgate una vez más de mi cuello y te mataré. Tenlo por seguro, es el único aviso que te voy a dar, Natsu - Soltando una carcajada gutural y simiesca, terrorífica y oscura. La típica de los personajes malvados de los cuentos, que se fue apagando conforme los sonidos de los matorrales llamaban su atención.

Retornando a la situación actual, la pequeña nómada salió de los hierbajos y se escondió a la espalda de Killian. El chico de pelo negro hizo ademán para golpearla, mas el ex-noble lo prohibió tajantemente con una fiera mirada. Si aquella persona era capaz de pegar a los niños pequeños como si no tuvieran importancia, no se merecía tener su respeto. Y no tener el respeto de un pirata equivalía a que no le importara romperle cualquier hueso de su cuerpo, a excepción de aquel en el que le gustara tenerlo. "Si intenta tocar a la chica una segunda vez, voy a tener que bajarle los humos. No me gusta ese tipo de actitud tan violenta, es como si estuviera por amaestrar", pensó, mientras que un grupo de insectos salían de detrás de los arbustos y se acercaban a su posición. El joven domador se lanzó sobre ellos para montarles, aunque estos animales no respondieron como tal vez él pensó que harían. Saltando de nuevo hacia su posición, intentó colgarse del cuello del señor Jones, pero este ya estaba harto de tales acciones. Moviéndose a la derecha, dejó pasar el cuerpo del chico, que se estampó contra el suelo de una forma un tanto cómica.

- Nino pequeno eh muy pezado ... me guhta hombe nego - Dijo la jovencita detrás de Killian, ante lo cual este sonrió ampliamente por la graciosa frase que había salido de sus pequeños labios.

- Tranquila, pequeña. No te va a pasar nada, así que no tengas miedo - Comentó tiernamente el pirata, posando su mano libre sobre la cabeza de la chica, con la intención de que se sintiera más segura y respaldada con aquellos dos personajes de su parte. Nada malo le iría a pasar estando Killian delante, ya que este lo daría todo porque la chica volviera a sonreír.

El grupo de leones se retiraron despavoridos, ante lo que el pelinegro se puso en una posición de alerta. Su pie izquierdo estaba más adelantado que el derecho, tornando la espalda de lado y adelantando la mano izquierda. Así, simplemente esperó a que lo que hubiera asustado a tales depredadores hiciera acto de aparición. No tardaron mucho en mostrarse a la luz dos seres increíblemente peligrosos. De piel azulada y unos tres metros de altura, los gyojins se acercaron con unos temblorosos pasos hacia los tres humanos que se habían reunido bajo el sol. Armados con hachas y escudos gigantes, dieron por comenzada la cacería que emprenderían aquel día, mientras que Killian simplemente decía con una sonrisa:

- Hora de jugar.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Jue Sep 05, 2013 10:35 am
No solo me esquiva una vez, me esquivo dos veces y caí al suelo de una manera un tanto cómica, además me llamaba niño... niño, niño, niño... todos igual... vale que pareciese pequeño, pero si no lo sabías no tenías derecho a decir nada. -¡Para tu maldita información... todavía estoy en edad de crecimiento, imbécil descerebrado ciego!- Le grité a la oreja muy cabreado y lo de ciego fue por sus ojos incoloros.

Al final salieron de los matorrales dos bestias de unos tres metros, piel azulada, armados con hacha y escudo. -Tu... encárgate del de la derecha, yo me encargo del otro...- Le dije con un poco de aires de grandeza, iba a ver a lo que me refería cuando dije que le podría haber matado antes.

-Niña... si no quieres ver algo desagradable mejor escóndete...- Le dije con una voz fría y seria, al igual que mi mirada mientras luego sacaba de mi funda el látigo... calculando bien el tamaño de aquel monstruo, no podría tumbarle de un solo tirón, sino que recurriría de otra ayuda.

La criatura de tres metros que estaba a la derecha fue a atacarme con intenciones de tragarme vivo o morderme, pero aproveché la ocasión para lanzar un chasquido de látigo a su cara. El animal lo recibió y entonces cogí a la niña y me puse delante suyo mientras seguía atacando e indicaba a Night y Fenrir que mordieran al gyojin, aunque de la manera que estábamos podría recibir el mayor daño yo.

Bastaron dos minutos para que la bestia terminara colapsada por tantos ataques y mordidas de mis mascotas, hasta que finalmente se rindió y cayó al suelo, momento que aproveché para ahogarle con el látigo. Sonreí mientras miraba a la niña. -¿Estás bien?- Le pregunté a la niña mientras mi mirada se clavaba en sus ojos esperando su respuesta.
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Mensaje por Killian Jones el Jue Sep 05, 2013 11:04 am
El ex-noble sonrió, mientras que su mirada volvía hacia delante y se clavaba en los dos enemigos que habían aparecido recientemente. Dos inmensas criaturas que podían ser casi tan altas como los mismísimos árboles de Conomi, pero parecían ser lentos. Sin embargo, toda pérdida de velocidad venía asociada de una furia y potencia increíbles, y ese era el caso que se había dado con aquellos adversarios. "Por suerte, solo son dos. Natsu puede encargarse de uno y yo del otro. Así nos será más fácil terminar con esto rápido", pensó, extrañándose a sí mismo. Sin duda, agradecía la compañía, pero los momentos de batalla tenía que desarrollarlos por sí mismo, sin tener que depender de nadie más. Si necesitaba la ayuda del chico, eso indicaba que no estaba preparado para metas mayores, y teniendo en cuenta que su futuro estaría plagado de peligros, debía comprobar si sus habilidades eran lo suficientemente aptas como para dejarle sobrevivir un día más en aquel mundo dominado por la locura y lujuria de su alma.

