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AMELIA
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Viva el Desmadre (+18)

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Mensaje por Trax el Lun Sep 09, 2013 10:04 pm
Era una noche sin estrellas ni luna, completamente oscura. El mar estaba muy calmo, y se notaba en la embarcación de la Marina. Los hombres, hacían guardia de forma tranquila y calmada, bajo su rutina habitual. Sabían que estaban de misión para el CP, por lo que no hacían demasiadas preguntas, especialmente el objetivo ni el rumbo exacto. Los pasos de los marines de guardia hacían incluso un leve eco, cuyo único acompañamiento era el batir del mar contra el casco del navíó, como si de una canción de cuna se tratara. Pero aquella calma tan agradable pronto se vería perturbada, por una luz de señal intermitente, para avisar al barco de la llegada de otro.

Tal como habían sido ordenados, despejaron la cubierta, y lo dejaron todo desierto. De la bodega, Trax emergió en plena oscuridad, con el brillo de sus ojos diamantinos y su negra y colosal silueta como únicos testigos de su presencia. Mientras, el otro navío se había colocado de forma paralela al barco de la Marina, y había extendido una pasarela para que ambas bordas se conectasen. El reptil, caminó tranquilamente hacia el otro barco, pero tuvo cierta sensación de agobio al pasar por una tabla tan fina, y teniendo el mar ahí dentro. Al ser un usuario de la Fruta del Diablo, podría hundirse como un plomo y morir ahogado en cuestión de pocos minutos. Pero todo aquello se desvaneció en el instante que pisó la borda del otro barco. Al estar en la nueva cubierta, el mutante tuvo varios descubrimientos, algunos eran de esperar.

A pesar de que no había luz, Trax veía a la tripulación del barco, gracias a su sentido del olfato y su visión térmica, que le ofrecían mucha información sobre todos los seres vivos que le rodeaban. Para empezar, había serpientes en el barco, al menos, una por tripulante, lo que le parecía interesante. Toda la tripulación se componía de mujeres, y todas emanaban un aroma exótico y muy agresivo, no tenían una fragancia de las feromonas de mujeres corrientes. Pero todo eso a Trax le parecía de lo más normal, al fin y al cabo, estaba en un barco de Amazonas. Las Kujas, o guerreras Amazonas, eran consideradas una rareza de ver por el mundo. Una sociedad marcada por un matriarcado, que excluía a los hombres de toda las capas del status quo, a excepción de una sola tarea obvia. Trax, había sido parte de un trato entre las Kujas y el Gobierno Central. A cambio de más favores de protección y de autonomía para con su país y leyes, Trax debería ser enviado como informante de la situación general del reino de las Kujas para realizar un informe completo. La condición que habían impuesto las Amazonas, es que no fuera un hombre. Cumplieron... A medias, puesto que Trax era un mutante.

A las amazonas les extrañaba, les fascinaba una criatura así, y más aún que fuese un miembro de los ofidios que tanto adoraban. Pero al mismo tiempo estaban preocupadas, pues sus serpientes mascotas, habituadas a cosas horribles y peligros de grandes batallas. Las sierpes, al notar la presencia del agente del CP, se escondían, se refugiaban en sus compañeras, o salían reptando a cualquier rincón donde pudieran refugiarse. Le tenían miedo, pánico. Incluso las amazonas más jóvenes temblaban ante el semblante monstruoso de Trax. La capitana del barco, una mujer de un tamaño que bien pudiera parecer una gigante, se aproximó hasta el invitado sin ningún pudor ni miedo, exceptuando para su serpiente. Es extraño... He visto muchas criaturas raras, pero tú, te llevas la palma... ¿Y cómo es que le provocas este pavor a nuestras serpientes?

Con una sonrisa algo afilada, el mutante observó a toda la tripulación, para después, hacer una leve inclinación ante la capitana. Digamos que soy algo diferente a lo que habéis visto. Y eso incluye a vuestras mascotas. Las serpientes nos reconocemos entre nosotras... Y reconocen a la más fuerte de todas. Con un gesto, hizo que todas las serpientes se arremolinaran en torno a él, de una forma completamente sumisa. Jamás en la historia del mundo conocido, ningún hombre había podido doblegar a las mascotas de las Kujas, pero como era obvio.... Trax no era del todo un hombre, y eso comenzó a despertar la curiosidad de la capitana, y de algunas tripulantes.

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Mensaje por Trax el Mar Sep 10, 2013 9:59 pm
La travesía había sido extraña, incómoda, e increíblemente claustrofóbica. A Trax no le dejaban salir de un cuartucho que no permitía apenas la entrada de luz, y tan cerca de la sentina, que el olor de los detritos lo inundaba. No le dejaron ni comida ni agua, y el lugar no se ventilaba bien. Esas condiciones, no eran nada para el mutante, había vivido en condiciones peores. Si pensaban que eso era duro, es que las Kujas desconocían lo que era ser esclavo.

Con una actitud calmada, esperó tres días en la "habitación de invitados", hasta que finalmente, el barcó atracó. Con una sonrisa de satisfacción, Trax se levantó, a la espera de que sus guías le condujeran donde fuera necesario. La capitana en persona le condujo hasta el puerto, un lugar rodeado por unas inmensas paredes de roca, creadas de forma natural. Una defensa impresionante, para evitar ojos curiosos, tanto fuera como dentro de la isla, al parecer del mutante. A pesar de llevarle atado, y con los ojos vendados, el olfato de Trax recibía infinidad de información. Mucha más de la que se esperaban las Amazonas.