- El de la derecha es mío, entonces. Veamos qué saben hacer estos monstruos marinos - Dijo mientras se despegaba del agarre de la pequeña nómada que estaba detrás de su espalda, instándole con un dedo a que se refugiase en un lugar seguro. Trataría de protegerla, pero no podía garantizar totalmente su seguridad si se quedaba pasmada en la zona de juego. Blandiendo su cuerpo como única arma, simplemente esperó a que su enemigo fuera a por él, mientras que la mirada dulce y cariñosa que le había dirigido a la chica se transformaba en una mucho más terrorífica y malévola. Fría, sin sentimientos, como si de la mismísima Muerte se tratase. - Koi - Añadió, con una palabra que daba comienzo a las peleas en el argot del luchador. Dicho vocablo se empleaba para los inicios de los combates en las competiciones, y nunca había dejado de practicar dicho camino con su cuerpo. Después de todo, tenía una habilidad para ello. ¿Por qué dejarlo de lado?

Dividiéndose como lo habían previsto, Natsu y él se dedicaron a pelear contra los enemigos que tenían en sus cercanías. No ayudaría al chico, puesto que esperaba que pudiera defenderse por sí mismo. Así que clavó sus incoloros ojos en el monstruo de la derecha, que se lanzó a por él con un hacha en la mano, dispuesto a arrancarle la cabeza. Se agachó con rapidez y rodó por el suelo, colándose por debajo de las piernas del animal hasta que se irguió a sus espaldas, dando una patada en las partes nobles del gyojin. "Punto para Killian. ¿Qué harás ahora?", pensó con una escalofriante sonrisa y mirada conjunta. El enemigo rugió con fuerza, para luego volver a lanzarse contra él, sin arma y con las garras por delante. Dándole la espalda al monstruo, miró hacia la posición de Natsu, que había hecho arrodillarse a su contrincante. Con un nuevo rugido, el monstruo se dirigió a atacarle, mas la voz del pelinegro fue severa:

- Nunca saben cuando aceptar los hechos, ¿verdad? - Dijo con su típica sonrisa pícara, mientras que giraba su muñeca y golpeaba la cara del gyojin, lanzándolo hacia el aire. Tras saltar detrás de él, ganó altura y se posicionó por encima de su cabeza, para girar con su cuerpo en el aire y lanzar una patada de recorrido completo hacia su cabeza. Se escuchó un sonido de rotura de huesos, y luego lo envió volando hasta el suelo. Esta cayó con un golpe, mientras que Killian guardaba ambas manos en los bolsillos de su oscuro pantalón. Confiado y seguro de sí mismo, se mostró tan fiero como era. - Y veo que tú también guardas muchos ases bajo la manga. Pequeña, todo ha terminado, sal aquí - Refiriéndose con su primera frase al chico que tenía al lado, el cuál había destrozado al monstruo con que combatía con una sublime elegancia. Sin embargo, había algo en la expresión de Natsu que le daba a entender que no se había esforzado demasiado con aquel enemigo, como si únicamente hubiera empleado poca parte de su poder y hubiera dejado otro tanto escondido.

- Monstuooo ... pum pum ... muehto - Dijo la joven nómada, haciendo con sus manos como si dos pistolas estuvieran disparando al unísono. Tomando la mano derecha de Killian, empezó a correr a través de los matorrales, como si lo quisiera llevar a algún lugar en especial. Girando su cabeza para mirar a Natsu, le instó a que le siguiera con una sonrisa.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Jue Sep 05, 2013 11:40 am
Killian logró acabar con su presa mientras que yo hacia explotar de dolor literalmente a la mía, la niña estaba bien y cogió a Killian de su manga y dijo que yo le siguiera con la cara. Suspiré pesadamente ya que solo quería pasar más tiempo a solas con él, pero bueno.

-No son ases bajo la manda, simplemente habilidades que se usan para sobrevivir a veces.- Le dije como burlándome de él, entonces la niña me miro y me agarro de la mano diciendo que parecía pesado pero que era de confiar. El sonrojo en mis mejillas hizo que mi cara se volviera una expresión un tanto cómica.

Ladeé mi cabeza mientras me adelantaba esperando a ver a donde nos quería llevar aquella chica. -Venga, no quiero seguir mucho rato caminando... nunca se sabe cuando nos podemos volver a encontrar con una bestia de esas...- Dije mientras seguía caminando esperando a que me guiarán, no tenía demasiado buen sentido de la orientación.

Al final después de andar llegamos a un poblado, no parecían estar muy desarrollados en lo que se dice civilización o como se llame aquello. La niña fue corriendo con una señora mayor que parecía ser la abuela; a cualquiera le daría algo solo de verla, además de eso se acercó a Killian y le dio las gracias. Iba ligera de ropa, estaba algo grasienta, tenía algunas arrugas en la cara, el pelo blanco y los ojos del mismo color que la niña.

La señora mayor nos dio las gracias por haber salvado a su pequeña, yo me había quedado completamente helado, jamás había deseado que se me arrancaran los ojos tan rápido o que eso fuera solo una pesadilla y despertará pronto.
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Mensaje por Killian Jones el Jue Sep 05, 2013 12:11 pm
Los dos cadáveres de los enemigos estaban tirados en el suelo, inertes, habiendo exhalado su último aliento de vida. Las armas estaban lejos de sus manos, y nunca más podrían cogerlas para amenazar un alma. Las habilidades del pelinegro habían mejorado con relación a su camino del luchador, pero todavía quedaba mucho para que fuera alguien digno de ser llamado Famoso. Su objetivo era ser una de las Leyendas de los mares, y solo con la experiencia obtenida en distintas situaciones de su vida podría conseguirlo. Pero poco había aprendido de aquel último encuentro con los monstruos. Era cierto que los cuatro Blues empezaban a quedarse demasiado cortos para él, y pronto debería ampliar sus trayectorias para apuntar más alto en el escalafón de la vida pirata. "Solo espero que pueda encontrar verdaderos rivales con los que mejorar mis cualidades. Estoy empezando a asentarme demasiado, y eso no me gusta nada de nada", pensó para sí mismo, mientras que la mano de la joven nómada que Natsu y él habían rescatado tiraba de él para correr hacia un lugar que escapaba de sus conocimientos. Así que los tres empezaron a atravesar el bosque, dejando a los dos monstruos gigantescos en aquel lugar, olvidándose de lo pasado recientemente y mirando únicamente hacia delante. ¿Qué sería lo próximo que verían sus orbes incoloros? No lo sabía, pero sin duda mostraba una gran sonrisa de satisfacción. Toda aventura debía de ser recibida con los brazos abiertos, y más en lugares donde nunca se hubiera puesto un pie.

- Dime pequeña, ¿a dónde nos quieres llevar? - Decía el pelinegro dejándose llevar por los tirones de su ahora amiga. Natsu Sakagami venía detrás de ellos, y pronto tomó las manos de ambos para ir en la misma posición. Con el objetivo de empezar una conversación con el chico, Killian aclaró. - Al final no te has cambiado el color de pelo, sigues teniendo ese color castaño - Comentó con una media sonrisa en sus labios. Los ojos incoloros estaban fijados en él, aunque de vez en cuando los lanzaba hacia adelante para no tropezarse o pisar a la pequeña que dirigía sus pasos. La mirada era simpática y agradable, como si estuviera disfrutando del momento simplemente dejándose llevar. Para él, aquello era entretenido. Y todo lo entretenido siempre sacaba lo mejor de él, siempre.

El mundo se paró ante su presencia cuando atravesaron una explanada arbórea que desencadenó en el inicio de un poblado nómada. Claramente, la joven que habían rescatado les había conducido hasta su pueblo natal, donde los habitantes de Conomi vivían apaciblemente, siempre que los gyojines autoritarios no les dieran demasiada coba. El pelinegro abrió la boca sorprendido, y siguió andando por aquel erial compuesto por árboles y roca, además de algún que otro hierbajo que se despuntaba del suelo y amortiguando cada pisaba que realizaba sobre el suave suelo. Cuando menos se lo esperó, una anciana se posicionó delante de Natsu y Killian, agradeciéndoles lo que habían hecho para salvar a la pequeña:

- Muchas gracias por salvar a Ashe, a ambos. Es muy traviesa, y se escapa de nosotros cuando le quitamos la vista de encima. Yo soy Meera, la jefa del pueblo de Conomi, un placer - Comentó la anciana, a la par que la chica sonreía y le abrazaba las piernas. La que parecía ser su abuela posó una mano en la cabeza de la nieta, revolviéndole el pelo en una situación tierna.

- No tiene por qué agradecernos eso, señora. La encontramos en el bosque, siendo perseguida por un dúo de gyojins. Puede estar tranquila, los abatimos y no causarán más daño. Mi nombre es Killian Jones, y el de mi compañero, Natsu. El placer es nuestro - Respondió el pelinegro, cruzándose de brazos y mirando en un amigable contacto visual a la anciana que tenía delante.

- Yaya, hay monstuos gaaaaaaaandes gaaaaaaaaaaandes en el bosque... Ashe tuvo mucho miedoooo - Decía la pequeñaja tirando de la falda de su abuela, a modo de llamar su atención. Su voz era demasiado graciosa como para no aguantar una risa evidente, y con ese acento infantil las carcajadas y alegría siempre estarían aseguradas en la isla.

La anciana se paró un momento sorprendida, mientras que miraba a su nieta y apoyaba ambas manos en los hombros de la joven nómada. Le preguntó acerca del físico de dichos monstruos que había visto, mas la chica no decía nada más. Así que Killian le explicó detalladamente cómo eran aquellas gyojines que habían combatido, y cuyos cadáveres descansaban en el bosque al inicio de su aventura. La mujer mostró unos ojos preocupados y agobiados, mientras que tomaba la mano del ex-noble de Lvneel y le decía, totalmente sería:

- Esos monstruos que habéis matado son Gyojins de las Tierras del Norte, temibles y fieros. Siempre suelen venir en manadas pequeñas, dos o tres. Y hay un jefe entre ellos que los comanda. ¿Alguno de los que matásteis tenía una piel cobriza? - Preguntó, mientras que el pirata negaba con la cabeza. Los dos que habían derrotado tenían una tez azulada, pero no de cobre. La mujer siguió hablando. - Todos los años vienen para exigir un sacrificio... Matadles, por favor, pero tened cuidado. Los jefes de la manada están hechos de otra pasta... Muchos habitantes han muerto por su culpa - Comentó preocupada, tomando con sus dos manos el brazo derecho del pelinegro.

- Nos ocuparemos de ello, ¿verdad Sakagami? - Dijo de reojo con una sonrisa deslumbrante. Era su ocasión para sobresalir por encima de los demás, la oportunidad para ser el héroe de la aldea. Vale que los piratas fueran considerados como unos anti-héroes, pero no le diría que no a un problema como aquel. Sus ojos estaban decididos a actuar.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Jue Sep 05, 2013 12:57 pm
Pues no me importaba mucho como me llamase mientras no me llamara enano o mocoso, así que ignoré la afirmación de Killian y seguí andando, haciendo ver que no le había escuchado. Luego la gente del pueblo nos pidió que matáramos a una gran bestia y Killian ya estaba decidiendo por mí, le miré seriamente. -Lo siento, si quieres, ocúpate tu solo de esos monstruos, yo no se en que puedo beneficiarme.- Dije con una voz algo demasiado serena para un joven, pero era verdad, no tenía en que beneficiarme, además, sería mejor esperar a que se presentarán al pueblo.