Sabía que estaba en plena ciudad, el olor de las mujeres aglomeradas, los sonidos de voces, ventas, incluso el sonido de una forja cercana. El olor de la panadería y su horno. El aroma del pescado fresco, en cuyo caso podía reconocer el rastro especial del atún. A Trax le encantaba el atún, y podía reconocer su olor en cualquier lugar. También escuchaba a las vendedoras ofreciendo tela, madera, y materias primas. Al parecer, la isla estaba bien surtida de recursos, y el comercio funcionaba, dos puntos fuertes para que un país funcione. Otros pasos más, y comenzó su andadura escaleras arriba.

Cuando llegó al final del todo, le quitaron las vendas. Estaba en una estancia oscura. El suelo era de arena, y notaba la humedad de las paredes. Lo gracioso era, que se pensaban que era tonto. Por el olor y las marcas térmicas, sabía que estaba en el Coliseo de la Serpiente. Tras subir la rampa, ahí estaba, ante un público entero de mujeres, absortas, extrañadas, e incluso aterradas por ver a un mutante como él. Incluso la plana mayor del Coliseo hace ciertos gestos de asombro. Era lo que se esperaba de él, pues dicen, que lo exótico también es atractivo.
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Mensaje por Trax el Lun Sep 16, 2013 2:21 pm
Una mujer de rasgos ancianos y cuerpo enjuto hizo su aparición. Portaba un enorme bastón, decorado como una serpiente que subía y se enroscaba. Se hizo el silencio cuando la anciana alzó los brazos para hacerse oir.

¡Hermanas amazonas, hijas de Amazon Lily, Kujas de pleno derecho. Nuestras más aguerridas navegantes y exploradoras, nos han traído lo más exótico de que llegaréis a ver: Hombres. Los hombres, son toscos, débiles, estúpidos y violentos. Pero en ellos reside la semilla de la vida, y solo algunas podréis experimentar la unión de ambos sexos. Podréis saciar vuestra curiosidad, pero solo los mejores serán para aquellas preparadas para tal responsabilidad... Que comience la Criba!

Se trataba de eso... A Trax le sorprendió tanto que hasta se quedó con los ojos muy abiertos. Miró a ambos lados, y había una ristra de toda clase de hombres, de todas partes del mundo, algunos incluso esposados. Parecían fuertes, pero otros estaban macilentos, e incluso heridos. ¿En qué consistiría aquella criba? Seguramente serían una serie de pruebas, pero no se daría cuenta hasta qué punto aquello trascendería en el mutante.

¡Primera prueba... Fuerza!

Nada más fácil para Trax. A los "concursantes", les ofrecían un material a romper de su elección: Papel, madera, piedra o hierro. Muchos se ponían con la madera, y un par de gyojin se atrevían con la piedra,pero Trax eligió el hierro. Todo el mundo comenzó a reirse, por una elección tan exagerada, a excepción de un Gyojin con aspecto de tener ya cierta edad, y el palco, del cual apenas salió un sonido. La anciana alzó la mano, y con el gesto de bajarlo de golpe, dio la señal de salida.

Muchos consiguieron quebrar la madera, un enorme listón usado como viga. Pero otros no, simplemente se quedaban en el intento, mientras que los gyojin que habían elegido la piedra, usaban el kárate nativo propio para reventar las rocas. Trax por su parte, estaba tranquilo, con los brazos cruzados, con una viga de hierro a sus pies. Tras haber terminado casi la ronda, él agarró la viga con la cola. Comenzó a enrollar la viga, hasta el punto de tenerla totalmente rodeada. Finalmente, mirando al palco, ejecutó uno de sus movimientos más potentes. Constricción... Dijo en un tono suave, con su grave y fuerte voz. De pronto, la viga fue aplastada por la cola de Trax, la cual se hinchó y machacó el acero como hacen las pitones con sus presas.

Las kujas que lo observaron se quedaron perplejas, al ver que la viga había quedado reducida a un guiñapo, y Trax apenas se había movido un centímetro. Las mujeres comenzaron a vitorearle, y los que perdieron, fueron retirados por las guardianas. La serpiente humanizada podía hacerse una idea de lo que les esperaba a los fracasados. Una criba cruel, pero era la cultura de las Amazonas, donde la suavidad no estaba muy presente.

¡Siguiente prueba... Inspección!

Los participantes se quedaron mirándose entre ellos. No sabían a qué se refería, hasta que empezaron a bajar las mujeres desde las gradas. Muchos hombres se sentían halagados, incluso algunos se sonrojaban y ponían caras estúpidas al ser tocados por las mujeres en todas partes. Sentían curiosidad por cosas como las barbas, el vello corporal, los músculos torácicos más desarrollados y... Las zonas erógenas.

Las Kujas, sobre todo las más jóvenes e impulsivas, tocaban, estiraban, pellizcaban, palmeaban e incluso golpeaban las entrepiernas de muchos hombres que acababan cayendo de dolor entre horribles muecas. Todas se acercaban sin pudor, excepto a Trax. Se maravillaban más con el tacto de sus escamas, otras le abrían la boca y medían sus colmillos. Le observaban como si observaran a sus mascotas serpientes, como una curiosidad, pero no como un objeto de sexualidad.

La capitana del barco que había llevado a Trax, se acercó de una forma más directa, agarrando la cabeza del reptil para que le mirara a los ojos. El mutante jamás había mirado a nadie desde arriba, y le parecía inquietante. Ella sonrió de forma picaresca y le alzó la mano para que todo el mundo lo viera. Todas aplaudieron y vociferaron en señal de júbilo. Extrañado, el vitoreado preguntó con algo de reticencia. Ehm... ¿Qué ha pasado? La capitana le guiñó un ojo de forma cómplice y directa. Te he elegido.


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