Suspiré mientras me sentaba encima de un barril y empezaba a escribir sobre ese pueblo, referente a todo lo que estaba pasando y añadía cosas como si no tuviese nada mejor que hacer. Empezaba a escuchar grandes pasas, seguramente de los monstruos y no me equivocaba, volvían a venir, pero esta vez eran cuatro.

-No está el rey... tsk, no puedo decir que no lo esperase pero bueno...- Dije mientras sacaba mi látigo y lo lancé contra uno de ellos, azotándolo en la frente, aquella bestia molesta me intento pisar, pero fui listo y me puse encima del pie de otra, luego lo esquive y esas dos bestias sin razonamiento se empezaron a pelear. Eran gyojines muy tontos.

Mientras se estaban peleando les azoté en los puntos que mas problemas podrían darme, en los ojos y en la nariz. Luego insté a Night y Fenrir a que siguieran mordiéndolos, de forma que entraron en un bucle de dolor del que fue muy difícil sacarlos. Al cabo de un tiempo, entre latigazos, patadas, puños y mordiscos, resulté vencedor.

Con las demás paso igual, esperaba que Killian no hubiese visto aquella faceta sádica, ya que no era muy bueno que alguien conociera tus trucos. -El nino a veces da medo... y es muy pesado... peo es buena perchona...- Dijo la niña con una sonrisa... estuve a punto de darle un chichón, pero en vez de eso le acaricié la cabeza. -No los he matado porque si, simplemente me da nauseas la sangre...- Dije avergonzado, siempre intentaba aprovecharme de las situaciones pero a veces era demasiado bueno y no podía.
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Mensaje por Killian Jones el Jue Sep 05, 2013 4:55 pm
Entristeciéndose un poco, la mayor carga de aquella contienda caía sobre el propio pelinegro, puesto que Natsu afirmaba que no tomaría parte de ella. Parecía ser que únicamente trabajaba por dinero, por lo que dos opciones llegaron a la mente de Killian: o se había pasado al lado mercenario o cazarrecompensas. Pero conociéndole, estaba por jurar que se trataba del segundo caso. "¿Por qué te has ido a esa facción, chico?” pensó para sí mismo, sin apartar su incolora mirada del rostro del chico. Devolviendo su vista al frente, donde la anciana abuela estaba aguardando una respuesta, suspiró. Con una sincera sonrisa, Killian le respondió para que se sintiera segura. Al menos, él no iba a abandonar a dicho pueblo a la merced de los monstruos. Ya que había salvado a su dulce nieta, no podía negarles una segunda ayuda. Y más siendo tan servicial como él era:

- Usted tranquila, señora. Aunque el chico no quiera hacerse cargo, yo no me retracto de mis palabras. Protegeré al pueblo y luego usted me presentará a las chicas guapas que haya de mi edad. ¿Hay trato? - Dijo con una pícara sonrisa, ejerciendo una especie de trueque por su trabajo. Si todo salía como él quería, podía ser que aquella noche no durmiera solo, como había pasado tiempo atrás. Además, añadió. - Todo hombre necesita un buen motivo para darlo todo en una cruenta batalla, no me tome por ningún pervertido... Simplemente sé lo que quiero - Con una de sus mejores sonrisas, tomó la mano de la anciana y le prometió que nada malo le pasaría a aquel poblado de Torino.

La mujer aceptó las condiciones que el estrafalario pirata había propuesto, dándole la mano y forjando aquella alianza o pacto que había surgido tranquilamente. Los ojos de Killian se mostraron agraciados por lo que posiblemente pudiera ocurrir aquella noche, y pronto se acercó a las barricadas de la entrada del poblado, donde Natsu estaba sentado sobre un barril relajándose con algo que no alcanzaba a ver. Todo estaba bastante sereno hasta que el momento de la verdad llegó a aquella zona, donde cuatro rugidos se entremezclaban los unos con los otros formando un sonido aterrador. La gente chillaba y se escondía en el interior de las casas, a la par que cuatro gyojins de las Tierras del Norte hacían acto de presencia en la zona.

- ¡Todos! ¡A las murallas, no dejéis que pasen! - Gritaba el pelinegro, sin preparar todavía ninguna de postura de combate, comandando a las fuerzas de la ciudad. Varios lanceros y espadachines salieron al juego, mostrándose en una doble fila con escudos, una buena barrera de defensa.

El ex-noble estaba al frente de ellos, con una de sus manos alzada, de forma que los informase de que se mantuvieran quietos hasta que él diera la orden. Sin embargo, cuando los gyojins llegaron, hubo un incidente que le sorprendió. Natsu se encargó de los cuatro fácilmente, entrando a batalla y empleando sus habilidad, que destrozó a los monstruos en cuestión de segundos. Los ojos incoloros de Rayder lo vieron todo. "Desde luego ha mejorado mucho, el muy cabrón…", pensó.  Al igual que el propio pelinegro, Natsu había aprendido a realizar unos ataques más concentrados, por lo que supuso que la relación con sus mascotas había mejorado lo suficiente como para poder mandarlas durante breves acciones que no requiriesen mucha capacidad cerebral. Dependiendo de la tenacidad y determinación con la que una persona atacase, podía tomársele como una tontería, o como un verdadero peligro. Y el pelinegro quería pertenecer a ese segundo grupo de personas, para lo cual necesitaba mucho más entrenamiento del que actualmente podía presumir. Solo con el tiempo y el esfuerzo necesario, Killian podría convertirse en un Pirata de Leyenda, que fuera recordado por lo que sería en un futuro, y que sus batallas se escribieran en distintos libros para mantener altivo su linaje y vida.

- ¿Tú no decías que esto no te beneficiaba, chico? ¿Por qué nos estás ayudando? - Preguntó el pelinegro un poco enojado. No le gustaba demasiado que aquel chico hubiera dicho en un principio que no iba a prestar su mano para ayudar, pero que en aquel momento estuviera haciendo exactamente lo contrario. Decía muy poco de él, aunque para gustos los colores. Los cuatro enemigos estaban muertos, y eso era lo único que importaba.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Jue Sep 05, 2013 5:33 pm
-No me malentiendas, simplemente, los rugidos de esos monstruos no me dejaban hacer lo que quería.- Dije suspirando después de buscar una buena excusa, tras guardar la libreta donde estaba escribiendo una historia. -Además, peli negro, si tu te vas, ¿quien defendería al pueblo si yo fuera contigo?- Le dije ante esa pregunta que me hizo aunque no quería responderla.

Seguramente, las bestias aquellas volverían a aparecer pronto y me molestarían bastante, aunque no quisiera matar a las bestias, tampoco quería que me matarán ellas. -Bueno... una cosa, no me malinterpretes, si ayudo es por que no me dejan escribir en paz, no por otra cosa.- Le dije, aunque en verdad no era mas que una simple y barata excusa, ni yo mismo sabía por que lo hacía, supongo que para no traicionar a mis principios y ayudar a la gente.

En poco tiempo, se escucharon de nuevo unos cuantos rugidos, seis eran los gyojins que aparecieron de entre el bosque, con ganas de comer. Suspiré pesadamente y hondo, así no podría escribir. -Lo que decía, con estas bestias aquí, me será imposible relajarme... ayudaré por mi propio beneficio, no os confundais.- Dije mientras sacaba el látigo y daba órdenes a mis mascotas Night y Fenrir.

Acabé con aquellas seis bestias del mismo modo que las otras cuatro, aunque sería mejor que parase ya con ese método, pues me aburría en cantidad usarlo y quería atacar de otras formas. Al menos ahora ya no habían mas bestias por el momento, podría relajarme un rato y pensar que escribir.
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Mensaje por Killian Jones el Jue Sep 05, 2013 7:07 pm
Actuando en su propio beneficio, el domador de pelo castaño se refutaba en sí mismo diciendo que no lo hacía por ayudar a los demás, sino por una banalidad sin sentido. Algún motivo tendría en su interior que no quería mostrar, pero si él no lo hacía, Killian no era quién para intentar sonsacárselo. Los guardias a su alrededor se mostraban un poco más seguros de sí mismos, puesto que habían conseguido resistir el ataque de cuatro gyojins. Pero la verdadera batalla no había hecho nada más que comenzar, y de seguro vendrían muchos más al poblado para tomar lo que ellos creían que era suyo por derecho. "Este chico tiene que guardarse muchas cosas en su interior. Aunque me diga eso, dudo que sea lo que realmente piensa...", pensó, mostrándose todavía un poco desconfiado ante Natsu. Mientras tanto, los guardas comenzaban a hacer unas barricadas de madera con pinchos más resistentes, puesto que no sabían cuántos enemigos conformarían la siguiente oleada de bestias. Tal vez vinieran dos, o tal vez diez. Lo único que sabían era que, cuanto mejor estuvieran protegidos, más vidas podrían salvar. Así que cada uno empleaba su fuerza moviendo distintos troncos de diferentes grosores, apilándolos en una posición inclinada. Las partes delanteras estaban afiladas con cuchillas, y podrían empalar perfectamente a una bestia del tamaño considerado. Las defensas estaban bien colocadas, y solo era cuestión de tiempo esperar a que llegasen los invitados.

- Si yo me fuera del pueblo, en el hipotético caso, ¿por qué tendrías que venir conmigo? ¿Qué es lo que te hace querer estar cerca de mí? - Le dijo el chico con una media sonrisa en sus labios. Si lo que quería era ser su pequeño discípulo, ya podía ir dándose la vuelta y no pedírselo, pues no aceptaría nada como aquello.

La conversación terminó en ese punto, y cuando ambos quisieron darse la vuelta para observar lo que pasaba a su alrededor, nuevos enemigos salieron a escena. Seis nuevas bestias descendían desde las montañas, atravesando los bosques hasta llegar al lugar de inicio de aquel poblado. Pero fue Natsu quien volvió a enfrentarlas, repitiendo el mismo proceso que había realizado con anterioridad para destruir a los cuatro enemigos. La sangre salpicaba por doquier, y los gritos de euforia de los guardias se elevaban por los cielos. El pelinegro miró de soslayo al chico de pelo castaño, con una ceja un poco más alzada que la otra. Se le notaba ciertamente incómodo, y lo expresó mediante sus siguientes palabras:

- ¿No podrías dejar diversión para los demás, chico egoísta? No eres el único que quiere matar bestias, y si no te las quedases todas para ti, no te verías tan cansado - Dijo todavía con su puño apretado. Se le notaban todas las venas, y crujió sus nudillos para que los huesos se recolocasen bien en sus falanges. Estaba un poco exasperado, puesto que él también quería participar en aquella batalla. Si el chico no les dejaba algún enemigo contra el que pelear, y los tomaba todos para él, tendría que usar su furia contra el mismo, pues se estaba empezando a aburrir en exceso.

Mas no tendría que esperar mucho, pues un nuevo y fuerte rugido se escuchó en la lejanía. Los árboles se partían a su paso, y el pelinegro ya sabía de qué se podía tratar aquella gran presencia que intimidaba a todos los hombres y mujeres que defendían el pueblo. Su piel cobriza se hizo mostrar detrás de las estacas de madera, además de portar a la espalda un gran espadón que sería de unos cinco o seis metros de alto. El jefe de los gyojins de aquella expedición había llegado, y no parecía tener cara de buenos amigos. Superando a sus predecesores en un metro de altura, esta se veía mucho más fiero que todos los anteriores.

- Por fin aparece el pez gordo. Este es mío - Añadió a todos los allí presentes con una misteriosa e intrigante sonrisa, mientras que se dedicaba recorrer la distancia que lo separaba de aquel mortal enemigo con rapidez. El puño apretado estaba ávido de sangre, pero no pasaría mucho tiempo hasta que estuviera bañado en ella. La pelea más dura acababa de comenzar, y el éxtasis del momento se notaba perfectamente en los incoloros ojos del pirata.
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Mensaje por Natsu Sakagami el Jue Sep 05, 2013 7:39 pm
Ante cada contestación que me hacía Killian, mas ganas me daban de darle una hostia. -Porque si, ¿acaso le preguntaste a cualquier otro porque quería estar cerca tuyo?- Le dije intentando evadir su pregunta para luego pasar a otros temas y este me dijo ante lo que le pregunté que no era asunto mío.

-Idiota...- Murmuré mientras me sentaba en el barril de antes, ya que estaba bastante cansado de haberme enfrentado a diez gyojins, ya era suerte que pudiese hablar y caminar medianamente bien. Luego tras haber matado a las seis bestias, el chico que parecía ciego se quejo diciendo que dejará diversión para los demás.

-Tienes razón... me excedí... pero ahora mismo... te quiero preguntar algo, ¿estás bien? Últimamente te veo algo deprimido y eso... te he preguntado que le pasaba y no me ha dicho nada...- Dije suspirando, mientras seguía sentado en el barril y algo triste además de cansado.

Se pudo escuchar un gran ruido y entonces apareció, el jefe de los gyojin, este era mas grande y fue directo a aplastarme con su mano. Logré esquivarlo saltando hacia la derecha, debía de haberse mosqueado bastante al notar que aquellas bestias habían sido asesinadas, pero lo que no llegaba a entender era porque sabía que había sido yo.

Para acabarlo de rematar, Killian quería enfrentarse contra esa cosa, es decir, que seguro que si le quitaba a su presa, ese tío capaz de intentar matarme. Debía pensar como huir de esa bestia sin que nada me pasara, aunque siendo como era, podría aprovechar algo. Saqué de su funda el látigo y lo até a un poste de madera que había en la cercanía, usándolo para llegar hasta un tejado donde podría estar más seguro.

Tres segundos después, yo estaba alejado y Night y Fenrir que atacaron al pie del jefe, pero a este ni siquiera le afectó. Me iba a costar mucho ganar a esa cosa, pero claro, Killian se iba a ocupar de ella. -Killian, encárgate tu de ella, ¿no? que yo no puedo hacer nada...- Le refunfuñé mientras me sentaba y miraba con las piernas cruzadas a ver cómo mi compañero pirata peleaba contra aquel monstruo.
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Mensaje por Killian Jones el Vie Sep 06, 2013 6:24 am
Puede que el pelicastaño se enfadase en cuanto le preguntó porqué quería estar cerca de él, rebatiéndole por qué nunca se lo había preguntado a su compañero Natsu. El pelinegro no hizo ningún gesto al respecto, puesto que estaba ocupado con los preparativos de la gran batalla que se avecinaría en aquellos instantes. Sin embargo, no pudo evitar pensar para sí mismo: "Últimamente me estás dando alguna que otra razón para que desconfíe de ti, muchacho", decía, mientras que movía la boca en una mueca chascarrillada. No comprendía del todo los motivos que habían llevado al señorito Sakagami a hacerse partícipe de la batalla, pero en el fondo se lo agradecía con toda su alma. Cualquier mano más que pudiera ayudar era digna de ser bienvenida, da igual de qué facción se tratase su trabajo o las intenciones que tuviera. Lo más importante de aquel momento era derrotar a las bestias que querían destrozar el pueblo y llevarse al sacrificio, cosa que no dejaría que ocurriera. Al menos, no mientras él estuviera ahí. Se le había encomendado defender el pueblo y, por Dios, luego iba a conocer a las chicas más guapas de la aldea, como para no esforzarse en su cometido. Así que blandiendo su propio cuerpo como si fuera un arma, el pelinegro esperaba pacientemente a que su rival realizase cualquier acto para comenzar la pelea. Estaba preparado, ansioso por comenzar a intercambiar golpes, pero lo más importante, deseoso por terminar con todo aquello de una vez por todas.

- ¡Natsu!, ¿no ves que eres capaz de derrotar a una decena de enemigos tú solo? Eres muy habilidoso, pero déjame este último a mí. Tú descansa, yo me ocupo de este monstruo. Ya hemos despedazado enemigos más fuertes que estos - Dijo, aunque aquello último era una mentirijilla piadosa. Con Natsu únicamente había derrotado marines o borrachos, además de alguna otra cosa que escapaba a su mente. Sin embargo, se podía garantizar que todas las aventuras que habían tenido juntos habían sido bastante divertidas, y que la acción contra enemigos no había decaído ni el más mínimo instante de sus vidas. Cada momento era perfecto para fotografiar y tomar un recuerdo de los tiempos pasados, pues en cada uno de ellos siempre dejaba impresa una parte de su alma.

El pelicastaño lanzó otro de esos latigazos y mordidas al Kobold jefe, exactamente a su pie. Sin embargo, la gran resistencia que poseía este solo consiguió resisitirlo. Mas se le notó un poco cansado, momento que podría aprovechar el pelinegro para atacar. Blandiendo su cuerpo, lanzó una gran patada con su pierna derecha y con salto incluido, que impactó en el pecho del enemigo, lanzándolo hacia atrás. Su cuerpo cayó al suelo, destrozando algún que otro árbol que estaba por el medio y devastando el terreno asociado a él. El grito que soltó indicó que al menos le dolió, pues su cuerpo no indicaba ninguna cicatriz demasiado profunda. Sí que se le había enrojecido la zona afectada, pues estaba casi en carne viva, pero poca sangre salía de ahí. Entonces, el enemigo se levantó con rapidez, lanzando un golpe con sus garras hacia la posición donde Killian esperaba atento. Sin dudarlo un instante, saltó hacia arriba, empleando toda la fuerza de la que podía proveerse de sus piernas, escapando del golpe por escasos milímetros. Mas lo que no esperaba sucedió, y fue que el gyojin se aprovechó de aquella ocasión en la que el pelinegro se encontraba descendiendo por el aire. Lanzando fuertemente su boca con sus fauces, intentó aprisionar al pirata entre sus dientes. Por pura suerte, Killian consiguió usar sus manos como palanca para que no le tragase, poniéndose de pie en sus encías y haciendo toda la fuerza que podía para evitar una muerte asquerosa y dolorosa.

- ¡Natsu, aprovecha que tiene la boca abierta y lánzale una bomba, he visto alguna en las cajoneras de los guardias! ¡Guardias, apresad sus manos con las cuerdas para que no intente evadir nuestra estrategia! - Comentó con una voz un tanto preocupada y forzada, puesto que se estaba viendo en serios apuros para sobrevivir a dichos momentos. Las fauces de aquella bestia empujaban con brutalidad para romper sus manos, que se clavaban entre las comisuras de los dientes de dicho animal.

Así, puso en tensión sus brazos y piernas, de forma que tuviera más fuera para resistir la mordida de aquel gran gyojin. Sin embargo, la potencia de su mandíbula estaba comenzando a ganar, arqueando un poco al pirata. Los guardias, en el suelo, lanzaban varias cuerdas de distintos tipos de materiales para sujetar las piernas y manos del monstruo. Si Natsu era capaz de colarle una buena bomba dentro de la boca y que este la tragara, el plato fuerte del día podría verse acabado. Sin embargo, ¿él podría escapar a la explosión?
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Mensaje por Natsu Sakagami el Vie Sep 06, 2013 8:10 am
Killian era idiota, logró ayudarme, pero a cambio de ser él el que estuviera en apuros. No dude ni un instante en lanzar una de las bombas-dinamita que habían preparado los soldados de Conomi, la cual pude hacer que se tragara el gyojin. El gyojin jefe tras tragarse la bomba, se pudo escuchar una explosión y este cayó al suelo. Tras eso, fui directamente hacia la boca y saque a Killian de las fauces de aquella bestia.

-No era por eso que estaba deprimido... seguramente, por otra cosa... - Dije suspirando mientras pensaba en otra persona que formaba parte de mi vida.

Pero justo en ese momento, pasó algo que no me esperaba, y era que una historia que estaba escribiendo se cayó al suelo. Cuando me dí cuenta, de seguro todos la habrían visto, recogí rápidamente la libreta y la niña se me acerco a mi. -Oye... nino exposion, ¿edes escritod?- Me preguntó mientras me sonrojaba bastante, odiaba que alguien viera algo que escribía si no estaba completo.

En eso, vi un perro blanco, que estaba por allí. Directo como una bala, fui directo a acariciar al perro, era demasiado mono y no me podía contene. Y luego vi otro perro, y otro, y otro, y otro mas, de diferentes razas y colores, me encantaba ese lugar, los iba acariciando uno a uno. La gente se quedo con una cara como diciendo, ¿¡Que demonios le pasa a ese crió!? Normal que lo pensaran, pues primero empezaba siendo un chico muy fuerte que no parecía interesarse por nada y ahora de golpe me emocionaba por unos cinco o seis perros.

-¡Killian, Killian, ¿a que son una monada?- Le dije emocionado mientras seguía acariciándolos, me dejaba llevar por la emoción aunque fuera un grave error, pero era mejor que no hacer nada, a parte, así quizás se olvidaban de la libreta con la historia.
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Mensaje por Killian Jones el Vie Sep 06, 2013 8:49 am
Aguantando como un héroe bajo las fauces del monstro gigantesco, el pelinegro empleaba sus poderes naturales y potencial corporal, ejerciendo de bloque para que la boca del enemigo no se cerrase. Los guardas que había en el suelo tiraban de las cuerdas para mantener separados los miembros de la bestia, de forma que Natsu pudiera encargarse de todo a la perfección, que fue lo que hizo. Lanzó la bomba hacia la boca del enemigo, que la tragó como si de un fruto seco se tratase. Esta cayó al interior, y Killian hizo todo lo posible para saltar del lugar donde se encontraba hacia afuera. A pesar de que tenía una piel labrada por el entrenamiento, los dientes le arañaron al salir. Cayó sobre el suelo, la boca se cerró, y explotó desde dentro. El cuerpo del gyojin se desmembró en varias partes, mientras que un sobrecogido Killian intentaba levantarse del suelo con la ayuda de Natsu. Tenía las piernas y los brazos, la parte de la ropa que las cubría, totalmente desgarrados por los dientes del enemigo, aunque su piel no había sufrido ningún desperfecto importante. Incluso estaba un poco embadurnado en la saliva del gyojin, debido a estar dentro de su boca durante un tiempo. La recordaba húmeda, olorosa y asquerosa, pero era un precio que había tenido que pagar para que los habitantes de aquel pueblo de Conomi pudieran vivir tranquilamente desde ese momento en adelante, sin importar las consecuencias.

- Bueno, entonces sabiendo que no estás deprimido por no haber peleado en demasía con el jefe de la expedición, estaré más tranquilo - Comentó el pelinegro mientras que conseguía poner totalmente recto. Natsu se alejó de él, dirigiéndose hacia un grupo de perritos que se habían dejado ver por la zona, además de recoger su libreta del suelo. Como escritor que era, su historia debía de ser desconocida hasta que estuviera preparado para mostrarla al mundo tal y como era. La pequeña Ashe le preguntó, pero él se sonrojó y no hizo nada más durante el día.

La gente comenzó a gritar con alegría. Los cadáveres de once enemigos estaban esparcidos como granos de arena por las distintas partes del poblado, debido a que las explosiones habían demacrado en exceso sus cuerpos originales. Cuatro aldeanos tomaron a Natsu en alzas, y otros cuatro a Killian, paseándolos por todo el poblado como si fueran los héroes que les habían salvado de un destino funesto. Y así era, pues los llevaron a ambos hacia la caseta del jefe del poblado, donde les acogieron para un buen baño (por separado) y una tardía cena que se desarrolló cuando las estrellas asomaron en el oscuro cielo presidido por la Luna. Todo era comida y bebida, risas y alguna que otra tontería. Allí se reunieron la mayoría de habitantes del poblado de Conomi, disfrutando de la alegría que había invadido su corazón. Y nuestro querido pirata tenía ya las mejillas sonrojadas de tanto beber, teniendo hipo ocasionalmente y diciendo a grito pelado:

- Señores, me prometieron que me iban a enseñar a las chicas del pueblo. No quiero ser pesado ni nada por el estilo, pero la noche se está haciendo cada vez más espesa, y no me gustaría irme a la cama solito. ¡Que lo he pasado hoy muy mal, casi me traga un bicho muy feo! - Decía con una copa de cerveza en la mano, casi levantado de su asiento, mirando a todos los lados como si de un chico en celo se tratase. Vale que tuviera demasiadas ganas de compartir cama, pero sus métodos tal vez fueran un poco ebrios.

Y así, la fiesta siguió toda la noche. Qué mala suerte para Killian cuando este descubrió que todas las chicas del poblado, o eran viejas, o demasiado jóvenes, o eran muy feas. No hubo ninguna que le hiciera tilín a primera instancia, y su sueño fue tan ameno y solitario como él mismo intentaba evitar. Mas a la mañana siguiente, la resaca ya se había apoderado de su mente. No quedaba otra cosa que hacer que marcharse de la isla, así que preparó todas sus pertenencias y recorrió el poblado hacia la salida de este, no sin antes despedirse de todos los amigos que había hecho allí.

Tampoco se despidió de Natsu, aunque sin saber cómo, le dejó una carta en la zona donde debería haber dormido, la cuál decía lo siguiente:
"Chico, me caes muy bbieeen. No es quee esté borrrachoo ni nada ... hip ... Pero quiero decirte varias cosas ...

1 – Cuídate mucho, bribón.

2 - Te van a regalar un perrito si lo quieres, el el que ee tú eelijas.

3 - Me voy pronto para que no puedas venirte conmigo *risa*

Tu querido amigoo, K.J."
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Mensaje por Natsu Sakagami el Vie Sep 06, 2013 9:30 am
Tras hacer todo aquello, logramos acabar con el jefe, etc. Los aldeanos estaban contentísimos solo por eso y decidieron hacer una fiesta. Justo lo que quería evitar fue lo que no pude evitar, primero cuatro me cogieron y me alzaron, odiaba bien las alturas, intentaba que me soltaran, pero nada.

Tras eso, a la noche, hicimos una gran fiesta, yo ya estaba bebiendo ron, me habría bebido como cuatro copas, y aun estaba serio, aunque en verdad, estaba borracho. Me acerqué a Killian que parecía desanimado al ver a las mujeres y niñas, le puse mi mano derecha en el hombro. -No te quejes, que los únicos chicos sexis que hay en el pueblo somos tu y yo, aunque no me importaría hacerlo contigo...- Le dije serio, debería de pensar si era en broma o no.

Luego de darle un beso en la mejilla al pelinegro fui a servirme otra copa de ron. Esa ya era la quinta copa de ron, y los aldeanos me miraban pensando el aguante que debía tener aquel chico. Empecé a comer la carne, era la de gyojin que habían cocinado, y no había ayudado a hacer la comida ni aunque fuera un poco.

Tras una noche de fiesta, logré irme para la ducha y ducharme, luego al salir me fui a mi habitación y me dormí, cerrando los ojos, a la vez que a lo mejor tuviera un sueño. Estaba soñando algo, muy, pero que muy raro. Estaba atado, con ropa, collar y correa en una pared y en frente mío había alguien que no me esperaba.

Ese alguien, era ni mas ni menos que Killian con un traje de cuero bien apretado, un antifaz y un látigo en sus manos. Este decía, has sido un niño muy malo, te has metido donde no te importaba y además te has querido hacer el chulo y hacerlo conmigo, eso no se hace, decía Killian.

Empezaba a darme latigazos, y eso hacia que mis pantalones me apretaran, estaba babeando de lo lindo. -Mas... mas... quiero mas...- Decía cada vez que recibía un latigazo, era algo muy cómico, después de todo, al pelinegro solo le gustaban las chicas y hacerle eso a un chico, era extraño.

Tras eso, un ruido me despertó y me levante con la almohada llena de mis babas por culpa de tal sueño, mis pantalones me apretaban también y vi la carta que me había dejado Killian. Solté una gran risa mientras la leía, era muy divertido aquel chico, así que quizás lo buscaría para fastidiarle un poco más. Salí del pueblo cuando salían los primeros rayos de luz del sol y cogí la barca para ir hacia mi siguiente destino.
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